
- Sábado, 22 de noviembre de 2003 -
| “LA
BEATA BONIFACIA RODRÍGUEZ CASTRO
Esta Misa de Acción de Gracias por la reciente beatificación de la Madre Bonifacia Rodríguez Castro, fundadora de la congregación Siervas de San José, despierta la alegría en nuestros corazones al ver cómo el Señor ayuda a su Iglesia. Recordemos que la respuesta de Dios a lo largo de los siglos son los santos, y por eso el Papa Juan Pablo II responde en estos tiempos difíciles del mundo -donde hay una tendencia muy grande al secularismo y el hedonismo- con el idioma de la Iglesia, presentándonos innumerables ejemplos de santidad. LA OBRA DE MADRE BONIFACIA Los santos los hace Dios, y es justamente esa santidad la que nos viene a demostrar que la obra de la Madre Bonifacia hubiera sido imposible de realizar sin ayuda de Dios. Eso es lo que la Iglesia nos dice, por ello en el proceso de investigación de la vida de Bonifacia, se le pidió a quienes la conocieron que den testimonio sobre si determinadas acciones de la beata fueron constantes, considerando que amar a Dios en lo más pequeño, cada día, es realmente heroico. Porque es heroico tener todos los días un carácter alegre, bondadoso, de amor al prójimo; es heroico perdonar todos los días y acoger con cariño al vecino, y es heroico ser fiel cada día a esa unión con el Señor en la eucaristía, en la oración. La Madre Bonifacia ponía como modelo siempre a la Sagrada Familia, una familia santa que pasaba diariamente por las labores normales de un hogar, pero que constituye para nosotros los cristianos, el camino seguro al cielo. Entonces, acudamos con confianza a esa Trinidad de la tierra –como le decía el fundador del Opus Dei, San Josemaría- y veámosla en lo ordinario, en las dificultades, en la salud y en la enfermedad. Pensemos que el mundo de hoy se aleja de Dios porque habla de él como si estuviera en el pasado, cuando Cristo vive en tu vida y en la mía, luchando para quitarnos el pecado diariamente. Por eso, el Papa nos recuerda que ”en el camino de las bienaventuranzas, tienen ustedes un código para llegar al cielo”. Y para ustedes hermanas, que son integrantes de la congregación construida por la Madre Bonifacia, no solo debe haber alegría por su beatificación, sino un motivo muy serio de reflexión, porque ahora que la fundadora ya está en el cielo, deben preguntarse cómo va ese seguimiento a la labor que ella quiso hacer en la tierra, por voluntad de Dios; y deben preguntarse cómo viven dentro de las comunidades, la sinceridad, la paciencia del amor de Dios y el amor a la eucaristía. En esos detalles pequeños, Señor, ayúdalas, para que las Siervas de San José puedan poner en práctica el amor que esa beata quiso dedicar a las mujeres más sencillas y pobres, por amor a Dios. EL SILENCIO COMO CAMINO DE RESISTENCIA Leyendo la vida de la Madre Bonifacia, debemos recordar que ella hizo su profesión religiosa en medio de grandes dificultades y conflictos en su comunidad, hechos que llevaron a Bonifacia a ocupar el cargo de Superiora General. Pero luego de soportar muchas dificultades e incomprensiones, Bonifacia tuvo que dejar el primer Taller de Nazaret para marchar a fundar otro en la ciudad de Zamora, dejando su tierra, sus parientes, y escogiendo el silencio como camino para resistir las injusticias. Pensemos todo esto hoy, porque el sacrificio de Cristo no es una historia pasada, cada día Cristo muere en la cruz, y esa cruz es trono de paz. Esto es lo que el Papa nos recordó el día de la beatificación de Madre Bonifacia, diciéndonos: “siendo ella misma trabajadora, persiguió los riesgos de esta condición social de su época, y en la vida sencilla de la sagrada familia de Nazaret, encontró un modelo de espiritualidad del trabajo, que dignifica la persona, y que hace de toda actividad, por humilde que parezca, un ofrecimiento a Dios y un medio de santificación”. Por eso, hermanas, tenemos que pedirle al Señor: “auméntanos la fe”, para que yo vea a Cristo en quien pasa por mi lado, en mi trabajo o en el hospital; y para que la Iglesia sea una escuela de comunión, como en los primeros tiempos. Esa señal del amor era la que distinguía las primeras comunidades cristianas, las que eran perseguidas, martirizadas y sacrificadas por seguir ese mandamiento nuevo que Dios nos dejó: que nos amemos todos como Dios nos amó. ESPÍRITU DE ORACIÓN DE MADRE BONIFACIA Hay que querer a todos, hay que mostrar el rostro de Cristo a todos, y esa caridad sólo se entenderá si estoy unido al amor de los amores. Por eso, la vida de la Madre Bonifacia se concentró en un espíritu de oración, espíritu que la llevó a volcar su amor a los más pobres, algo que también vemos en la Madre Teresa de Calcuta, una religiosa pequeña y muy sencilla, cuya historia estuvo unida siempre a su Rosario. Es el momento de pedirle a la Madre Bonifacia: danos ese amor que queme nuestros pecados, nuestras dificultades, para que renazca ese amor que representa a la Iglesia como una casa de comunión, ese amor a la eucaristía que es eternamente nuevo. Le pedimos a la Beata Bonifacia, a través de la Sagrada Familia: bendice a esta congregación con vocaciones, por la fidelidad, por la santidad. Demos gracias a Dios por el inmenso trabajo que realiza cada religiosa fiel, agradezcamos el bien infinito que otorgan con su vocación, y pensemos cuánto podemos hacer nosotros mismos en nuestras pequeñas luchas, dando una pequeña sonrisa u otorgando un pequeño perdón. Gracias Madre Bonifacia por el ejemplo que nos has dado. Ayúdanos y muéstranos el camino para llegar todos a ese encuentro con Cristo. Es la santidad lo que el Papa nos está pidiendo a todos, lo que nos está mostrando a todos, y en esa santidad brillará siempre la oración, la eucaristía y la comunión de todos en una misma fe. Así sea. |
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