Queridos hermanos:
Hoy domingo hemos tenido la enorme alegría de tener al Señor de los Milagros en la Catedral de Lima. Como todos los años cuando contemplamos la imagen de Jesús crucificado con una tradición de más de 350 años.
Lima entera se remueve, ancianos, adultos, jóvenes y niños sale a las calles. Son promesas, son alegrías, son la vida misma de este pueblo peruano, por eso el pastor de la Arquidiócesis hoy con gozo los saluda, invitándolos a acercarse al Santuario de Las Nazarenas y sobretodo acompañar la procesión del Cristo de Pachacamilla, como han hecho nuestros abuelos y bisabuelos.
Un regalo misericordioso de Dios
Te leo unas palabras del Santo Padre para que entiendas bien qué significa para nosotros esta tradición en la historia de la Iglesia, no solamente de Lima o del Perú, sino del mundo entero.
Nos dice el Papa Juan Pablo II: Ante todo este es un regalo misericordioso de Dios. La historia de la salvación de tu alma, es una historia admirable de la reconciliación. Dios padre reconcilia, une al mundo contando con la sangre en la cruz de su hijo hecho hombre y así empieza una familia nueva, reconciliada.
Cuantas veces -y esto es algo que todos llevamos en el corazón-, vivimos a veces angustiados por la pobreza o vivimos en esa pelea interior por problemas en la casa o en trabajo, por los pecados, porque hemos tenido tal vez un momento malo y parece que se hace la noche, todo está oscuro.
Esa es la vida hermanos, siempre lo ha sido y siempre hemos tenido en la presencia del Señor de los Milagros esa maravillosa ocasión en la que las aguas vuelvan a su cause. Tu alma, la mía, vuelvan a tomar de esa fuente el optimismo, la esperanza, la paciencia, la serenidad, pero para esto hace falta coraje, no todo es fácil en la vida.
No podemos decir que todo tiempo pasado fue mejor. No es verdad. Cada día tiene su propio afán en tu vida y en la mía, por eso este mensaje de reconciliación es el que el Señor de los Milagros nos brinda al tocar la puerta de tu corazón y decirte: ¡ábreme! para que de esa manera pueda yo ayudarte.
Y vemos en este documento del Papa la reconciliación y penitencia. Él nos dice: La Iglesia -y yo como pastor- hoy nos ofrece unos caminos. En primer lugar la conversión del corazón.
Saca de tu corazón –y yo del mío, somos todos iguales- cóleras, fastidios, pequeñas venganzas, malos pensamientos de los demás, críticas. Saca todo esto de tu corazón, no te hace bien.
Si quieres corregir busca a esa persona y dile con cariño, exigencia y con paciencia, pero díselo a solas, más no con el corazón lleno de cóleras, resentimientos, envidias, odios, violencia; por eso lo primero que nos dice el Señor de los Milagros es convierte tu corazón.
La conversión de tu corazón nos lleva a la victoria del pecado
Que esas noticias malas, que esos problemas que te agobian al pasar por tu corazón se conviertan en paz, en acción de gracias, en petición de perdón, en fin en un corazón que convierte las cosas malas, difíciles, preocupantes en motivos de reza más.
Abandónate en manos de Dios. Habla con tu esposa o con tu marido, vuelve a intentar con tus hijos, acércate con paciencia a ese amigo, pero no des por perdida la batalla, que tu corazón sea como ese filtro que con la ayuda de Dios, en este mes morado, en el que multitudes miran a Jesús, tú también puedas acércate y decirle: dame ese corazón como el tuyo, para que yo pueda también sembrar paciencia, cariño, alegría, optimismo.
Cuánto nos pide este país optimismo, esperanza. Y nos dice el Papa que también ese camino de la conversión del corazón nos lleva a la victoria sobre el pecado. ¿Qué pecado? El mismo lo señala, el egoísmo y la injusticia, en lo acostumbrado que estamos en pensar en qué cosa me beneficia. Qué acostumbrados estamos a maltratar a los demás. No hermanos, esto nos hacen daño.
Así también la explotación de los demás, el apego a los bienes materiales o la búsqueda desenfrenada del placer. Por eso fíjate si no estas metido en ese mundo y si es así busca la manera de salir acercándote a la Iglesia que siempre está para decirnos escucha con amor, con paciencia, con profundidad, la palabra de Dios, escucha qué te dice Dios.
Fomentemos la oración
Sí el mismo Cristo, el que sale hoy por las calles, es el que te señala: “estoy presente, escúchame, luego la oración personal, esos ratos de silencio. Qué necesidad de fomentar la oración en este mundo lleno de ruidos, de odios y peleas que se aleja de Dios y es necesario el silencio cultivarlo con calma para meditar delante de Dios que puedo hacer, porque estoy triste, porque Señor si eres tan bueno no me ayudas más, cuántos propósitos saldrán de nuestras propias vidas y de los sacramentos.
Los sacramentos que son como las pisadas de Jesús en el mundo de hoy y una de esas pisadas es el sacramento de la confesión, no será que no ir a la confesión es como olvidarse de ir al médico. Quiero curarme pero nunca voy al médico, nunca tomo una pastilla, nunca me hago una radiografía, nunca quiero saber lo que me pasa.
Piensa que la confesión es ese Cristo, el sacerdote, que como juez y como médico en nombre de Dios por los dones de la Cruz, por esa sangre derramada por Cristo limpia tu corazón y tus pensamientos y te dice hijo mío, hija mía no pasa nada, mírame, contémplame, cultiva la oración, vuelve a ese camino, pisa donde pisó Cristo. Acércate a la confesión y a la Eucaristía –el cuerpo de Cristo-, y verás, como recuperas otra visión de la vida.
Todo esto hermanos en un mes como el que estamos empezando con el Señor de los Milagros nos ayuda a contemplar con esperanza los milagros que Él hará en los corazones de todos los peruanos. Qué Él bendiga sus hogares, que Él los lleve por ese camino de la conversión del corazón.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.