HOMILÍA DE MONSEÑOR CARLOS GARCÍA,
OBISPO AUXILIAR DE LIMA

- Sábado, 18 de octubre de 2003 -

“NO PERDAMOS LA OPORTUNIDAD DE HACER ESE GRAN RETIRO ESPIRITUAL CON CRISTO, DURANTE EL MES DEL SEÑOR DE LOS MILAGROS”


Queridos hermanos en Cristo Jesús:

En esta mañana de sábado, día en que la Iglesia nos invita a mirar a María como modelo, como regalo, como madre, sale nuevamente su hijo, Cristo, a recorrer las calles de Lima. Y la madre sale junto con él en procesión, para recordarnos a todos: “hagan lo que él os diga”.

Y este regalo tan hermoso que es el Señor para nosotros, nos recuerda cada año que la medida del amor de Dios está en dar la vida por los demás. Qué importante es recordar esto ahora, cuando celebramos los 25 años del pontificado de Juan Pablo II, quien tiene una vida y una fragilidad que nos remite siempre al evangelio y a su mensaje de amor al prójimo.

El día de hoy, el Cardenal Juan Luis Cipriani no está con nosotros físicamente, porque está junto al Papa, en Roma, expresándole todo el cariño del pueblo peruano, que se une a Juan Pablo II en su acción de gracias. Por eso digamos así: ¡que viva el Santo Padre!.

TANTO AMÓ DIOS AL MUNDO QUE DIO LA VIDA POR NOSOTROS

Cuando hoy la palabra de Dios va orientando esta salida del Señor de su santuario, en su reencuentro con cada uno de nosotros, nos debemos preguntar: “¿donde está Cristo en nuestra vida?”, “¿cómo esta presente en nuestras acciones?”, y “¿cómo influye en nuestra vida y en nuestro amor hacia los demás?”.

Por ello, miramos al Señor que silenciosamente va pasando por nuestras calles, y nos va recordando -como hace 352 años- que tanto amó Dios al mundo que dio la vida por nosotros. Y debemos preguntarnos entonces: “¿por quién damos la vida?”, y “¿dónde está el secreto de la felicidad?”

¿Acaso ese secreto estará en el egoísmo que se nos plantea todos los días, de diversas maneras?; ¿estará en buscar amigos y enemigos para lograr una división?; o quizás estará en buscar lo que Cristo vino a enseñarnos: unir y lograr la comunión, para dar la vida por los demás.

Por eso, el día de hoy, al caminar con Cristo, al ser un peregrino con él por estas calles, digámosle al Señor así: quiero cambiar, quiero ser diferente, quiero compartir los sentimientos que tú me propones y no los que me propone el mundo egoísta, individualista, y muchas veces destructivo. Tus sentimientos Señor, son diferentes, por eso quiero amar como tú amas, quiero dar mi vida como tu la das.

Hoy encontramos que muchas veces no se puede imitar a Cristo en la entrega a los demás, por ello debemos recordar la segunda lectura de la misa, que nos plantea un camino de humildad y sencillez. Cuánta falta de humildad, cuánta soberbia existe a nuestro alrededor, y cuánta vanidad hay en ese resentimiento que me dice que no necesito a los demás, cuando la verdad es que todos necesitamos de todos y tenemos que recurrir a la ayuda del prójimo, pero principalmente a la ayuda de Dios.

Y la ayuda de Dios hoy es Jesús, que camina en medio de nosotros y nos pregunta “¿qué quieres?”, “¿qué buscas?”, como vemos en las páginas del evangelio. Si buscas algo, debes decírselo a Cristo, pero si no buscas nada en la vida, entonces caminarás sin saber a donde vas y por qué lo haces....

SI QUIERO IR A DIOS, DEBO BUSCAR SU GRACIA

Hoy más que nunca, necesitamos saber hacia donde vamos y qué queremos. Si yo se que quiero ir hacia Dios, entonces debo buscar su gracia, y esa gracia nos será dada porque él es un Padre misericordioso, cercano a nosotros. Es por eso que hace 352 años quiso regalarnos la imagen del Señor de los Milagros.

Que regalo más hermoso tenemos los peruanos, sin embargo a veces lo olvidamos. Olvidamos que el Cristo Morado es el regalo que Dios ha hecho a los peruanos, pero no sólo para que podamos enorgullecernos, sino para que podemos hablar con él; por eso hay que orar, ya que la procesión no puede ser sólo caminar, sino que debemos dialogar con Jesús.

Abre tu corazón, para que ese regalo de Dios encuentre la respuesta de tu propia vida; piensa cómo eres, qué tienes, qué te duele, qué es lo que te alegra, para que puedas ordenar tus ideas, tus decisiones, tu corazón.

Es allí donde podemos encontrar la respuesta. Por eso quisiera que no perdieras la oportunidad de hacer ese gran retiro espiritual con Cristo, con un salvador que dice que nos ama tanto que evitará que nos perdamos.

UN REGALO QUE EL SEÑOR ME DIO HACE DIEZ AÑOS

Hoy recordaba un regalo que el Señor me hizo hace unos diez años, luego de celebrar una misa por el Cristo Morado, cuando un grupo de fieles me dijo: “Padre, ¿podría ver a un enfermo que no quiere confesarse, que no quiere saber nada de Dios, que está resentido y muriéndose?. Tiene sólo 18 años, y su vida está apagándose sin saber nada de Dios”, me dijeron.

Aquella vez no lo pensé dos veces, y fui hacia allá con todo el grupo, que ya se había convertido en la voz del Señor; pero antes de salir, me aseguré de llevar una estampita del Señor de los Milagros.

Al llegar a su lecho, noté que al joven enfermo le sorprendió ver un sacerdote en su casa. Entonces yo le dije: “hijo, he venido a saludarte, a darte la bendición y decirte que cuando quieras puedes confesarte. Pero aquí te dejo una estampa del Señor de los Milagros, para que te acompañe siempre”. Y me paré para retirarme.

Cuando llegué a la puerta, escuché un grito que me decía: “Padre, ¿por qué no me puedo confesar?. Voltee entonces y le dije: “¿cuando quieres que venga?”, y elegimos el siguiente martes para confesarlo. Finalmente, el joven enfermo murió en gracia, entregando su vida a Dios en paz.

Esto es obra del Señor de los Milagros, esto es el regalo sencillo del Cristo Morado, porque a aquel hombre que estaba duro de corazón, le bastó ver el rostro sufriente de nuestro Dios para cambiar su alma.

Este regalo es el que quiero entregarte esta mañana, para que mirando al Señor no te quedes solamente en pedir cosas para tu pequeño mundo o tu salud, sino para que te conviertas con él en misionero del amor de Dios; para que alivies la vida de quienes creen que en la soledad y en el desconcierto están solos y nada puede cambiar su situación.

Que el Señor de los Milagros pueda llegar a través de cada uno de nosotros, a la vida de todos nuestros hermanos. ¡Viva el Cristo Morado!

Así sea.

 
 

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