Homilía de Monseñor José Antonio Eguren,
Obispo Auxiliar de Lima

- Domingo, 1 de agosto de 2004 -

Monseñor José Antonio Eguren:
“No acumules tesoros en la tierra,
hazte rico ante Dios por tus obras de amor”

Queridos hermanos,

Estamos celebrando el día de hoy domingo el día del Señor, es el día en que los cristianos nos reunimos para celebrar con gozo a Cristo resucitado, vencedor del pecado y de la muerte, y que nos convoca sobretodo a reunirnos en la asamblea eucarística para escuchar su palabra y para recibirlo en el misterio de su Cuerpo y de su Sangre.

Para muchos de ustedes sobretodo para los enfermos y para los ancianos imposibilitados para acercarse el día de hoy a las iglesias, que reconfortante es el que a través de las ondas de la televisión podamos encontrarnos con esta palabra de Cristo que nos ilumina.

No acumulemos tesoros en la tierra

El evangelio de hoy domingo, nos presenta un hecho en la vida de Jesús, nos dice San Lucas que, mientras Jesús caminaba hacia Jerusalén una persona se le acerca y le dice: “Maestro dile a mi hermano que reparta la parte de la herencia que me corresponde y que no me la quiere dar”.

Y Jesús hace ocasión de este pedido para contarnos una historia, una parábola de esas que al Señor le gustaba contar y dejarnos a través de ella sus enseñanzas de vida.

Esta parábola, que creo alguna vez habremos escuchado, es la de ese hombre rico que tuvo una gran cosecha que ni siquiera el pensó en tenerla. El evangelio dice que se puso a echar cálculos y se decía: “Qué haré ha sido tan grande la cosecha de granos y de trigo que he tenido, que no tengo dónde almacenar”

Y se dijo: “Haré lo siguiente, derribará los graneros y construiré otros más grandes y almacenaré allí todos los granos y el resto de mi cosecha y entonces mi diré a mi mismo hombre tienes bienes acumulados para muchos años, túmbate, come, bebe y date buena vida”.

La alegría de dar

Y al final de la parábola, lo dice Jesús, que Dios le dijo: “Necio, esta noche te van a exigir la vida, lo que has acumulado de quien será, así será para el que amasa riquezas para sí.

Veamos un poquito la actitud del personaje de la parábola que es sumamente interesante, este hombre rico que tiene una gran cosecha y en vez de ponerse a decir: Dios me ha bendecido con una cosecha maravillosa, tengo más de lo que necesito para mi y para los míos, en vez de decir compartiré con los pobres, necesitados y hambrientos aquello que tengo de demás.

¿Cuál es su actitud?, la codicia y la avaricia, en decir haré graneros más grandes, guardaré todo y me daré la gran vida. Es decir, como tengo ya todos mis bienes acumulados para muchos años, túmbate, échate, come, bebe y date la gran vida.

¡Qué triste es la actitud que Jesús nos revela y nos muestra en este personaje rico de la parábola! Sin embargo, es lamentablemente la actitud de muchos en los tiempos que nos ha tocado vivir, se ha perdido la alegría de dar, se ha perdido muchas veces la solidaridad, se ha perdido lo que nuestros padres y nuestros abuelos practicaban la caridad, el saber compartir.

En el fondo lo primero que Jesús nos quiere advertir en la parábola de hoy es eso, si Dios te ha bendecido con bienes, pues compártelo, ten sensibilidad con aquel que esta en una situación de pobreza de necedad de hambre. Vive la alegría de dar, esa alegría de dar, queridos hermanos, que en el fondo el día de hoy se nos ha revelado.

Que la Gran Misión nos lleve a ser solidarios

Estamos viviendo tiempos de Gran Misión, la Gran Misión Remar Mar Adentro y uno de los frutos maravillosos que la Gran Misión tienen que producir en nuestra vida cristiana, personal y en la vida también de nuestras comunidades, es recuperar esta alegría de dar siguiendo la máxima de Jesús, que San pablo recoge. “Hay más alegría en dar que en recibir”.

En el fondo la Gran Misión nos tiene que llevar a ser testigos del amor de Cristo, sobretodo en la vida de los más necesitados, de los que más sufren de los que menos tienen.

Si hay algo que la Misión Remar Mar Adentro nos debe dejar en nuestras vidas es la solidaridad, es ese ver al hermano en necesidad en los brazos de ese Cristo que sufre y salir al auxilio de ese hermano brindándole todo el amor, todo el calor y toda la ayuda que podamos brindarle según en máximo de nuestras posibilidades y nuestras capacidades.

¡Qué hermoso sería que en nuestras comunidades como fruto de la Gran Misión Remar Adentro fuesen comunidades que se distingan por esa caridad por ese amor al prójimo! Sin acepción de personas es decir sin privilegiar a unos y a otros no, que nuestra caridad sea generosa, sin distinción de raza, sin distinción de ningún tipo.

Nuestra vida no depende los bienes materiales

Pero creo que la enseñaza del evangelio de hoy va en el fondo hacia algo más y es lo seguro que a veces nos sentimos las personas, Jesús nos dice claramente en el evangelio de hoy, nuestra vida no depende de nuestros bienes, cuanta gente se siente tan segura de sí misma a través de las cosas que tiene.

Acaso no hemos tenido muchas veces en nuestra vida la experiencia de cuan frágil puede ser la existencia humana porque la muerte o la enfermedad de un amigo o de un ser querido nos ha chocado de cerca.

Cuan ilusos a veces somos, cuan tontos somos de creernos tan seguros en la vida, organizamos nuestras agendas, nuestros proyectos, nuestros planes, nuestras jornadas y nuestros días, nos auguramos que tendremos un mañana, que, en realidad nada ni nadie nos puede asegurar.

Seamos ricos ante Dios

En el fondo la enseñanza de Jesús va también a eso, no pongas tu confianza en los bienes, que los bienes que tengas no te hagan andar por la vida sobrado y excesivamente seguro, tu vida tiene que estar puesta en Dios, tu seguridad tiene que estar puesta solo en Él.

Y por eso el remate de la enseñanza de hoy no puede ser más hermoso cuando dice hablando de este rico necio, “necio esta noche te van a exigir la vida, lo que has acumulado de quien será”, así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.

Nadie puede decir que va a tener un mañana, nadie puede tener asegurado el mañana, nadie puede decir que mañana seguirá viviendo, por eso, por un lado Dios tiene que ser nuestra confianza, sólo en Él tenemos que poner el sentido de nuestra vida. Pero mientras Jesús y el Señor nos conceden días en nuestra vida seamos ricos ante Él y eso significa crecer en obras de caridad.

Atesoren tesoros en el cielo

En otro pasaje del evangelio el Señor era muy claro y nos decía atesoren tesoros en el cielo donde la lumbre y la polilla no los pueden corromper y que significa este atesorar tesoros en el cielo, significa nuestras obras de caridad.

San Juan de la Cruz tiene esta frase siempre me gusta repetir y me la repito a mí mismo muchas veces, “en el atardecer de tu vida de una sola cosa serás juzgado: de amor”. Cuando tengamos que presentarnos ante el Señor, puede ser hoy, puede ser mañana puede ser dentro de muy poco o puede ser mucho más adelante, el Señor nos va a pedir cuenta de una sola cosa, de cuanto amor supimos en nuestra vida expresar y dar a los demás.

El cielo no nos lo vamos a conquistar con los honores y las riquezas ni con los títulos ni con el oro ni con la plata que hayamos acumulado aquí, todo eso se quedará acá. Lo único que nos abrirá las puestas del cielo y que hará que nuestro cielo sea hermoso, será cuánto amor en nombre de Cristo supimos expresar y volcar en la vida de los demás.

Por eso con lo mucho o con lo poco que el Señor te haya bendecido, conviértete en instrumento de su amor en la vida de los demás, esa es la gran enseñanza del evangelio de hoy, hazte rico ante Dios por tus obras de amor, de justicia y de caridad, hazte rico ante Él, atesora un tesoro en el cielo. Y así cuando el Señor te llame, porque rica ha sido tu vida de amor, tu vida cristiana de caridad, así será de grande y maravilloso tu cielo.

Que el Señor los bendiga en este mes de agosto que estamos comenzando, mes en que vamos a recordar y celebrar a Santa Rosa de Lima, pues que la Santa Limeña nos recuerde con su vida de amor a los pobres y los enfermos, ésta que es y debe ser la tarea del cristiano de todos los tiempos y hasta el final.

Y que sea también el signo por el cual hoy nos reconozcan a los que caminamos gozosos en esta etapa de realización de la Gran Misión Remar Mar Adentro, con todo cariño les imparto la bendición a todos ustedes y también a todos los familiares y amigos, y con especial dedicación a los enfermos y los ancianos. Amén.

 
 

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