- Domingo, 27 de abril de 2003 -

"VAMOS A LLEVAR EL MENSAJE
DE LA DIVINA MISERICORDIA
AL MUNDO ENTERO,
TENIÉNDOLO PRIMERO EN EL CORAZÓN"


Queridos hermanos en Cristo Jesús:

Hoy estamos aquí reunidos obedeciendo en la fe, lo que le pidió Jesús a Santa Faustina: que este domingo se dedicase a la festividad de la Divina Misericordia. Y vemos que gracias a Dios, este mensaje de la misericordia hace que surja del corazón de todos una enorme paz, como lo hemos leído en el evangelio.

Recordemos que cuando Jesús resucita en tu corazón y en el mío, lo primero que nos da es esa paz. Por eso hoy, al estar aquí en este Santuario arquidiocesano, vemos como va extendiéndose por todo el país y por todo el mundo esta devoción, que es como una obediencia de la fe a lo que el Señor promete.

Por eso, una señal muy clara de que estamos en el camino correcto es la gran cantidad de fieles que movidos por esa fe y esa misericordia, se reúnen en tantos lugares para orar. Y siempre es bueno que cada uno de nosotros -con mayor razón en estas fiestas- hagamos un examen personal, recordando lo dicho en la segunda lectura, cuando se dice que el Señor nos salva con la sangre y con el agua. Porque Dios siempre está esperando una mirada tuya para ayudarte, o para lograr tu conversión.

Esa promesa nos anima, nos llena de esperanza, nos ilusiona, y nos dice también el apóstol que esa Divina Misericordia quiere poner en cada uno de nosotros la fortaleza para no tenerle miedo a la cruz.

Esa cruz tiene metas muy claras, porque esa cruz unida a la misericordia te dice que no estés apegado a los bienes terrenos; y eso debe llevarte a pensar hasta qué punto te dejas vencer por los pequeños caprichos, no sólo en la parte económica, sino en la vanidad, en el querer quedar bien, en el orgullo de no saber perdonar o en el miedo a defender la verdad.

Por eso, este aspecto de la misericordia va unido a la cruz, y nos lleva a preguntarnos cómo tratamos de controlar esas pasiones desordenadas, cuando surge la cólera, cuando se levanta el odio o la respuesta equivocada, que no me llevan a la verdad. Es decir, la misericordia no debe hacernos perder de vista que Jesús murió en la cruz, y que tú y yo tenemos que unirnos en Cristo.

Lo que el Señor nos quiere demostrar hoy, en esta fiesta de la Divina Misericordia, es que dominar nuestras pasiones no es malo, es bueno; que comprender a los demás es bueno, que rezar es bueno, que ofrecer un sacrificio de salud, de humillación, de insulto, es bueno; y es el Señor quien me está diciendo que esa enfermedad, ese dolor, puede ser una caricia suya, una muestra de ternura.

El Señor de la Divina Misericordia ha querido que la fecha en que lo recordemos fuera este domingo, muy cercano a ese centro de misterio que es la pasión, la muerte y la resurrección del Señor. No ha querido olvidar la cruz ni la pasión.

Por eso, vamos a recordar siempre la cruz, y debemos hacerlo porque gran parte de los problemas que suceden hoy, se producen porque no queremos acompañar al Señor en su sacrificio, queremos inventar un Dios que todo lo perdona y que no pide cuentas. No es así, porque esa mirada, esa resurrección, esa misericordia, brotan de la cruz, por eso Señor míranos con tu misericordia y pon en nuestros corazones ese amor a la humildad para poder reconocer mis pecados. Convénceme que mis pecados tienen perdón.

Convénceme Señor que quieres llegar a todos los corazones, por eso creo que una tarea importantísima de este Santuario, de esta Hermandad, de este Movimiento, es el llevar a muchas almas este mensaje. Debemos empezar por nosotros mismos, sacerdotes, y luego llevarlo a todos los fieles.

Esta tarea de la cruz, de la misericordia, con la gracia de Dios, nos debe llevar incansablemente a todos los rincones, a todos los hogares, a todas las personas. No debemos cansarnos de anunciar el mensaje de la conversión, y para eso yo tengo que convertirme; esa paz que el Señor anuncia es para llevarla en mi corazón, para dejar de lado mis pecados y para que sepa amar en el matrimonio de un modo limpio, para siempre.

En todas estas luchas personales, el Señor de la Misericordia te ofrece paz, te dice "confía en mi", te dice "pídeme, pero con fe, con confianza, con humildad. Yo conozco tus necesidades". Por eso decimos "Jesús, en ti confío", y junto a esa dificultad de estar muy apegados a las cosas de la tierra, también debemos vencer la pereza, por la que tantas veces dejamos la oración o descuidamos a los hijos.

Y finalmente debemos luchar contra lo que es un gran problema en el mundo de hoy: la cultura de valorar las cosas por la mayoría que alcanzan en las escuelas, en las familias, en las sociedades; por esa cultura muchas veces existe la tentación de ser un poco cobardes, en la casa o en mi trabajo, porque no te atreves a decir con claridad lo que es la palabra de Dios.

Ha llegado el momento de ir contra la corriente con mucha paz, con mucha oración, llevando esta imagen a todos los rincones, dando a conocer esta devoción del rezo de la Coronilla, para unirnos al sacrificio de la cruz en medio del hogar, de la escuela, que el Señor escuchará tus peticiones.

Vamos a pedírselo a nuestra madre, la Virgen. Fíjate que en el Salve le decimos: "Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra", es que ella es la madre del Señor de la Divina Misericordia, que nos dará el perdón, el gozo, la paz, la fortaleza para este largo camino.

Hermanos, hoy debemos estar muy unidos al Santo Padre, quien por la diferencia de horarios ya habrá celebrado y habrá orado al Señor de la Divina Misericordia. Nos unimos a sus intenciones en el mundo entero, para nosotros también hacer el propósito: vamos a llevar este mensaje al mundo entero, pero teniéndolo primero en el corazón.

Madre mía, que cada año se multiplique esta devoción en el Perú entero, y no con afanes de figurar, sino como lo hace Jesús siempre: con silencio y con paz. De esa manera nos convertiremos, y les aseguro que veremos con nuestros ojos, cómo la luz nuevamente surge, y cómo la sociedad nuevamente respira de modo católico, en la medida que seamos siempre misioneros de la Divina Misericordia.

Así sea.

 
 

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