- Miércoles, 24 de diciembre de 2003 -

“LA ALEGRÍA POR EL NACIMIENTO DE JESUS
ES MAYOR QUE CUALQUIER TRISTEZA HUMANA”


Queridos hermanos en Cristo Jesús:

Estamos ya en la Nochebuena, en esta noche santa, y la liturgia nos dice cómo esperar el momento del nacimiento de Jesús: por eso, alegrémonos todos en el Señor, porque nuestro Salvador ha nacido en el mundo. Hoy desde el cielo ha descendido la paz entre nosotros.

Estas dos actitudes nos deben ayudar para que cada uno se haga un examen y deje que Dios entre en su corazón. Nuestro Salvador ha nacido, la paz ha descendido desde el cielo, y ese clima es el que la Iglesia Católica nos indicó al comienzo de la liturgia, cuando el profeta Isaías dijo: “el pueblo, que caminaba en tinieblas, vio una luz que brillaba”.

CONTEMPLEMOS LA LUZ DE LA ESPERANZA EN ESTA NAVIDAD

Contemplemos la luz sobrenatural, de la gracia de Dios, y levantemos la mirada recordando que el Santo Padre nos pide contemplar la luz de la esperanza, nos pide mirar el rostro de Cristo, porque allí se encontrará respuesta a todas tus preguntas, a todas tus tribulaciones, encontrando solidaridad ante las desigualdades.

El nacimiento de Jesús que esta noche celebramos, nos llama a un nuevo modo de vivir, porque la llegada de Jesús cambia la vida de la humanidad entera, cambia el modo de pensar de todos nosotros, por eso debemos seguir con fe la escritura, la palabra revelada.

Contemplemos al Señor, ya que no hay motivos para estar tristes o para no guardar esperanza. Sabemos que es difícil –por algo dice la Biblia que el pueblo caminaba en tinieblas- pero busquemos contemplar esa luz divina, que siempre será más grande que la oscuridad, porque la vida de Cristo es más grande que todos los problemas.

La alegría del nacimiento es mayor que cualquier tristeza que pueda embargar el corazón del hombre, por ello contemplemos con una visión de fe sobrenatural su llegada, y digamos: “qué bueno eres Señor, que te has hecho hombre, habitando entre nosotros, haciéndote una luz radiante que contemplamos con sorpresa”.

No es que desaparezcan los problemas de cada uno, sino que sabemos que la salvación está al alcance de todos, ya que la lógica de Dios desafía el mundo. Podemos decir entonces, hoy más que nunca, que sentimos ese desafío, porque queremos a Jesús y sin embargo seguimos viendo en el mundo guerras, violencia, sociedades divididas, y grandes diferencias sociales.

INICIEMOS UN NUEVO MODO DE VIVIR EN ESTA NAVIDAD

Qué buena ocasión para comenzar un nuevo modo depensar, un nuevo modo de ver las cosas, de vivir la vida. Recordemos lo que San Pablo le dijo a Tito en la epístola: “ha aparecido la gracia de Dios que trae la salvación para todos los hombres”.

¿Qué nos pide hoy Dios, para que esa gracia entre en nuestro corazón y sea la salvación?; pues nos pide abrir el corazón de par en par a esa amistad con Jesús Niño, y dejar que entre en él.

El mundo necesita más que nunca de Dios, necesita contemplar a Cristo. Sin embargo, muchas veces no lo reconoce, no lo ve, y vemos las consecuencias en las relaciones humanas, en las familias, en la enseñanza de la fe que se debilita..

Ante tanta grandeza y amor, debemos ponernos de rodillas y decir: “Cristo, creo en ti, por eso ayúdame a tener más fe, esperanza y amor, para que no tenga nunca la rebeldía de querer desafiarte. Que no tome nunca el arma de la violencia, de la mentira, del egoísmo, y que más bien pueda tomar el arma de los sacramentos, de la oración, del perdón y del amor”.

El evangelio nos cuenta que habían unos pastores que pasaban la noche al aire libre, y entonces un ángel les anunció: “les traigo una gran alegría. Hoy, en la ciudad de David, ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”. Y yo, como Pastor, hago eco de esas palabras, y les repito siglos después: “les traigo una gran noticia, una gran alegría: ha nacido el Salvador, el Señor”.

Piensa a través de quiénes dio a conocer Dios el nacimiento de su hijo: a través de unos sencillos pastores, gente humilde. Son esos pastores los que anuncian al mundo la gran noticia, lo que el Papa Juan Pablo II llama “el acontecimiento más importante para la humanidad”.

EL NACIMIENTO NOS MUESTRA UNA SEÑAL DE POBREZA A SEGUIR

Recuerda que el Señor anunció su nacimiento en el mundo a la gente más sencilla. Y piensa que cuando los pastores preguntaron al ángel: “¿cómo vamos a reconocer al Salvador?”, este les respondió: “pues lo encontrarán en un pesebre”.

Lleva esta señal de pobreza, de no dejar que el poder, de no dejar que el dinero, la angustia material, ahoguen el espíritu. Los regalos materiales son muy buenos, pero mucho más importante es el amor de unos padres por sus hijos, el amor de una familia reunida para comer, reír y colocar adornos en el nacimiento. No son simplezas, esto es lo que Dios quiere de nosotros.

No dejemos que esa grandes olas de oscuridad como son la soberbia, el egoísmo, la injusticia, impidan que la luz y la paz reinen en nuestro corazón, en nuestra familia, en nuestro país.

Lo ponemos en manos de María y de José, a ellos elevamos nuestro pensamiento. Que la familia esté alegre, que sea el lugar donde la fe, las costumbres se sigan transmitiendo de generación en generación.

Nochebuena, noche alegre, noche para pensar: qué grande eres Jesús, que gran acontecimiento llega hoy, ojalá que muchos corazones que nos escuchan por los medios de comunicación –a los que agradecemos el esfuerzo- se conviertan gracias a este mensaje de la Iglesia, que invoca a la paz, la conversión, el amor a Jesús, María y José.

Así sea.

 
 

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