Homilía en la Basílica Catedral de Lima

- Domingo, 5 de diciembre de 2004 -

Monseñor Carlos García:
¿Cómo estás preparándote para recibir a Jesús?

Queridos hermanos:

En este segundo domingo de Adviento, tiempo en el cual la Iglesia nos invita a preparemos para acoger a Jesús en nuestros corazones, recordarnos que la vida tiene que ser diferente. Por eso en el Evangelio de hoy, San Mateo nos habla de Juan el Bautista cuando se presentó en el desierto predicando: convertirnos porque está cerca el reino de los cielos.

Qué hermoso hablar de conversión que sólo será posible si nos abrimos a esa gran verdad: el reino de los cielos está cerca; y ese reino es el que nos anuncia el profeta Isaías cuando dice: una voz grita en el desierto, preparar el camino del Señor, allanar los senderos.

Juan el Bautista nos habla del reino de Dios cerca, al anunciarnos cómo se preparaba: iba vestido con una piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.

La conversión exige una vida consecuente

Qué tal forma de prepararse y de expresar el anuncio del reino: la vestidura, la alimentación, el comportamiento, las palabras; es decir que lo que anuncia con su palabra también lo refleja con su vida. Esa vida consecuente es la conversión, por ello acudía a él mucha gente buscando en su palabra y en su vida la respuesta al silencio, a la soledad y quizás al vacío de sus propias almas.

Él no dejaba de hablar claro a quienes actuaban correctamente, como también daba esperanza a quien lo buscaba, claridad para aquel que había perdido la ruta en el camino, pero con ello también nos habla de algo importante cuando se dirige a los fariseos: No por ser hijos de Abrahán ya están salvados, la vida es algo más que eso y por eso es el tiempo de dar frutos.

Hoy, a la luz de esta invitación del Señor en este segundo domingo de Adviento te pregunto: ¿Cómo estás preparando tu Navidad? ¿Qué características tendrá para ti el nacimiento de Jesús? ¿Con qué detalles adornarás tu vida, si Juan optó por la vestimenta austera y la alimentación sencilla?, ¿dónde pondrás tú el acento en esta Navidad, en lo externo o en lo interno?

150 años de proclamación del Dogma de la Inmaculada Concepción

La Iglesia nos regala una fiesta importante: La Inmaculada. El día 8 de diciembre, cuando muchos celebramos nuestro aniversario de Primera Comunión, Ordenación o quien sabe de renovación de votos, todos los católicos tenemos que voltear nuestra mirada a la llena de gracia, la Virgen María, la Inmaculada.

En este día, todos acudiremos a María con una mirada generosa para decirle gracias por tu sí, pues la Iglesia celebra los 150 años de la proclamación del Dogma de la Inmaculada, con lo cual significa que aquella mujer escogida por Dios para ser la madre de Jesús fue preservada de pecado en su propia concepción.

Celebramos el sentir de la pureza, de la entrega, el sentir de que en esa historia de la salvación quiso prepararse un vientre bendito para que el Salvador de los hombres pudiera venir al mundo y regalarse a cada uno de nosotros.

Lima rinde un homenaje a nuestra madre. Este 7 en una vigilia, en donde todos los católicos iremos a la Plaza Mayor de Lima para con esa luz de la fe para pedirle a la Virgen María que en nuestro caminar no nos falte esta la luz y nos acompañe siempre a mantenerla encendida. Por eso estaremos en esa vigilia esperando con alegría y con gozo poder empezar a decirle: gracias madre por ser tú la elegida y con ello prepararnos para el día central de la festividad.

El miércoles 8, a las 11 de la mañana en la Plaza Mayor, más de mil trescientos niños recibirán a Jesús en ese sagrario vivo que debe ser el corazón de cada uno de ellos. Y yo te reto a vivir esta experiencia de oración junto a María, ella que nos enseña con su corazón a decir un sí generoso a los planes de Dios.

No pierdas la vida en los acontecimientos puramente humanos

Finalmente, quiero decirte algo importantísimo a la luz de la Inmaculada y del tiempo de Adviento: No pierdas la vida en las luces, en los árboles, en los acontecimientos puramente humanos, donde muchas veces se anda sin saber la razón, que no es otra que Jesús, quien nació en un pesebre, en la sencillez de un lugar donde no es importante la belleza de lo externo, sino de quienes lo reciben: María y José.

Ellos lo reciben con tanto amor, que sufren todas las limitaciones que sí encierra el lugar donde Jesús nació. Belén es grande porque allí nació Jesús, porque en ese lugar fueron acogidas todas las esperanzas de un mundo que reclamaba la misericordia del amor de Dios.

Qué Dios nos ayude a preparar bien esta Navidad. Que nos ayude a poner lo más importante en esta fiesta: el amor, el perdón y con ello a Jesús en nuestro corazón.

En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo.

Amén.
 
 

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