- Domingo, 4 de abril de 2004 -

Al empezar la Semana Santa

Cardenal Juan Luis Cipriani:
“Que nadie quede indiferente
ante ese Jesús nuestro que va a caminar
estos días por los caminos del dolor por amor”

Hermanos y hermanas,

Hoy iniciamos la Semana Santa, es Domingo de Ramos, día en el que conmemoramos al Señor entrando triunfando a Jerusalén y el pueblo lo recibe con enorme gozo.

Recuerdo mis días de Ayacucho. Esa procesión tan bonita por la tarde, en que desde el Monasterio de Santa Teresa, todo el pueblo ayacuchano venía por la calle 28 de julio hasta la plaza de armas, con el Señor cargado en un burrito, con los apóstoles, con las palmas y con una alegría inmensa.

Hoy el Señor está entrando en triunfo, pero preparándose para lo que llamamos la Semana Santa. Semana que culminará con la resurrección de Cristo, pasando primero por la cruz.

Jesús deseaba “enormemente” comer esa comida antes de padecer

Reflexionemos juntos. Cuando Jesús llega a Jerusalén montado en ese burrito y la gente lo aclama como rey. Jesús está preparando la última cena y nos dice el evangelio - en palabras que nos ayudan mucho a entender lo que Dios nos quiere decir – Jesús deseaba “enormemente” comer ésta comida antes de padecer.

La palabra “enormemente”, nos lleva entender que Jesús quiere con mucha ilusión, entusiasmo y amor, cenar con sus discípulos y les tiene preparada una gran sorpresa. Por que el alimento de esa Ultima Cena es su Cuerpo.

Jesús entra a Jerusalén con el entusiasmo de preparar la Ultima Cena, en donde el alimento va a ser su Cuerpo. Como lo recordamos cada día en cada misa. Cuando el sacerdote repite estas palabras: “este es mi Cuerpo, esta es mi Sangre, hagan esto en memoria mía”. Ese primer paso de la Ultima Cena empieza con la alegría, con el gozo y la sorpresa del misterio.

Que la Semana Santa nos acerque a la confesión

Hermanos yo les pregunto: ¿cuántas veces comemos el cuerpo de Cristo indignamente? De repente no estamos preparados, no hemos pasado por una confesión o tenemos el alma sucia, y nos privamos de ese alimento.

Estos días de Semana Santa, son días estupendos para acercarse a la confesión y poder recibir el cuerpo de Cristo como El lo desea “enormemente”.

¿Cuál es el espíritu de Jesús, hoy en tu casa, en tu vida? - Seas joven o anciano -, Jesús le está diciendo a cada uno: “tengo unas ganas “enormes” de darte mi cuerpo, pero te pido que estés con el alma limpia”.

Acordémonos también del sufrimiento de María

Hermanos, pensemos también en María, una vez que termina la ultima cena, María, su madre, estaría ahí con El, sirviendo, acompañando, a los discípulos. Es un momento de gozo también para Ella.

María ha escuchado también de Jesús la historia: “mamá conviene que venga el día en que tendré que irme, mi Padre me ha enviado para morir en la cruz”. Ella lo sabía todo. Imaginemos ¿cómo sería la despedida de María, cuando Jesús deja la habitación de la Ultima Cena y se va a rezar?

El se dirige al Huerto de los Olivos, donde reza con tanta ilusión. Yo les pido hermanos que recen también, para no caer en la tentación o en el desanimo. Pídanselo a María.

¿Podrías ser tú, ese Pedro que se arrepiente?

Encontramos en el evangelio de este domingo a cerca de la pasión del Señor, diferentes personajes, es decir, las diferentes reacciones frente a su pasión. Vemos a Pedro que le promete al Señor defenderlo, le dice que él no va a permitir que nadie lo maltrate.

Pedro es un hombre vehemente, es un hombre entusiasta y valiente, pero tal vez es un poquito soberbio. Por que él piensa que puede solo. Pero Pedro ama a Jesús.

Sin embargo, - ya lo sabemos - una empleada que estaba ahí preparando el horno, preparando el calor durante el interrogatorio, le dice: “¿creo que tú eres de los amigos de Jesús? Y ese hombre valiente, ese hombre que ha cortado con el cuchillo la oreja a unos de los soldados que toman preso a Jesús. Ese hombre fuerte, tiene miedo y dice: “No, no lo conozco”.

A veces somos así, somos gente de gran empuje, de gran inicio, pero cuando viene la contradicción, el desanimo, cuando vienen tiempos duros, dices: ya me cansé, no puedo.

Sin embargo, Pedro después de negarlo, tiene esa honradez, esa humildad, él va donde Jesús, le mira de lejos no sabe qué hacer. Y llora. Pedro llora porque ha traicionado a Jesús y se da cuenta de su error.

Hermanos podemos ser vehementes, valientes o impulsivos. Podemos pasar por la debilidad, por nuestros errores y después le decimos a Jesús con mucha fe y confianza en El: perdóname Señor te prometí todo y he fallado. Y me acerco a la confesión.

Esta Semana Santa ¿Serás como María?

Ese es Pedro, que se acerca nuevamente a Jesús, ¿Serás tú Pedro?, o ¿Serás tú como María la Madre de Dios? Mujer valiente discreta que no hace ruido, pero como buena mamá está siempre siguiendo con la vista. ¿A dónde está su hijo, qué le está pasando? Y en qué momento le puedo dar una mirada de ánimo.

Vemos a María, valiente, como todas las mujeres, más valientes que los hombres. Ella sigue todo ese caminar de Jesús, toda su pasión hasta llegar a la muerte de su hijo. Hasta que Jesús al verla le dice: “ahí tienes a tu hijo” y nos encomienda a todos. Nos deja a María, lo último El que tenía, su mamá, y nos dice ¡tómala!

María, con qué cariño sigue al lado de su hijo y como buena mamá lo quiere proteger. Es valiente. Pero tampoco se engaña, sabe que Jesús debe cumplir la voluntad de Dios. Y yo les digo ¡Mujeres, sean pues, mamas valientes y amorosas cerca de María!

¿Serás como Verónica, llena de compasión y cariño?

¿Será ese tu papel, el de María? O el de Verónica, aquella mujer que va con un velo para secar el rostro de Jesús, ¿no puedes también tú a veces en tu hogar, con tus amigas, con tus hijas, tener esa palabra que anime, que de compasión, que de cariño? Y secar el rostro del desanimo, del pecado; para que tus hijas o tu esposo sigan adelante. Ahí tienes a Verónica, quien pasó rápidamente pero dejó huella.

No seas nunca como Judas

Pero no puedo dejar de comentarte que también tenemos a un personaje tristemente famoso, Judas, quien llevaba el dinero, era tesorero de los apóstoles. El defendía a los pobres con la boca, pero no con las obras.

Cuando llega el momento se pone de acuerdo con los que quieren matar a Jesús. Y dice: “a quien le daré un beso ese será el salvador”. Qué tragedia, el beso que es la expresión de amor se convierte en señal de la traición.

Espero que ninguno nosotros, ni sea, ni quiera ser, ese Judas. Sin embargo todos de alguna manera lo tenemos ahí, todos tenemos a veces ese Judas que miente, que engaña, que no quiere encontrar la verdad, que quiere quedar bien con un beso. Sabemos que Judas queda en la historia de la humanidad como el traidor . No seamos como lo fue él.

Que nadie traicione el amor de Jesús

Y así vamos viendo un Pilatos y un Herodes, los poderosos hipócritas, débiles, miedosos, que no se atreven a buscar la verdad frente al pueblo, que se lavan las manos. Lo mandan a azotar. También hay de esos que no dejan que busquemos la verdad.

Hermanos entramos a la Semana Santa, semana de amor, semana de dolor, semana de esperanza, que nadie quede indiferente ante ese Jesús nuestro que va a caminar estos días por los caminos del dolor por amor, que nadie se quede en su casa escondido y traicionando, que todos veamos en el dolor de la pasión, el amor de la resurrección.

Que el señor los bendiga a ustedes y sus hogares. En el nombre del padre y del hijo y del Espíritu Santo.

Así sea.

 
 

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