- Domingo, 19 de enero de 2003 -

"DIOS QUIERE QUE SEAMOS FELICES RESPETANDO
LA DIGNIDAD DE NUESTROS CUERPOS"

Queridos hermanos en Cristo Jesús:

Ayer celebrábamos en esta misma Basílica Catedral, la misa de acción de gracias por el aniversario de la fundación de Lima. Hoy, queremos recordar algunas enseñanzas de la Iglesia en el Concilio Vaticano II.

El documento "El Gozo y la Paz", una Constitución del Vaticano II, nos habla de la conciencia, y nos dice que en lo más profundo de ella, el hombre descubre una ley que él no ha dado para sí mismo, pero a la cual debe obedecer siempre, y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón; llamándolo siempre a amar, a hacer el bien y evitar el mal.

La conciencia es ese núcleo secreto, el sagrario del hombre, en el que está a solas con Dios. Y la voz de Dios resuena siempre en lo más íntimo de la conciencia. Quisiera recordarles a todos que en lo más profundo de nosotros, esta enseñanza de Dios no ha cambiado, puesto que siempre hay una conciencia en donde uno encuentra normas y leyes que el hombre no he puesto.

Imagínate que llegas a tu casa y encuentras unas indicaciones que no han sido dadas ni por tu padre ni tu madre, o que estuvieras en la calle y encuentras unas obligaciones de tránsito que nadie sabe quién ha puesto; lógicamente estaríamos confundidos. O imagínate que trabajas para una empresa y entiendes que la indicación para entrar al trabajo es a las 3 de la tarde, y tu vas a esa hora y nadie sabe de esa orden.

Estos ejemplos te sirven para darte cuenta que en tu vida, en mi vida, hay una ley que no hemos puesto, porque la ha puesto el Creador, la ha puesto Dios, y eso es lo que dice en la Biblia: "en lo más profundo de tu conciencia descubres una ley que tú no has puesto, y a la que hay que obedecer".

Esta conciencia nos obliga a tener mucha humildad, porque a veces no entendemos, pero siempre hay una voz que nos dice: "hay que amar y hacer el bien, y evitar el mal". La voz está allí, es la voz de Dios que se escucha a veces fuerte, a veces débil, pero a la que tengo que hacer caso por la fe.

¿Por qué entonces, a veces quiero ser rebelde frente a la enseñanza de Dios?. Todo esto lo digo, porque hoy hemos leído en la Carta del apóstol San Pablo a los Corintios esta frase: "el cuerpo no es para la fornicación, es para Dios. Dios con su poder resucitó a Jesús, ¿no sabes que tu cuerpo es miembro del cuerpo de Cristo?".

Hermanos, allí hay toda una lección. En el matrimonio ya no son dos cuerpos, es uno solo, que se unen para formar una sola carne, porque el matrimonio tiene ese deber de la multiplicación, de la educación en la fe de los hijos para formar una unidad; pero cuando el hombre y la mujer usan su cuerpo sólo para buscar el placer, al margen del matrimonio, debemos recordar lo que dice la Biblia: "el cuerpo no es para la fornicación. El sexto mandamiento de la ley de Dios, no cometer actos impuros, está en tu conciencia".

Pueden discutir y encontrar muchas opiniones al respecto, pero yo sólo predico la ley de Dios y los diez mandamientos. Y les recuerdo que en nuestra conciencia todos escuchamos esto: "no es lícito usar de tu cuerpo solamente buscando un placer fuera del matrimonio, fuera de la castidad si es que no estás casado. No te es lícito. Recuerda que Dios ha puesto de una manera maravillosa, en esa unión del cuerpo y del espíritu, en ese acto conyugal, un placer que es bueno".

El sexo no es malo, es algo que Dios ha puesto en tu cuerpo, pero lo que sí ha puesto Dios son unas reglas para el uso de ese cuerpo. Muchas veces vemos que el mundo de hoy no quiere aceptar la dignidad de su cuerpo, olvidando que somos una persona -no solamente somos carne o somos espíritu- y que tenemos pensamientos, deseos, amor, respeto, cariño.

Por eso San Pablo dice: "cualquiera que comete pecado, queda fuera de su cuerpo, pero el que comete actos impuros, peca en su propio cuerpo. ¿No sabes que en tu cuerpo está el Espíritu Santo?. Dios ha comprado a un gran precio tu cuerpo, por ello glorifica a Dios con tu cuerpo", nos recuerda.

Esto es lo que quiero decirte: en tu conciencia, en la de todos, hay una tendencia, hay pensamientos y deseos muy fuertes, pero con la oración, con el esfuerzo, con la confianza en Dios, siempre podrás seguir la voz de tu conciencia que dice: "eso no te es lícito. En el matrimonio se puede usar esa relación conyugal entre marido y mujer, pero fuera del matrimonio, no".

Pero también dentro del matrimonio no puedes abusar de esa relación como quieras, porque hay normas para que esa unión esté abierta a la vida, y si no es así, que cuide con sacrificio esos tiempos que tiene la mujer para vivir una paternidad responsable.

Hermanos, esta es una tarea muy difícil y la Iglesia lo sabe. Por eso, eleva su oración, los recuerda y los anima a acudir al sacramento de la confesión, por eso les dice que tengan esperanza y respeten esa relación de amor.

Sabemos que es una labor muy difícil, ya que estamos en una época en la que el mundo quiere simplemente hablar de gozo, de placer, del todo está permitido. Pero yo te acabo de recordar lo que nos enseña la Iglesia: "en lo profundo de tu conciencia encuentras una ley, que no es la que tú quieres, es la que Dios ha puesto en tu alma. Y Dios te dice "te basta mi ayuda".

Por eso, acudimos a la Virgen María, diciéndole así: "ayúdanos, a vivir con ese cuerpo más disciplinado, más limpio, ese amor más puro, para que cuando uno vea esas criaturas recién nacidas, fruto de ese amor puro, uno diga: "qué maravilla de Dios".

En cambio, cuando a veces buscamos sólo nuestro egoísmo y nuestro propio placer, a uno le da vergüenza verse, porque sabemos que no estamos cuidando el respeto que se merece la mujer o el hombre; y muchas veces no digo nada cuando aquella chica o aquel chico es muy joven, y ya maltrata su cuerpo, olvidándose que Dios habita en sus cuerpos.

Jesucristo ha redimido tu cuerpo, que ahora es templo del Espíritu Santo. Me cuesta mucho trabajo, pero debes luchar y esforzarte; por eso, confiésate, reza a la Virgen, cuida tus ojos, no busques todo el tiempo lo que te gusta, haz lo que debes. Verás como con tu esfuerzo y con la ayuda de Dios, lograremos esa limpieza de cuerpo y de alma.

La Iglesia no está atrasada, desde la época de Adán y Eva estamos en lo mismo, no hay nada nuevo sobre este mundo, todo es muy antiguo, el pecado es muy conocido. Sólo que hay épocas en que parece que la gente no quiere escuchar la voz de Dios, por eso en este pasaje de San Pablo, que es palabra revelada por Dios, encontramos lo que él quiere de ese amor humano, maravilloso.

Vamos a poner todos un poco más de esfuerzo, vamos a luchar, y verás como poco a poco vamos logrando ese control sano, humano, dignificador, nada traumatizante.

Hombres y mujeres alegres, equilibrados, buenos, no hagamos caso de tantas teorías como las que escuchamos hoy. El cuerpo tiene sus reglas y sus normas, y Dios quiere que seamos felices, respetándolas.

Así sea.

 
 

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