
- Miércoles, 31 de diciembre de 2003 -
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“INAUGUREMOS
ESTE AÑO NUEVO Queridos hermanos en Cristo: Hoy al terminar el año, estamos celebrando la liturgia de la Solemnidad de la Virgen María, Madre de Dios, por eso nuestro primer pensamiento al acabar el 2003 es dirigirnos hasta Jesús, a través de María, para darle gracias por tantas cosas buenas. Le damos gracias de manera especial a Jesús, porque en el 2003 el Papa cumplió sus Bodas de Plata en el ministerio de Pontífice, de Vicario de Cristo en la tierra. Por ello le damos gracias a Dios y al mismo tiempo le pedimos a la Virgen que lo proteja, lo conserve, lo fortalezca. A TRAVES DE MARIA CONOCEMOS A CRISTO María en la vida de la Iglesia, en la vida del mundo, tiene un lugar muy especial, porque a través de ella llega la salvación a la humanidad entera; porque a través de ella la eternidad, el Verbo, se hizo carne, tiempo, habitó entre nosotros, y nos hizo conocer el misterio de amor de Dios. A ella invocamos más que nunca en estos tiempos, diciéndole: acuérdate de cada uno de nosotros, María, bendice a tu pueblo, arranca de tus hijos esos deseos para que el año nuevo sea mejor. Pongamos esfuerzo, interés, en que María ocupe un lugar central en la historia de nuestra vida, ya que ella me llevará a Cristo. Quisiera que esta Solemnidad de Santa María también sea un motivo especial para la Gran Misión del año 2004, ya que la devoción a la Virgen, el amor a la Virgen, el rezo del Rosario, conducirá a la Iglesia de Lima en este nuevo año, por ese sendero que el Papa viene recordándonos: “buscar el rostro de Cristo con los ojos de María”. Allí tenemos un mensaje para todo el año 2004, dentro de lo que hagamos en la Gran Misión de Lima: que María presida la Iglesia de Lima, que la proteja, la acompañe, y convierta nuestros corazones. LA PAZ ES EL VALOR SUPREMO DE LA SOCIEDAD La Iglesia también ha establecido desde hace años la fecha del 1º de enero como la Jornada Mundial de la Paz, día en que el Santo Padre dirige un mensaje a la humanidad entera. Quisiera hacer pequeños apuntes de lo que el Papa Juan Pablo II nos quiere decir sobre este valor, que es el valor supremo de la sociedad. Porque la sociedad tiene como objetivo central, desde el punto de vista humano, lograr la paz, ya que el núcleo del bien común es la paz. La paz hace posible que la persona se desarrolle, hace posible la civilización del amor, hace posible el progreso material y espiritual, y si pensamos en contrario, veremos que un mundo sin paz no es posible. Por ello, este valor exige un esfuerzo muy particular en el año 2004 en nuestra patria. Y el Papa Juan Pablo II -recordando el aniversario de la Encíclica del Papa Juan XXIII, llamada “Pacem in Terris”- nos recuerda que “son cuatro los pilares sobre los que se construye la paz: la verdad, la justicia, el amor y la libertad. Se impone pues un deber para todos los amantes de la paz, el educar a las nuevas generaciones en estos nuevos ideales, y para buscar una era mejor para toda la humanidad”. Todo esto se lo pedimos a la Reina de la Paz, para que ella nos ayude a caminar gozosos en el camino de la verdad. Es bueno que seamos más sinceros, con nosotros mismos y con los demás, pero ese es el orden correcto, porque si no soy sincero con Dios, será difícil que lo sea conmigo mismo y reconozca mis errores. La verdad es mucho más que un juego de palabras, es una columna de la paz y en nuestro país este valor se requiere de manera urgente. Mientras que la justicia no es una creación de los especialistas en la aplicación de la ley, sino es simplemente dar a cada uno lo suyo. Y es que la justicia debe existir a nivel familiar, laboral, social, político, teniendo como fundamento la dignidad humana, ya que cada persona merece recibir lo suyo. Asimismo, al final de este Mensaje por la Jornada Mundial de la Paz, el Papa dice: “considero obligado recordar que para instaurar la verdadera paz en el mundo, la justicia ha de complementarse con la caridad”. Porque la caridad no es solamente el amor humano, es la participación y el entrar en el amor divino. La caridad va más allá de esa expresión de simpatía, de cariño, de aprecio, porque la caridad de la que nos habla el Santo Padre viene de Dios, quien me da a su hijo recién nacido y me renueva en la Santa Misa; y desde esa dimensión, la caridad es mucho más profunda que el amor humano. BUSQUEMOS UNA FE QUE TRASCIENDA El amor humano es un reflejo pequeño de la grandeza del amor que Dios nos tiene. Por eso, Juan Pablo II nos pide levantar nuestros ojos al sentido de una fe que trascienda, que no se quede en lo de ahora, que se de cuenta que hay una eternidad, que es la única que me permitirá actuar con justicia; de lo contrario caeremos en el “ojo por ojo, diente por diente”. Que no constituye la justicia cristiana. Dice el Papa: “a veces la justicia y el amor son fuerzas antagónicas, contrarias, pero no es así, ya que no son más que las dos caras de una misma realidad, que además se complementan”. En este mundo un poco autosuficiente, es bueno sumergirse en la presencia de Dios, en esa amistad con María, para que nuestro corazón se purifique y así podamos desear un feliz año a los demás. Necesitamos con urgencia encender el amor a la verdad, la justicia, de la caridad que complementa la justicia, porque como dice el Santo Padre, “por sí sola, la justicia no basta, más aún la justicia puede llegar a negarse a sí misma, si no se abre a la fuerza más profunda que es el amor”. Porque es muy fácil que la justicia se convierta en venganza, en odio, en rencor. Juan Pablo II nos advierte de la necesidad del perdón, importante para solucionar los problemas de los individuos y de los pueblos, y recuerda que no hay que tener temor para aplicarlo, porque no hay paz sin perdón. El Papa recuerda especialmente la situación tan dolorosa del Medio Oriente, de Irak, y medita sobre algo que ha sucedido recientemente, y que no había pasado ni siquiera en las guerras mundiales; el hecho que un Nuncio Apostólico haya sido asesinado, como lo fue en Burundi, en el mismo lugar donde el actual Nuncio en el Perú, Monseñor Pasigatto, inició el proceso de paz de ese país. Inauguremos este año nuevo con ese deseo de amar, desde la fe, desde la caridad, mirando con fe y esperanza. “Sólo una humanidad donde reine la civilización del amor gozará de una paz auténtica y duradera. Al principio del año quiero recordar a los hombres y mujeres del mundo el antiguo principio: Todo lo vence el amor”, dice el Papa como mensaje final. En el fondo de los corazones, todos queremos vivir un clima de amor, de solidaridad. Que la Gran Misión de Lima tenga a nuestra madre como protectora, como evangelizadora, como promotora del amor a su hijo. Que nuestras almas entren en contacto con la amistad con Dios, para que veamos con otros ojos a nuestro país, y para que con otro corazón nos ayudemos y apoyemos entre todos los peruanos. Así sea. |
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