- Domingo, 1 de febrero de 2004 -

HACIA EL CAMINO DEL AMOR

Queridos Hermanos en Cristo Jesús:

Quiero dirigirme al pueblo de Dios en Cusco y Arequipa, donde ya se encuentran monseñor Ugarte y monseñor José Ríos, cumpliendo con el encargo del Santo Padre, quien los designó como arzobispos de estas jurisdicciones. Desde aquí mi oración, mi amistad y mi cercanía a estos pueblos de Dios, en esa unidad maravillosa con Cristo que ha hecho de la iglesia una casa común.

Hoy la Epístola de San Pablo a los Corintios nos habla de algo muy necesario y bonito. Nos dice: “ambicionemos los carismas mejores” y “les voy a mostrar un camino excepcional”.

Hermanos, ahora es cuando necesitamos más que nunca mirar a Dios y recordar que Cristo está con nosotros. Digo esto porque muchas veces uno mira alrededor, a veces en la propia familia, a veces en el ambiente en el que se mueve, y encuentra un poquito de pesimismo y dificultades ante las que tiende dejarse absorber.

Si no tengo amor

San Pablo nos está diciendo: “Les voy a mostrar un camino excepcional”, y nos lo enseña agregando: “Ya podría yo tener lenguas y hablar todos los idiomas pero si no tengo amor no soy más que un metal que resuena puro ruido. Ya podría tener un don de profecía y adivinar el futuro, si no tengo amor no sirve para nada; y ya podría yo repartir limosnas, si no tengo amor no sirve para nada”.

San Pablo nos quiere mostrar este camino excepcional reflejado en el amor, aquel secreto que hoy nos damos cuenta, nos ha faltado en nuestras vidas.

¿Por qué me ha faltado ese esfuerzo en el trabajo?. Por amor... Lo estaba haciendo sin ganas, me ha cansado, me ha aburrido. ¿Por qué no he sabido sonreírle a mi hijo o a mi esposa, por qué no he sabido tener un poquito más de paciencia?. Me ha faltado amor.

Cómo saber si amo

Cuántas veces recordamos las palabras de San Juan de la Cruz: “Al final de la vida, el señor te juzgará sobre el amor”. Si es tan importante, entonces vale la pena preguntarse cómo puedo saber si amo o no amo.

El amor es darse y entregarse, no es sacar provecho, cobrar o pasar factura por el favor. El amor tiene su origen en Dios, quien nos amó tanto que envió a su hijo Jesucristo, aún hasta hoy modelo del amor.

A veces desde la cruz, a veces desde ese niño enfermo, a veces desde esa dificultad económica, Jesús me está diciendo: “Ama, no tengas miedo, aprende a decir perdón, gracias, por favor”.

Cuantas veces uno anda por la calle mendigando una sonrisa. ¿Quién me sonríe? No quiero ni dinero, ni trabajo, quiero una sonrisa. ¿Por qué no participar todos en esta cruzada de una sonrisa?.

Cuántas veces simplemente me gustaría escuchar en mi hogar, en mi trabajo, aquella palabra tan breve: “Gracias”. Le da otro color a la vida. O “por favor, me puede usted llevar a tal sitio”, en vez de esa frase dura y fría “cuánto me cobra”. Esas pequeñas palabras son síntomas del amor.

Nada es igual

Le decían a un artista: “¿Usted no se cansa de pintar siempre los mismos colores, los mismos cuadros, estos paisajes”. Su respuesta fue: “Yo no pinto nunca igual. Siempre pinto algo nuevo”.

Hermanos, en el amor pasa lo mismo. No hay dos días iguales, no hay dos misas iguales, no hay dos veces en que yo le diga a un amigo: “gracias” o “por favor”. No hay dos veces en que yo sonría igual. Vamos a pedirle a Jesús: “ayúdanos a saber incorporar a nuestra vida esa maravilla que es el amor”.

No al egoísmo

No le tengas miedo al dolor porque no es algo físico. Se produce porque me han dicho algo que no me gustó, porque no me han dado la razón, porque siempre discuten conmigo.

En el fondo ese dolor es el egoísmo y la soberbia que reclama: “yo tengo la razón”. Aprende a pisar un poquito tu yo. No dejes que se levante como si fuera el dios. Dile al señor: “Quiero ser un hombre, una mujer, un joven, un niño, un enfermo que sabe sonreír, que sabe decir por favor, que sabe decir gracias”.

En estos días la sociedad nos reclama tener esa fibra, credibilidad, deseo de ayudarnos, ilusión de construir juntos una familia, una sociedad, en donde tú puedas aspirar –como dice San Pablo- a cosas mejores.

Comprometidos

Realicemos esa cruzada de saber amar con pequeñas obras: una sonrisa, el agradecimiento, el pedir perdón, el tener una conversación positiva.

Por qué siempre criticar, por qué no resaltar lo bonito, por qué no unirme a la alegría o al dolor del que me acompaña, y no dejarme llevar por la crisis, por esa conversación un poquito negativa. Cuántos hogares quieren que esa luz del Amor se encienda. Ese es el camino excepcional que San Pablo nos quiere mostrar hoy.

En el evangelio, Jesús, el maestro, empieza a enseñar a sus amigos y la respuesta que le dan es: “Médico, cúrate tú mismo. ¿Acaso no eres el hijo de María y de José? ¿Por qué piensas que eres mejor que nosotros?”. Jesús les responde con esa frase que ha quedado grabada en la historia: “Nadie es profeta en su tierra”.

Entonces hermanos, empecemos cada uno en nuestras casas, en el trabajo, en la familia, para llevar esa alegría del amor. No hablemos de defectos sino de amor, comprensión y cariño.

La Gran Misión Remar Mar Adentro nos dice: “Centrémonos en el misterio de Jesucristo”. Para poder ser discípulos suyos hemos de esforzarnos para conocer a Jesús.

Que nuestra madre nos lleve por ese camino.

Así sea.

 
 

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