- Jueves, 25 de diciembre de 2003 -

“NO TENGAMOS MIEDO A QUE ESE NACIMIENTO
DEL NIÑO JESÚS MARQUE NUESTRAS VIDAS”


Queridos hermanos en Cristo:

Hemos leído anteriormente, palabras que nos ayudan a reflejar este acontecimiento que el Papa insiste en recordar como el más importante en la historia de la humanidad.

Y leíamos: Oh Dios, que de modo admirable has creado al hombre a tu imagen y semejanza. Tantas veces estas palabras reveladas, pasan fácilmente por nuestras vidas, sin tomarles atención. Pensemos entonces ¿en qué consiste esa imagen y semejanza?

CUIDEMOS LA CALIDAD DE NUESTRAS RELACIONES

Sabemos que en la Santísima Trinidad, las personas se definen con una relación subsistente, porque lo que define a las tres personas y un solo Dios, es la relación del Padre al Hijo (la paternidad); del Hijo al Padre (la filiación); y del Padre al Hijo y del Hijo al Padre, esa mutua relación que se da por amor.

Esas relaciones de la Santísima Trinidad están íntimamente unidas a nuestra vocación de personas. Con esto quiero decirles que la calidad, la dignidad personal, tiene mucho que ver con nuestras relaciones, en ver cómo me relaciono con mis padres, con mis hijos, con mis colaboradores, con la sociedad.

¿Y cómo puedo medir la calidad de mis relaciones?, pues por la calidad de lo que te relaciona con los demás, ya sea el dinero, el amor, el hacer el bien, la verdad, o la violencia. Piensa y dime ahora: ¿cuáles son los vínculos que establecen tus relaciones?.

También leímos antes esta frase: “esa imagen y semejanza, de un modo más admirable todavía, se restableció con la dignidad por Cristo”. Es decir, no solamente somos parte de ese misterio de la Santísima Trinidad, imagen y semejanza, sino que Dios ha querido que participemos, que seamos parte a través de su Hijo, a través del nacimiento de Jesús.

Esa es la maravillosa dignidad, la dignidad por ser parte de esa Santísima Trinidad, del misterio más grande, el misterio de Dios. Entramos a él por la puerta de Cristo que nace, y por ello adquirimos una dignidad, que no es nuestra, es adoptiva.

CONTEMPLEMOS EL MISTERIO DEL NACIMIENTO DE JESUS

Cristo es perfecto Dios y perfecto hombre, y nosotros somos adoptados en esa familia divina. Esta es una verdad sobre la que puedo construir la esperanza, la justicia, la verdad, la fe, la alegría, la familia, pero si el cimiento no está bien puesto, entonces nos quedaremos en ideas pasajeras, efímeras, o con una Navidad de ruido, de regalos, de comida, sin entrar en el misterio de ese Niño Jesús.

Por eso, los invito hoy a detenernos, para contemplar este misterio. Porque el Niño cambia mi vida, y por él adquiero una dignidad, de allí surge el amor al prójimo, la ayuda a la gente humilde y pobre, el respeto al que está preso, el cuidado extraordinario por el enfermo. Todos ellos tienen una dignidad que no está en función de su dinero, ni de su poder político.

Ellos tienen una dignidad intrínseca, una dignidad de origen, a imagen y semejanza, y por adopción, como hijo de Dios. Y todo esto se ilumina hoy, al contemplar el Nacimiento.

Por eso, el Papa en nombre de esa dignidad nos recuerda situaciones en el mundo, en varias regiones, no en nombre de un poder terrestre o humano, sino porque él quiere ser la voz de Dios hoy.

LA IMPORTANCIA DE LA PALABRA

Isaías nos dice en la Biblia: “qué hermosos son -sobre el monte- los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva, que pregona la victoria”. Y es que en el evangelio, San Juan nos ha hablado de la palabra, de aquella palabra con la que te diriges a tus hijos y a tus padres, de la palabra con la que los medios de comunicación transmiten los hechos.

Esa pequeña palabra está dentro de la gran palabra, aquella que se hizo carne y habitó entre nosotros.

Esa palabra sigue viva, y si mi pequeña palabra quiere ser digna, si quiere permanecer en el tiempo, si quiere unir, si quiere perdonar, o construir ese mundo que Dios quiere, debe estar dentro de las palabras de quien dijo “Yo soy el camino, la verdad y la vida”.

Pongamos nuestra palabra dentro del misterio del nacimiento de Jesús, y adquiriremos la dignidad, la condición de hijos de Dios, totalmente ajenos a nuestra decisión.

El Señor nos ofrece su palabra, para que esa palabra se haga continuidad en el tiempo, a través del testimonio vivo que debemos ser nosotros. Hagámosle eco a la palabra de Dios, no a la palabra humana, y pensemos si el hijo de Dios, al final de los tiempos, encontrará fe sobre la tierra.....

DEJEMOS QUE LA PALABRA ENTRE EN TU ALMA

Nuestra fe, nuestro gozo, nuestra alegría no viene de lo que pase en el tiempo, no viene de cuánto éxito tengamos, por eso hagamos despertar esa palabra de Dios dentro de nosotros.

Dejemos que esa palabra entre en nuestra alma, dejemos actuar esa relación de la Santísima Trinidad, para que ella me pregunte ¿cómo son mis relaciones con Dios, mis amigos, con mi hogar?; ¿cómo mi palabra está dentro de la palabra de Dios?.

El Cardenal Ratzinger, tan cercano al Santo Padre, y con un amor inmenso a la Iglesia, nos dice estas palabras:

“Algunos piensan que Dios, después de la creación, se ha retirado y ya no muestra interés alguno por nuestros asuntos de cada día. Según este modo de pensar, Dios no podría intervenir en el tejido de nuestra vida cotidiana, sin embargo, en las palabras de Cristo encontramos la respuesta contraria, por la que un hombre abierto a la presencia de Dios, se da cuenta que Dios obra siempre y de que también actúa hoy. Es así cómo nacen las cosas que abren el futuro y renuevan la humanidad”.

No tengamos miedo que ese nacimiento del Niño Jesús marque nuestra vida.

JUAN PABLO II NOS LLAMA A DESCUBRIR EL SENTIDO AUTENTICO DE LA EXISTENCIA

Anoche lo decía el Papa Juan Pablo II, y cómo muchos no han tenido ocasión de revisar sus palabras, les leo unos párrafos muy breves: “nos ha nacido un Niño, se nos ha dado, el Hijo. Qué misterio inescrutable esconde la humildad de ese niño, quisiéramos tocarlo, quisiéramos abrazarlo. Tú, María, que velas sobre tu hijo, omnipotente, danos tus ojos para contemplarlo con fe, danos tu corazón, para adorarlo con amor. En su sencillez, el Niño de Belén nos enseña a descubrir el sentido auténtico de nuestra existencia, nos enseña a llevar desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa”.

Esta maravillosa entrega del hijo de Dios, hace que la humanidad entera lo mire hoy con otros ojos; porque es posible -a través de ese Hijo y de la vida de Jesús- acercarme a ese misterio que es el fundamento del gozo, de la paz, de la justicia. Los demás fundamentos hermanos, son parte de programas e ideologías, muy interesantes, pero que sólo confunden a la humanidad.

La religión no es eso, la religión es una iniciativa de Dios con la humanidad. Y nuestros planes, muy respetables, son ideas para tratar de ayudar a los demás. Ponemos en manos de la Sagrada Familia nuestras intenciones, para que a lo largo del año, el nacimiento de Jesús llene de gozo, de esperanza, un mundo oscuro. Que la luz triunfe sobre la oscuridad.

Así sea.

 
 

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