
- Jueves, 1 de enero de 2004 -
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“EN ESTE AÑO, LE PIDO A NUESTRA MADRE,
Hoy recorre el mundo un aire de felicidad, es el nuevo año que provoca de manera espontánea muchas manifestaciones de gozo, de alegría, a las que la Iglesia se suma y les recuerda que la Solemnidad de nuestra madre, la Virgen María, debe ser como la cumbre de estos sentimientos, para que sean verdaderamente cristianos. Por ello, en esta Solemnidad deseo que la Virgen presida el año 2004 en todos los rincones del país, de la arquidiócesis, y de manera especial por La Gran Misión de Lima. Que sea ella quien presida el deseo de llevar la salvación, la palabra de Dios, los medios de santificación, el bienestar, a todos los rincones del Perú. EL AMOR A NUESTRA MADRE SIEMPRE TIENE UNA NOVEDAD Todos tenemos familia, todos tenemos una relación amical con otras personas, y sin embargo no podemos decir que esa relación se mantiene inmóvil a lo largo de los años, porque el amor a nuestros padres, cuando niños, tenía un modo muy diferente al amor que les tuvimos cuando ya fuimos mayores. Con esto quiero decirles que el nacimiento de Cristo, el amor a nuestra madre Santa María, nunca es igual, siempre tiene una novedad, y esa novedad lo da la caridad, ese amor de Dios que pone en nuestras almas algo nuevo; algo que se refleja en cómo le he dicho a mi madre hoy “gracias”, o en como me he acercado al nacimiento para desearle al Niño un feliz año. Por ello, Madre mía, preside nuestra Gran Misión con tu amor, tus enseñanzas, con la escucha de la palabra de Dios, con tu amor a Jesús, con la devoción al Santo Rosario. Conduce a todo tu pueblo hacia Cristo. JUAN PABLO II NOS RECUERDA QUE LA CARIDAD ES LA RAIZ DEL AMOR El Santo Padre, como en años anteriores, nos dirige hoy un Mensaje por la Jornada Mundial de la Paz. Por ello, leo algunas consideraciones del Papa que me gustaría destacar, cuando por ejemplo, hace una reflexión muy profunda para convencernos que el amor lo puede todo, y nos recuerda que ese amor viene de Dios. Porque no solamente es simpatía o amistad, Juan Pablo II nos recuerda que hay una raíz de donde surge ese amor, de la caridad cristiana. La caridad es el amor de Dios a nosotros. “Tanto amo Dios al mundo que envió a su hijo”, dice la Biblia, por ello debemos recordar que el amor divino nos da la salud, la identidad, y es lo que define a la persona humana. Esto lo dice el Papa de manera clara cuando dice: “para instaurar la verdadera paz en el mundo, la justicia ha de complementarse con la caridad”. Pensemos, por ejemplo, en tantas veces que una madre o un padre de familia, deben corregir a su hijo -quizás porque no estudió o porque rompió algo en la casa- y por ello deben impartir justicia en el hogar, pero movidos sólo por el amor. Pues en el momento en que los padres se comporten solamente como jueces, sus hijos se pondrán muy tristes. De la misma manera, Dios no quiere ser juez, Dios quiere ser padre, por eso no debemos dejarnos confundir, ya que la justicia y el amor a veces aparentan ser fuerzas antagónicas, cuando son caras de una misma realidad. Esto supone una lucha personal, porque es muy fácil no corregir o corregir con brusquedad, y es mucho más difícil corregir por amor, saber acoger al que ha sido corregido, saber llevar esa palabra, ese gesto de justicia por amor. NO HAY PAZ SIN PERDÓN El Santo Padre nos dice que cuando no se puede corregir a una persona porque se siente herido, es imposible amar y hacer justicia; y nos dice que cuando la justicia se limita a golpear, a maltratar, a herir, no constituye justicia, sino venganza. De la misma manera, cuando el amor no ejerce la obligación de llamar la atención sobre aquello que está mal, demuestra que no es amor verdadero, y que sólo es sentimentalismo, quedar bien, es simplemente una reacción frágil. “Por sí sola, la justicia no basta, inclusive puede llegar a negarse, por lo que es necesario el perdón para solucionar los problemas, tanto de los individuos como de los pueblos”, recuerda Juan Pablo II. “No hay paz sin perdón”, dice el Papa, por ello debemos entender el sentido sobrenatural de la fe y de la esperanza; no hablamos de impunidad, no hablamos de temas concretos, hablamos del corazón de donde brotan las decisiones, el agradecimiento, la comprensión. Pero si todo lo queremos nivelar prescindiendo de la dimensión divina de nuestra vida, perderemos muchas posibilidades de entender el mensaje de Cristo. Pensemos en cuántos sucesos conoce el Papa de la actualidad del mundo de hoy, y cómo pese a ello no duda en recordarle a la humanidad: “no hay paz sin perdón”. Pensemos en nuestra patria, porque hay que superar la lógica de la estricta justicia, para abrirnos también a la del perdón. El cristiano sabe que el amor es el motivo por el cual Dios entra en relación con el hombre, por eso el amor es la forma más alta, más noble, en que nos podemos relacionar entre nosotros. El amor de Dios nos lleva a otro modo de pensar, por ello vamos a pedirle a la Virgen María para que empecemos el año entendiendo ese ofrecimiento que hace la Iglesia, sin entrar en los asuntos particulares. Iluminemos el deseo de justicia con el deseo de perdón, iluminémoslo desde el amor de Dios a los hombres. Recordemos que el Papa termina su mensaje con esta frase: “todo lo vence el amor”. QUE LA FAMILIA SEA UNO DE LOS OBJETIVOS CENTRALES DEL 2004 Debemos tener confianza en nuestra madre, la Virgen, y en el Niño, quienes nos llenan de esperanza. La invitación a la Gran Misión nos señala que allí está la fuerza espiritual que nos permitirá cambiar la pobreza injusta, abusiva, inaceptable, pero sin apelar a la violencia, al odio o la mentira, buscando con urgencia caminos que alivien la situación de muchos hermanos nuestros. En este año también le pido a nuestra madre que proteja a la familia, institución básica sobre la que se construye toda la sociedad, y que es la que puede cambiar situaciones sociales, la que puede purificar las corrupciones en la vida social. Recordemos que es en la familia, a lo largo de la historia de la humanidad, donde han surgido los grandes hombres. Que la ley la proteja a la familia, que los padres atiendan a sus hijos, que los hijos obedezcan a sus padres, y que todo cambio social pase por la institución de la familia. Respetemos esa cadena humana maravillosa hecha por Dios. Que nuestra madre, la Virgen, y ese amor a Dios, unido a la justicia, el perdón y la familia, conformen el esquema para el año 2004, que deseo a todos les sea mucho más favorable, para que Cristo esté en el centro de los corazones. Así sea. |
| [Reseña histórica de
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