Queridos hermanos en Cristo,
Este domingo quiero compartir con ustedes una alegría, el día de ayer celebré 16 años desde que recibí el episcopado, todavía recuerdo aquella época en la Catedral de Lima, cuando el Cardenal Juan Landázuri al imponerme las manos me permitió entrar en el colegio episcopal. Para luego ser enviado a Ayacucho como Obispo auxiliar.
Ayacucho: enseñanza para un buen pastor
He pasado en esas tierras diez largos años, desde aquí mi saludo, mi bendición, mi gratísimo recuerdo a tantos amigos y amigas de todo el territorio de la Arquidiócesis de Ayacucho. Y mi saludo al actual Arzobispo Monseñor Sebastiani, a quien le pido oraciones, para que esa cruz que el Señor nos pone, sea llevada con amor.
Los Obispos tenemos en el pecho una cruz que no es una señal de condecoración, es la señal de llevar por Cristo todo el peso, el trabajo y el sacrificio que supone cada día anunciarlo, “oportuna e importunamente”, decía San Pablo.
Para mí han sido años intensos, gozosos y difíciles, pero siempre aprendiendo de este pueblo católico en el Perú, que con bondad, cariño, amistad y su cercanía me han dado, muchas veces, lecciones de lo que debe ser el corazón de un buen pastor.
Por eso al compartirles este aniversario espero que me acompañen con sus oraciones, para ser ese buen Arzobispo, para ser ese buen Cardenal que quiere Cristo; que solo Él aparezca y que yo sea un instrumento dócil en sus manos.
La Gran Misión también abre las puertas de tu corazón
Hoy la palabra del evangelio es muy bonita para nosotros que estamos en la Gran Misión Remar Mar Adentro. San Lucas nos cuenta que Jesús escoge 72 discípulos y los manda de dos en dos, a todos los pueblos y a todos los lugares donde pensaba ir Él.
Hermanos, hoy que me dirijo a ustedes para decirles que tal vez Jesús quiere ir a tu alma, a tu familia, a tu conciencia con una palabra de ánimo, con un momento de compañía, de cariño, tal vez me manda por delante como estos discípulos, para que abra las puertas de tu corazón y sea Cristo y el Espíritu Santo, el que entre, te enseñe y te ayude en tu camino.
San Lucas también nos cuenta que, al salir los discípulos, Jesús les dice: “la mies es abundante y los obreros son pocos”. Con esto nos dice que hay mucho trabajo al llevar a Cristo a los hogares y que hay pocas personas para predicarlo y para mostrarlo con su ejemplo.
Como lo quiere Cristo
Yo les digo, esto sucede desde el comienzo de la Iglesia, por eso esta Gran Misión Remar Mar Adentro, hace eco del mandato de Cristo: vayan a todas las casas, a todos los barrios, colegios, hospitales, a todos los rincones, a tus amigos a quienes tengan a tu lado, para predicar su palabra.
Además, Jesús les dice a sus discípulos: “pónganse en camino, miren que los mando como corderos en medio de lobos”. Por ello les digo que no es extraño que tantas veces al anunciar a Cristo se encuentren respuestas y reacciones que no son favorables.
Lo dice Jesús, que nos envía como corderos, que nos envía no de una manera ingenua o ignorante, pero sí sabiendo que nuestra tarea es ofrecer. Ofrecer una palabra de esperanza, explicar dónde está Cristo, decir cómo se debe confesar, enseñar cómo es la Iglesia, todas estas enseñanzas son lo que nos pide Cristo.
El egoísmo nos aleja de Cristo
Sin embargo hay épocas en la que parece que el mensaje de Cristo está como oculto entre la nieve, oculto entre las nubes, como si estuviera a veces enterrado.
Cuando Jesús nos dice que nos ofrece el perdón, ¿por qué no creemos que la confesión nos lleve al perdón? ¿Por qué cuando Jesús nos dice que el sacramento del matrimonio es algo maravilloso, porque maltratamos este sacramento? Y cuando Jesús nos dice que hay que ayudar a los pobres, que hay que darle la mano al enfermo, ¿Por qué no lo hacemos, porqué tanto egoísmo?
¡Cuánto egoísmo vemos en el mundo! Todos quieren sacar su beneficio; entre pobres, ricos, obreros, dueños, hijos y padres, ¿Por qué tan sólo preocuparse de sus beneficios personales? ¿Por qué dejar de lado a los demás?
“Llévame a mí”, dice Cristo
Jesús nos envía como corderos en medio del lobo, y nos dice: “no lleven talega” -no lleves una bolsa- “no lleven sandalias”, es decir no lleves nada, y agrega “llévame a mí”.
Esto es lo que quisiera enfatizar en este rato de meditación en que estamos juntos, para que sientas que Jesús esta aquí presente, que toca la puerta de tu corazón, y te dice, todo tiene remedio, no tengas miedo, por más grande que sea tu pecado, por difícil que sea tu situación. Y te digo sólo mira a Cristo en la Cruz, porque ahí está el secreto del Amor de Dios.
Míralo a Él y saca fuerzas de tus flaquezas, saca alegría de tus tristezas, saca ánimo de tu flojera, saca el amor al prójimo de tu egoísmo.
Pero también te preguntarás, ¿Cómo hacemos para cambiar este mundo?, Pues la respuesta es ¡Cristo y la Cruz! Mírale, háblale; lo único que no puedes hacer con Cristo es engañarlo, Él conoce el corazón de todos nosotros.
“Paz en esta casa”
Siguiendo con el evangelio, al enviar Jesús a sus discípulos, les dice “cuando entres en una casa di primero Paz en este casa”. ¿No te parece que acertadas son estas palabras para nuestra patria?
Una Paz que no es pacifismo, que no es aguantarlo todo, sino que es una tranquilidad del corazón, y que ocurre cuando en primer lugar uno es sincero consigo mismo.
Yo no puedo ser el maestro si resulta que en mi propio corazón soy un sin vergüenza, y no puedo dar paz si no la tengo. ¿Cómo podría predicar paz si yo no vivo la justicia, la verdad, el respeto por los demás?
Vamos a pedirle al Señor que en esta Gran Misión Remar Mar Adentro, nos envíe a predicar su amor. Acércate a tu parroquia, reúne a tus amigos, visita a tus vecinos, en la escuela y en el colegio, en todo momento es una buena ocasión para decirles ¡Paz! Te deseo la paz y te deseo la paz en la verdad y en tu conciencia.
Ojalá que el Señor en tu alma y en la mía, haga esa tarea. Porque la mies es mucha, y necesitamos más brazos, más vocaciones sacerdotales, más vocaciones de jóvenes en el matrimonio.
Te doy la bendición para que estas palabras que son como la entrada de Jesús en tu alma permitan que Él sea quien te enseñe el Amor verdadero.
Así sea.