
- Sábado, 18 de enero de 2003 -
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"LA CIUDAD DE LIMA NACIO EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU SANTO"
Esta misa de acción de gracias por los 468 años de Lima, nos lleva a recordar que el acta inicial señala que esta ciudad se fundó en nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y en esa misma acta -según precisaron los fundadores de la ciudad- al mencionar a la Santísima Trinidad se añade que estamos hablando de tres personas y un solo Dios verdadero. Emociona contemplar la manera en que los fundadores proclamaron su fe en el acta inicial. Y a la Iglesia le interesa recordar que desde el primer momento se dejó constancia que este templo -en el cual nos hallamos- se ponía bajo la advocación de Nuestra Señora de la Asunción; asimismo, en este documento inicial de Lima se habla que los habitantes originarios del valle del Rímac, "deberán acceder al conocimiento de nuestra santa fe católica". Estos hechos nos recuerdan el sentido de nuestra Iglesia desde hace 500 años, en esta zona del mundo: traer el mensaje evangelizador. Una misión que en esos primeros años estuvo encarnado en muchos religiosos, principalmente dominicos, franciscanos y mercedarios. Por eso, el Santo Padre señala en la Exhortación Apostólica "La Iglesia en América", que la evangelización de América no sólo es un don del Señor, sino también fuente de nuevas responsabilidades. La Iglesia, al unirse hoy al festejo por el día de la fundación de Lima, quiere recordar que su misión principal es la de fomentar, mantener y acrecentar la fe de los fieles, conduciéndolos a que su vida práctica sea consecuente con la fe que profesan. Recordemos que ese es el camino de los cristianos hacia el Reino de Dios dentro de la Iglesia, al que se han incorporado por el bautismo. Esa fe que profesamos conduce con urgencia a unas consecuencias prácticas, sin embargo, de vez en cuando se escucha algún comentario que habla de la Iglesia como una entidad que pretende obligar o que pretende introducirse en determinados aspectos de la vida legal, política, económica, social o cultural. Pero hoy, al celebrar este aniversario de Lima sólo queremos recordar la historia: esta Iglesia, esta ciudad nace en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Recordemos que opiniones hay muy diversas, pero la historia no se puede cambiar. Porque en la misma raíz de la fundación de Lima, y en la misma raíz de la identidad de nuestro pueblo, está la presencia de unos principios cristianos. Los tiempos cambian, los modos de expresarse cambian, pero la historia no se puede torcer. Por eso hoy, cuando vemos estos nuevos desafíos que enfrenta la ciudad de Lima y casi diríamos todo el país, la fe católica nos lleva a propiciar un mejor entendimiento entre todos los habitantes. Recordemos ese principio de la doctrina social de la Iglesia que nos enseña que la violencia no conduce a nada, que el desorden social no conduce a nada, y que por lo tanto, nos encontramos en un momento en que la seguridad pública constituye una dimensión esencial del derecho que tenemos todos los habitantes a poder caminar libres y seguros por las calles de nuestro país y nuestra ciudad. Es nuestro derecho. Y este es un derecho que todos tenemos la obligación de cuidar, pero evidentemente, quienes ejercen la autoridad tienen mayor responsabilidad en su ejecución. El Santo Padre, recordando la fe de nuestro pueblo, decía que uno de los mayores dones que América ha recibido es la fe. Y el Beato Juan XXIII comentaba que el orden social que promueve la Iglesia se funda en la verdad, debe practicarse sobre los preceptos de la justicia, pero exige ser vivificado y completado por el amor mutuo, y por último, respetando íntegramente la libertad. Por lo tanto, hay que ajustarse a una igualdad cada día más humana. Este magnífico resumen de estos valores humanos y cristianos (la verdad, la justicia, el amor, la libertad, la paz) es inspirador de la vocación de servicio, y es la mejor definición de quien ejerce la autoridad, sea en el gobierno de la Iglesia o en el gobierno civil. Porque sólo bajo la luz del servicio se entiende el profundo esfuerzo que significa ejercer la autoridad hoy en el país; teniendo un respeto no solo de palabra, sino de hechos, ante la independencia de los poderes y ante la independencia de las instituciones, que constituyen la pieza fundamental del estado de derecho. Por eso, creo que en Lima -que acoge a millones de peruanos de todos los rincones, con diversos modos de pensar y de vivir, y venidos de situaciones sociales completamente diferentes-hace falta más que nunca una coordinación especialmente armoniosa entre todas las autoridades, locales, provinciales y centrales, porque el tamaño de los problemas de Lima es mucho mayor que el de cualquier otra circunscripción. Hay grandes desafíos, como el acceso a la propiedad en la vivienda o el ordenamiento de sus calles. Me permito hacer estas pequeñas referencias, sin ánimo de interferir en la independencia del concejo provincial y de los concejos distritales, pero es que urge un ordenamiento en la movilización de las calles, y urge una normalización en el acceso a la propiedad. No solamente debemos buscar orden y paz, sino también abrir las puertas a millones de personas que esperan una luz para su futuro familiar y personal. Esta enorme movilidad social y laboral, desde el punto de vista del trabajo, del domicilio, de las costumbres, forja un mestizaje que constituye una gran riqueza por su pluralidad étnica, social y cultural. Y este mestizaje integra, no divide, ya que el fundamento de esa riqueza -que desde el primer momento la fe católica ha promovido- sigue siendo ese principio del evangelio: "que os améis los unos a los otros, como yo os he amado". Por tanto no solamente es el alcalde metropolitano de Lima, sino todos los alcaldes distritales con su respectivos regidores, todos los empleados, todos los obreros municipales, quienes tienen una misión concreta con los vecinos: aproximarlos entre sí, facilitarles la convivencia pacífica, ayudarlos a resolver sus problemas. En definitiva, las autoridades deben tener una vocación de servicio. Por eso, recordamos estas palabras del Papa Paulo VI que decía: "urge reconstruir a escala de calle, de barrio, o de gran conjunto habitacional, el tejido social dentro del cual la mujer y el hombre puedan dar satisfacción a las exigencias justas de su dignidad de persona; ya que, escapando al aislamiento de las multitudes modernas, cada uno podrá crearse nuevamente relaciones fraternales". Por eso aparecen en nuestra mente aquellos binomios: servicio y autoridad, derechos y deberes, libertad y respeto. Hay que conjugarlos cada día, para crear esa atmósfera de confianza, de esperanza, todo ello con una gran transparencia que permita la inversión privada y pública. Termino invocando a Santa María -recordando esa advocación del acta de fundación- a Nuestra Señora de la Asunción, y también a nuestra madre, Nuestra Señora de la Evangelización. Recordemos que esta última advocación fue un regalo hecho a esta ciudad por el Rey Carlos V, y que Su Santidad Juan Pablo II bendijo y coronó, cuando pasó por Lima. A la Virgen le pedimos que acompañe a quienes hoy tienen la obligación, la responsabilidad, de conducir a esta ciudad, y a todos sus distritos. Enhorabuena señor alcalde, señores regidores, enhorabuena a todos los habitantes de esta ciudad, y esperamos con gran optimismo, con gran esperanza -apoyados en ese respeto mutuo- que los hechos vayan más allá de las palabras, y que se reflejen en actos. Somos un país, somos una ciudad capaz de grandes cambios, pero no a base de palabras, sino a base de trabajar más unidos, más fraternos, más honestos, con la verdad por delante; combinando el respeto por la libertad con la necesaria autoridad para aliviar estas necesidades con unos cambios pacíficos, con unos cambios que nos lleven a contemplar Lima con el gozo y la alegría que se merece. Felicidades a todos en este día, felicidades en especial a todos los que laboran en las diferentes municipalidades, y a usted señor alcalde de Lima, gracias, por haber tenido este gesto que recuerda la fundación de la capital: celebrar la Santa Misa al iniciar su día de aniversario.
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