- Domingo, 23 de noviembre de 2003 -

“EL AMOR VA MUY UNIDO AL SACRIFICIO,
A LA CRUZ, LO QUE ES MARAVILLOSO”


Queridos hermanos en Cristo:

Hoy celebramos la Solemnidad de Cristo Rey, por ello recordamos las palabras de Jesús en la tierra, cuando nos dijo que su Reino “no era de este mundo”. Entonces, debemos saber que desde el día que nos bautizaron, desde el día que entró Cristo al alma de cada uno de nosotros, empezó la construcción del Reino de Dios en nuestro interior.

Cuando Jesús dice “mi Reino no es de este mundo”, nos aclara que no ejerce su reinado sobre este país, sobre este edificio o sobre un gran desarrollo económico, sino que reina dentro de nosotros. Desde el día que fuimos bautizados, Dios puso una pequeña semilla en nuestras vidas, la semilla del Reino de Dios.

Luego ese Reino de Dios ha ido mejorando con la confesión, con la comunión, con la confirmación, para algunos con el matrimonio, para otros con la vida consagrada; por ello, que el Reino de Dios siga ese camino en nuestro corazón depende de cada uno. Porque si no riegas esa semilla de amor, se secará en tu corazón.

EN EL REINO DE DIOS, EL AMOR ES LO PRIMERO

En el Reino de Dios lo más importante es el amor, un amor que tiene mucho que ver con la generosidad, con la entrega, y que tiene como enemigos eternos al egoísmo y el provecho personal. Piensa que si en tu propio reino -ese que Dios ha creado en tu alma- recuerdas la frase “enséñame a amar”, todo te irá mejor.

No es fácil hacerlo, los que están casados podrán decirlo, aunque lleven poco o mucho tiempo juntos, ya que cada día hay que estrenar el amor. Y también es difícil para los jóvenes que están con la ilusión de encontrar una pareja, porque muchas veces se meten en su corazón malos deseos, malos pensamientos, y en lugar del amor hermoso, surge solamente el deseo.

Por eso debemos hacer siempre esa invocación al Señor -“enséñanos a amar”- porque ir por la vida sin amar o ser amado, es trágico. Es uno de los mayores problemas de hoy, y diariamente vemos cómo puede fracasar un matrimonio al no saber amar.

Hay que aprender a amar, por ello una lección del amor la encontramos en el lugar desde donde reina Cristo, desde su trono, que es la cruz. Recordemos que no hay amor donde no hay dolor, que no hay amor donde no hay sacrificio, que no hay amor donde no hay respeto.

EL AMOR VA UNIDO AL SACRIFICIO

El amor va muy unido al sacrificio, a la cruz, lo que es maravilloso. Y ese amor que está dentro de ti, es como una semilla para que el Reino de Dios crezca en tu interior.

Si ese reino que está en tu interior es el de Dios, Cristo mandará en tus actos, en tu memoria, para que recuerdes a tu familia o tus amigos, en tu imaginación, para que puedas soñar con la maravilla de un futuro mejor; y también en tu inteligencia, para que no te vuelvas soberbio con los demás.

Dios te pide que seas humilde, que pidas consejo, que aceptes que te equivocas, y te pide que tengas disciplina, orden, para que la pereza no malogre tu vida, para que el egoísmo no maltrate a los demás. En ese Reino sí manda Cristo.

Cristo nos dijo que le interesa el alma de cada uno de nosotros, con cualquier edad, con cualquier condición. Por eso, pidamos para que salgamos de aquí convencidos de cuánto nos ama Dios, y para que cuando él nos haga la pregunta clave: “¿de verdad reino en tu alma y en tus pensamientos?”, le digamos que sí.

DIOS TE DICE: DÉJAME REINAR EN TU ALMA

Dios te dice: “déjame reinar en tu alma, luego actúa, cásate, trabaja, o entrégate a mi apostolado”. Piensa en lo que él te pide y trata de darle cuanto puedas, para que cuando surja la pregunta clave de Dios: “¿reino dentro de ti?”, respondas con sinceridad.

Piensa bien la respuesta, porque a veces le respondemos a Dios “no reinas en mi alma”, al hacer lo que nos da la gana. Incluso a veces le decimos a Dios: “prefiero ser mi propio rey”.

Piensa que Cristo es quien pone en nuestras vidas la señal de la vida divina, y él es la causa que por el amor a su hijo, yo pueda decirte en la oración: “quiero que reines dentro de mi”. Sin embargo, muchas veces escucho dentro de mi alma una voz interior que me recuerda mis debilidades, mis defectos, mis problemas, lo que hace imposible que pueda entrar Dios en mi alma....

Hoy es un buen día para decirle al Señor: “quiero que reines dentro de mi”, porque si Cristo reina, mi vida será una maravilla y todo será mejor. Convéncete de ello, sobre todo cuando hoy vemos a nuestro país un poco desanimado, o cuando vemos en la TV o en la propia familia, una gran preocupación por el futuro.

Debemos saber que esas situaciones se dan porque Cristo no reina en los corazones, porque rezamos poco, porque le pedimos poca ayuda y pensamos que podemos solos con nuestras vidas.

EN EL PAPA JUAN PABLO II, EL REINO DE DIOS HA FLORECIDO

Pidámosle hoy al Señor: “Quiero que reines en mi alma, por eso te entregó mi corazón. No quiero que sean sólo palabras, quiero que te des cuenta que al dejar que entres en mi alma, voy a respetar mucho a los demás, porque voy a ver dentro de cada uno de ellos, la bondad de tu Reino”.

Preguntémonos por ejemplo: ¿por qué la gente quiere tanto al Papa Juan Pablo II?, pues porque el Reino de Dios ha florecido en él, y ves en el Santo Padre un hombre cansado, pero bueno. ¿Y por qué crees que amaban tanto a la Madre Teresa?, pues porque el Reino de Dios florecía en su palabra, en su perdón, en sus actos.

Recordemos que el reino que no quiere Dios en este mundo es el del éxito, el dinero, el poder, la mentira, el sexo, porque en ese reino, Cristo no quiere mandar. Pero si cada uno de nosotros procura que su reino interior lo guíe, se convertirá en una persona alegre, comprensiva, amable.

Vamos a pedir que Jesús reine siempre en mi vida, para que cada vez que mis pecados lo quieran sacar de mi alma, recurramos al sacramento de la confesión. De esa manera, hermanos, este mundo será una maravilla, no será exactamente el Reino de Dios, pero cada de uno de nosotros hará que el mundo sea más alegre y que la juventud vea el futuro con gozo.

Que Cristo reine en nuestros corazones cada día, desde que nos levantamos, y estemos seguros que Cristo nos ama, que no hay nadie que nos ame más que él. No hablo de beatos, hablo de gente normal, sencilla, que con dificultades y limitaciones luchan para que se instale ese Reino de Dios en sus corazones.

Que la Virgen María nos ayude en el compromiso de la Gran Misión de Lima que pronto emprenderemos, para que poco a poco, en tres años, llevemos la palabra de Dios a toda la capital. Estamos todos convocados, colegios, jóvenes, niños, para salir a las calles y hablar de Dios, llevando la buena nueva a todos los demás.

Así sea.

 
 

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