
- Domingo, 25 de enero de 2004 -
| “LA IGLESIA ES EL CUERPO MÍSTICO DE CRISTO” Queridos hermanos en Cristo Jesús: Con la alegría de siempre, como cada domingo, procuramos encontrar en la presencia de Dios algo nuevo para nuestra vida. Y hoy meditamos lo que el Señor nos dice en el evangelio: “mis palabras son espíritu y vida, y yo siempre tengo algo nuevo para ti; porque cada domingo que me vienes a ver, a través de tu obispo que comenta la palabra de Dios, se levanta algún pensamiento en tu corazón, en tu mente, y se ve algo nuevo”. El Señor siempre tiene la bondad de darme una ilusión, de quitarme una preocupación o de llenarme de esperanza, porque él siempre está vivo y actuando. Eso es lo que hoy quisiéramos entender hoy, cuando San Pablo nos explica cómo es la Iglesia Católica. Por ello, fíjense en lo que nos dice San Pablo: “el cuerpo es uno, pero tiene muchos miembros, y todos los miembros -a pesar que son muchos- sólo forman uno. Pues así también es el cuerpo de Cristo”. No olvidemos entonces que la Iglesia es el cuerpo místico de Cristo. MUCHAS VECES SÓLO VEMOS LA PARTE HUMANA DE LA IGLESIA Todos necesitamos diariamente las funciones que cumplen las orejas en nuestro cuerpo, porque gracias a ellas es que podemos oír, así como gracias a la vista es que podemos ver. Pues de la misma manera, la Iglesia también tiene muchos miembros -personas solteras, casadas, jóvenes, ancianos, enfermos, pobres, gente de grandes ideas y que viven en diferentes lugares- que forman juntos el cuerpo de Cristo. La Iglesia Católica es el cuerpo místico de Cristo, por ello es importante que nos demos cuenta que formamos parte de él, y que nos preguntemos si estamos cumpliendo nuestra función, porque Cristo como hijo de Dios, es quien entrega su cuerpo en cada eucaristía para alimentarnos. Es importante que cada uno de nosotros le diga al Señor en oración: “soy parte de tu cuerpo y por eso quiero ayudarte, aunque sólo sea la mínima parte de la Iglesia”. Porque ese cuerpo de Cristo que es la Iglesia tiene una luz, un misterio, que representa la entrada de Dios en el mundo. El Papa nos pide: “miren el rostro de Cristo, contemplen a Cristo, sean amigos de Cristo, lean el evangelio para conocer la vida de Cristo, porque él es verdadero Dios y verdadero hombre”. De la Iglesia también podemos decir que tiene una cara divina, como Cristo, verdadero Dios, y una cara humana, como Cristo, verdadero hombre. En la Iglesia vemos muchas veces sólo la parte humana, es decir al obispo, al sacerdote, al templo, sin pensar en lo que el mundo de hoy nos pide: “Iglesia, muéstranos tu cara divina, muéstranos la presencia de Dios en el mundo, muéstranos en tu silencio el poder de la oración, muéstranos que con esa vida de Cristo puedes alegrar el corazón, ayudar a que haya más justicia y enseñar a comprendernos”. “Muchas veces vemos en la Iglesia sólo su rostro humano, y entonces decimos “no me gusta la Iglesia”, tal vez porque un sacerdote no actuó como quisiéramos, o de repente criticamos a la Iglesia, a un Obispo, o al Cardenal, olvidando lo que nos dijo San Pablo: la Iglesia es el cuerpo de Cristo, y todos los bautizados somos parte de ella”, ILUMINA, SEÑOR, UN MUNDO QUE APARECE OSCURO Por ello es urgente pedirle al Señor: “muéstranos esa cara divina de la Iglesia, e ilumina un mundo que a veces se presenta oscuro, y una humanidad que muchas veces clama al cielo para ver tu rostro”. El mundo quiere ver el rostro de Dios, como nos dice San Lucas en el evangelio: “Cristo dice: “mi Padre me ha enviado para anunciar el evangelio a los pobres, para que no pensemos que esa luz de Dios va unida sólo a los que tienen poder o éxito”. Esa pobreza de la que habla Dios es no sólo ver cuánto dinero tienes, o cuánto empleo tienes, sino está en ver si tu corazón busca el rostro de Cristo en el enfermo, en el pobre, en tus hijos, o en las dificultades. ¿Tienes en el corazón espacio para querer a los demás, o te preocupas demasiado del dinero, de lo que piensan de ti?. Recordemos que esa luz que ilumina el mundo, la luz divina, nos dice sobre el mismo Cristo: “él ha sido enviado para anunciar el evangelio a los pobres, y para anunciar a los cautivos del pecado, la libertad”. ¿No estarás preso en una pequeña jaula, en donde la cólera, la envidia, la mentira, el maltrato, te tiene dominado? Piénsalo, porque Cristo anuncia que viene a liberar a los cautivos del pecado. Cristo ha venido para decirte: “con mi luz, eres libre para amar, para alejarte de lo que te haga daño a ti y a los demás”. ¿No es verdad que una Iglesia así nos ayuda a llenar de esperanza la vida diaria, la casa, el hogar?. Porque muchas veces encontramos en el mundo de hoy, que buscan una palabra para torcerla, y crear un problema. Cuántas veces en el mismo hogar, un gesto de tu esposa o una palabra del hijo es malinterpretado y se crea una división, con lo cual ya estás cautivo de una distancia creada entre padres e hijos, entre esposa y esposo. El Señor ha venido para decirte entonces: “mira mi rostro, te escucho, te veo, te quiero. Créeme y verás como te doy respuestas para que abras esa jaula y seas libre, feliz”. LA IGLESIA ES UNIDAD, EL CUERPO DE CRISTO VIVO Sigue diciendo el evangelio: “Cristo vendrá para devolverles la vista a los ciegos, para darle libertad a los oprimidos, para anunciar el año de gracia del Señor”. Porque Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida. Cristo es el Camino por medio de los mandamientos, que son diez, la Verdad por la profesión de la fe, el Credo, que rezaremos en unos momentos, y también es la Vida, a través de los sacramentos. Tres elementos que conforman la Iglesia, y que se nos presentan diariamente. Contemplemos hermanos, a la Iglesia que es una unidad, el cuerpo de Cristo vivo, y pidamos a Dios: “Señor, muéstranos tu rostro, esa dimensión de lo invisible, de lo divino, porque eso es lo que falta hoy en el mundo, lleno de tecnología, de progreso, de tantas cosas buenas. Pero al mundo le falta el misterio de su creador, del amor de Dios, el misterio de la cruz, de la eternidad; el misterio por el cual somos hermanos en Cristo, y por lo tanto, debemos amar a nuestra Iglesia con obras”. Por ello los convocamos a la Gran Misión que realizaremos en Lima, que se llama “Misión Remar Mar Adentro”, y que nos invita a conocer a Cristo, a amar a Cristo, a estar con Cristo, y a llevarlo a mucha gente, luego de prepararnos en todas las parroquias de Lima donde se enseña la catequesis. Acude entonces a tu parroquia, habla con tus amigos, y convócalos a participar en esta Gran Misión Remar Mar Adentro. Le pedimos a la Virgen María: Madre mía, ayúdanos a acercarnos más a tu hijo, a amar más a la Iglesia, a pedirle a Jesús que ilumine con el misterio de la fe a este mundo que a veces está un poco frío, y a la familia peruana que a veces está un poco desconcertada por noticias que le dejan el espíritu inquieto. Así sea. |
| [Reseña histórica de
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