- Domingo, 5 de setiembre de 2004 -

Cardenal Juan Luis Cipriani:
¿Quién sabe lo que Dios quiere de mí o de ti?

Queridos hermanos:

Estamos hoy, como todos los domingos, para conversar con Dios. Tantas veces cuando intentamos meditar o hacer oración nos preguntamos: ¿Y cómo hago? Conversa con Él del mismo modo que yo te converso a ti ahora, en tu casa, en tu cuarto, en la calle.

Te pones en la presencia de Dios y empiezas a hablar de lo que tú quieras, no sólo hablar con Él, sino también pregúntale ¿Cómo eres tu Señor? Y encontramos un pasaje en la primera lectura de hoy domingo que nos dice: ¿Qué hombre conoce el designio de Dios? ¿Quién comprende lo que Dios quiere?

Una pregunta muy importante. ¿Quién sabe lo que Dios quiere de mí o de ti? ¿Quién sabe cuáles son los planes para tu vida y para la mía? ¿Duraremos un año, un mes, tres días? ¿Tendremos una actividad buena, mala, regular? ¿Quién conoce la mente de Dios?

El libro de la Sabiduría nos dice: Los pensamientos de los hombres son mezquinos, nuestros razonamientos son falibles, porque el cuerpo mortal es un lastre, como un ancla para el alma, y la tienda que es el cuerpo, es como una pequeña cárcel en la que la mente se encuentra como enjaulada. Son palabras de la Sabiduría un poco duras que nos quieren decir: apenas conoces las cosas terrenas y con mucho trabajo puedes tratar de conocer quién y cómo es Dios.

Espíritu Santo traduce lo que Dios quiere de mí

Hermanos es muy radical el planteamiento del Espíritu Santo, de la palabra inspirada, y termina este pasaje diciendo: ¿Quién conocerá tu pensamiento si Tú no le das la sabiduría, enviando al Espíritu Santo? El Espíritu Santo es como el traductor.

En nuestras vidas, nos pasamos tantas veces escuchando ruidos y no descubrimos lo que realmente sucede, porque no tenemos el traductor, el consejero, el Espíritu Santo que te dice: detrás de esa enfermedad está la mano de Dios, para que aprendas a rezar mejor; detrás de esa alegría está la mano de Dios, para que levantes tu corazón en agradecimiento; detrás de ese pecado está el demonio para que aprendas a rechazarlo; detrás de este triunfo que has tenido en tu vida, en el deporte, en tu trabajo, en tu matrimonio, está Dios que quiere que seas feliz.

Abramos cada día nuestra alma al Espíritu Santo

Pero si no tengo traductor, la gente dice: ¡Qué buena suerte! ¡Qué mala suerte! ¿Por qué a mí siempre me pasa lo mismo? Entonces, vamos a hacer un propósito: Hagamos un espacio, cada día dentro del alma, para que el Espíritu Santo te traduzca, especialmente cuando como dice la gente se te cruzan un poco los chicotes.

Cuando a veces encuentras un problema en tu casa, cuando a veces pierdes el trabajo, se enferma una criatura; alguien te ataca, surge una dificultad, muere una persona cercana, en esos momentos como de crisis, pídele al Espíritu Santo: tradúceme que es lo que Dios quiere de mí.

Enciende la luz de la fe en tu vida

Ten fe, ten confianza, porque la diferencia está entre vivir con la luz encendida o a oscuras. El que tiene fe, el que tiene como traductor al Espíritu Santo, ese vive con la luz encendida. Ese hombre, esa mujer, sea joven o viejo, esa persona va por la vida en paz, serena, porque ve las cosas como son: esta es mi hija, este mi familia, esta es una casa, esta un carro.

Reconoce las cosas. En tu alma pasa igual, y si no tienes fe y si no escuchas al Espíritu Santo entonces estás a oscuras. ¿Qué es ese bulto? ¿Qué es ese ruido? ¿Por qué pasa esto? No conozco a esta persona. Estoy escuchando algo que no entiendo, y la vida es de una confusión terrible, lo que la gente dice esto es un infierno.

Pues mira yo quisiera ayudarte, de la mano con Dios y te leo este pasaje de la escritura de la Sabiduría para que te des cuenta de lo que dice el Señor: Nadie conoce mis pensamientos si el Espíritu Santo no lo ayuda.

Y el ejemplo más íntimo lo vamos a encontrar en el evangelio del día de hoy en el que Jesús nos dice: Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, e incluso, así mismo, no puede ser discípulo mío.

Si yo no estoy primero, tú no puedes ser mi discípulo

El señor ha dicho algo tajante, radical: Si yo no estoy primero, tú no puedes ser mi discípulo.

Piensa que Dios es bueno, es el que más me conoce y me quiere, cómo me va a pedir un imposible, entonces no seamos gente de poca fe. No nos quejemos tantas veces nos cuestionamos ¿Y la religión qué me dice? ¿Y la Iglesia qué me dice?

Ahora, yo te pregunto a ti: ¿Dios es lo primero en tu amor, en tu pensamiento? Pero de verdad, no me digas fácilmente sí. No, de verdad. ¿Te interesa más el dinero, un buen sueldo? ¿Te interesa más tu salud? ¿Te interesa más tener una buena familia? Porque el Señor te está diciendo que antes que todo está Él.

Y ese primero no es una teoría, y cada uno de nosotros tiene que luchar, porque realmente tantas veces, estamos dando vueltas a nuestros problemas, estamos tratando de encontrar respuestas a nuestros problemas y no es Dios lo primero y por eso dice Jesús: Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío. Pero mira, su cruz detrás de mí, por lo tanto no le llames cruces a la falta de respeto, a las mentiras, a los ataques, a los maltratos que sufres y que no son de Cristo.

La cruz, la que es de Cristo, va detrás de Él, por eso te decía a veces la salud, a veces la soberbia, el orgullo, son momentos en que la cruz se presenta, pero si es la de Cristo llévala, porque Él va adelante, Él te va encendiendo la luz para que puedas caminar en paz y en serenidad, este mismo pasaje del evangelio nos dice al final: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.

Quiero decirte con claridad, el mensaje de Cristo es radical. No es un mensaje que uno pueda decir, bueno, yo de vez en cuando voy a misa. Yo hago mi religión como quien va a un supermarket, tomo un poco de esta verdura, otro poco de esta fruta. Yo no escojo mi religión como un supermarket. Dios te dice si tú me quieres seguir sigue mi palabra que es radical y es exigente, pero encuentras la alegría y la paz. La otra religión, la que tu te fabricas sin fe y sin Espíritu Santo, esa hace de tu vida una vida oscura.

Yo le pido al Señor auméntanos la fe a todos. Y a nuestra madre Santa María que en el día de su Natividad, alumbre la fe de todos, especialmente de la familia peruana.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.
 
 

[Reseña histórica de la arquidiócesis]
[Peregrinación por las Iglesias de Lima]
[Advocaciones y santos peruanos]
[Mensajes del Santo Padre al Perú][Enlaces]