- Domingo, 30 de noviembre de 2003 -

“SI CREYÉRAMOS DE VERDAD,
NUESTRA VIDA SERÍA DIFERENTE”


Queridos hermanos en Cristo:

Le he pedido a Dios que en esta Santa Misa sea el mismo Jesús quien entre en sus corazones, en sus hogares, para que el domingo sea el día del Señor y se celebre siempre con la eucaristía.

CUIDADO QUE CRISTO VIENE EN CUALQUIER MOMENTO

Leía, preparándome para este tiempo de Adviento, sobre la venida del Señor, y recordaba a un santo, San Bernardo, quien tenía gran devoción a la Virgen María. Y justamente él decía que fueron tres las venidas de Jesús a la tierra, comenzando por su nacimiento en Belén, cuando se hizo hombre y habitó entre nosotros.

Después San Bernardo afirmaba: “al final de los tiempos, volverá el hijo de Dios, revestido de la gloria, del poder, y de la grandeza de Dios”. Esto es también conocido por nosotros, pero San Bernardo advierte: “hay una venida intermedia, entre la primera y la última que ya mencionamos, y es la llegada de Jesús que cada uno espera en su corazón”.

Y es que todos nos acercamos a la confesión, todos rezamos con confianza el Santo Rosario, pero no sabemos cuando Cristo vendrá a nuestra alma y dirá: “tomo posesión de tu vida”, ya que eso puede ser ahora, dentro de una semana o en siete años. Es para esa venida de Jesús que debemos estar preparados.

Tengamos mucha fe, pidamos al Señor con humildad: auméntame la fe, porque tú Señor vives, no eres una persona que vivió, sino que vives hoy, y en este altar estará tu cuerpo y tu sangre.

LA CRUZ LE DARÁ PAZ Y TRANQUILIDAD AL PAÍS

Lo predicamos muchas veces, ustedes lo escuchan muchas veces, pero ¿lo crees de veras? Esa es la gran pregunta, preguntarnos si tenemos fe. Y si quieres imaginarte lo que significa la presencia de Cristo en la eucaristía, piensa en cómo reaccionaríamos si nos dijeran que en media hora vendrá Juan Pablo II a esta iglesia; pues todos estaríamos nerviosos, preocupados, porque viene el Papa.

O imagínate también lo que sentirías si Jesús te permitiera ver a tus padres que ya fallecieron, y te permitiera hablar con ellos... pues piensa que todos estos hechos son muy pequeños en comparación a la presencia de Cristo aquí, vivo, en la Santa Misa, con su cuerpo y su sangre.

Hermanos, si creyéramos de verdad, nuestra vida sería diferente. Por eso, cuando San Bernardo nos dice que esa venida de Jesús se produce de manera verdadera, no tienes que estar ni triste ni desanimado, ni dejar que la enfermedad te quite la alegría, porque desde la cruz tendrás paz y serenidad.

¿Por qué dejamos que el pecado y la falta de fe nos traigan tristeza?, ¿por qué dejamos que los problemas de cada día nos quiten la alegría de saber que Dios está vivo?. Por ello, en este Adviento, cada uno debe ver en su corazón si tiene que confesarse, si tiene que pedirle perdón a alguien o rezar un poco más.

Cada uno sabrá cómo tiene que prepararse para que cuando Cristo venga, encuentre su casa, su corazón limpio, luminoso, alegre. Todo esto hermanos lo meditamos al leer las palabras del Libro de Jeremías: “llegan días en que cumpliré la promesa que hice a la casa de Israel y a la casa de Judá; porque en aquellos y en aquella hora suscitaré a David, un vástago legítimo que hará justicia”.

Lo prometió el profeta Jeremías y ahora lo estamos predicando, porque ya vino ese vástago, ya vino Cristo, y ahora quiere entrar en tu casa, en tu corazón.

NO NOS DISTRAIGAMOS EN LA BÚSQUEDA DE CRISTO

Luego San Pablo nos dice: “que el Señor nos lleve hasta rebosar de su amor, del amor a todos, lo mismo que nosotros los amamos, y así tengamos fortaleza, para que cuando Jesús vuelva acompañado, se presenten ustedes santos ante nuestro Padre”.

San Pablo nos invita entonces a presentarnos delante de Dios, examinando nuestra conciencia y diciéndole “perdóname, ayúdame”.

Espero que cada uno esté teniendo ahora ese diálogo personal con Cristo, diciéndole: “no tardes, que yo te vea, te sienta, que crea en ti Señor”. Por eso, el evangelio de San Lucas nos recuerda que “los hombres quedarán sin aliento por la ansiedad, entonces verán al hijo del hombre venir en una nube, con gran poder, con gran majestad. Cuando suceda esto levanten la cabeza, porque se acerca vuestra liberación”.

La palabra de Dios nos anuncia la venida final de Cristo, nos previene, y yo te repito sus palabras: “tengan cuidado, no se emboten la mente, que la mente no se cierre con el vicio, la bebida, con los agobios de la vida, cuidado que pronto vendrá Jesús y puede encontrarte descuidado”.

Tú que nos estas oyendo, que estás aquí, pregúntate ahora: ¿está Jesús contento de cómo te estas portando o de cómo estas ayudando a los demás?; ¿está Jesús contento de cómo llevas la buena nueva en esta Gran Misión de Lima?

¿LE HAS DICHO A JESÚS HOY: “TE AMO”?

¿Hoy le has dicho a Cristo claramente “te amo”? Porque tal vez rezamos mucho pero quizás no le decimos seguido a Cristo “auméntame la fe, que te vea y te oiga”, y nunca le decimos “aumenta mi esperanza, saca la tristeza y las mentiras de mi. Déjame que te ame”. Recuerda que quien más te ama es Jesús.

Por eso hermanos, con alegría vengo a pedirles que juntos digamos al Señor: en este Adviento, Jesús, en este tiempo de esperanza, quiero que nazcas en mi corazón, de un modo nuevo. Lléname de esperanza para amar a los demás.

Fíjate con qué cariño se entrega el Padre Manuel Rodríguez, párroco de esta iglesia, a predicar la palabra de Dios, a entregarse a los demás, ya que él es como el sobre que lleva el mensaje de Cristo. Y el contenido de la carta es la palabra de Dios, su cruz.

Le pedimos al Señor, finalmente: no tardes, para que puedas abrir el corazón de todos y vayas preparando ese nacimiento en cada persona. Busquemos que mucha gente generosa apoye este proyecto de JN19 para difundir la palabra de Dios, y espero que Cristo los bendiga a todos para que esta labor maravillosa madure y llegue a todo el país.

Así sea.

 
 

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