Caminemos de la mano con Cristo
Hermanos y hermanas
En este domingo de Cuaresma nos encontramos dentro del corazón de cada uno para llevarles la palabra de Dios.
Quisiera que juntos vayamos dándole vuelta a tres caminos, a tres sueños, tres modos de vivir nuestra vida. Es un cuento de un clásico español antiguo, pero va muy unido a la vida cristiana de cada uno de nosotros.
Este autor habla de un primer camino – y piensa si es que así es tu vida- Es un camino ancho, fácil, un camino lleno de comodidades. Cuando pasa un problema tú no lo ves, cuando alguien te pide ayuda no lo escuchas. Pero van todos muy contentos, no van riéndose – que es una cosa bonita y sana- sino con unas carcajadas un poco exageradas, casi burlonas, dando la impresión de que todo es fiesta, de que esa vida es una maravilla, de que estamos todos contentos, al final –nos dice así la historia- hay un precipicio, acaba en una muerte triste, acaba en una soledad que no hay quien pueda calmarte, acaba en una preocupación interior que te quita la paz.
Y ¿Por qué? Porque haz estado lleno de envidias, de venganzas, de odios, de egoísmos. Aunque ibas triunfando por la vida -como dicen ahora- Se detenían los carros para verte pasar, eras la persona rica o pobre, pero que parecía dueña del universo.
Hay gente que le tiene pánico al dolor, que le tiene pánico a la cruz de Cristo, y por lo tanto en la vida, que siempre hay sacrificio, no quieren recibirlo. Han arrancado la cruz del evangelio y por lo tanto es una vida insoportable, pero esa vida insoportable con el miedo al dolor, con ese fantástico deseo al placer, tan moderno, tan promovido en todos los lugares, es una alternativa de vida --yo no te la deseo porque acaba mal- pero ante los hombres ante las mujeres, a veces ante los medios de comunicación, o ante los grandes foros de reconocimiento, es el héroe, es la persona más codiciada, es la persona que todo el mundo admira, y en su corazón, sabe que no es sincero, no es recto, no ayuda a los demás, no quiere ver a Cristo en las dificultades, prefiere seguir ese camino comodón, ese camino falso.
Yo te recuerdo unas palabras importantes de San Mateo, en el capítulo 16, “Quien quiera salvar su vida la perderá, más quien la pierda por amor a mi la encontrará”. Son palabras de Dios, Él no es quien te invita a ese camino, tal vez te pueden invitar costumbres de la época, pero es una alternativa que tú puedes escoger.
Caminemos de la mano con Cristo
Pero vayamos a otro camino, en el que encontramos que es muy empinado, es difícil, te resbalas, te caes, pisas una piedra, te lastimas, te raspas. Es un camino en el que no puedes ir en carro, no puedes ir con tanta fantasía, tienes que caminar con calma y a veces uno se cansa, pero la gente va serena, a veces la gente deja parte de su piel, parte de su salud. Van serenos, en paz, no van con cara de dolor, con cara de resentimiento. Sin embargo están junto a Cristo y con Cristo están siguiendo esas palabras que dicen “vengan a mí los que están cansados, atribulados, Yo estoy contigo”.
Amigos este camino no tiene aplausos, pocas veces tiene medallas –casi siempre cuando ya se ha muerto el personaje- empiezan los grandes reconocimientos y discursos, pero son cuando ya no está, porque cuando vivía era incómodo para todos, porque era un hombre sincero, leal, que busca ayudar a los demás, que levanta su voz, que cuando ve que atropellan a los demás reacciona, que siempre está al lado de los más débiles, que no tiene miedo a que lo traten mal, a como va a quedar, qué van a opinar de él.
Este camino termina amigos, mirando el rostro de Cristo. Porque sin Cristo este camino es imposible, sería un camino en el que estés permanentemente cayéndote, permanentemente triste, sería un camino inútil, y yo no te animo a esto, yo te animo a que de la mano de Cristo, de la mano de María Santísima, de la mano de tu esposa, de tu marido, de tus hijos, estén enfermos o sanos, tengan dinero o no, contemplen el rostro de Cristo. Sigue a Juan Pablo II y verás como en esa vida que es lucha, en esa vida que es trabajo, que es esfuerzo, la fuerza de Cristo te da más ánimo para seguir adelante. Porque el santo –decía San Josémaría- el santo no es el que se cae, el santo es el que se levanta siempre. Por lo tanto aunque te caigas cien veces, si te levantas cien veces serás una maravilla, no esperes aplausos aquí, no esperes reconocimientos ni medallas. Este camino es el de la santidad, es el camino de la conversión de la cuaresma.
No, al camino de la hipocresía
El tercero es el peor de todos, es un camino en donde también es empinado, también hay dolor -porque la vida esta hecha de dolor y sacrificio- pero no podemos tratar de engañarnos, es una vida en la que sólo estás buscando quedar bien, lo hago para que los demás me feliciten, no me gusta que me critiquen, y sin embargo en ese camino va la gente con un rostro hipócrita, con aire solemne, son gente muy importante, son gente que no hace mal a nadie, son gente que tira la piedra y esconde la mano, son gente que cuando quieres confesarlos te dice: de qué me voy a confesar, si yo no cometo pecados.
Hermanos, éste es el peor camino, es áspero, es estrecho, la gente va todo el tiempo cuidando la imagen. Éste es el camino de los hipócritas, que es triste, pero es una tercera alternativa, y es peor que la primera.
El que sigue el primer camino es un ateo, es un hombre que no le interesa Dios, es un hombre que sólo quiere divertirse y pasarla bien, no quiere complicaciones, no se va a esforzar por ayudar a los demás, pero tampoco pretende engañar, él sólo va con un letrero: soy un comodón aburguesado y egoísta, no me importan los demás.
En cambio en el tercer camino, ves a la gente que quiere quedar bien, que quiere medallas, que quiere reconocimiento. Pero por dentro ¡Qué torcidos!, están maquinando cómo hacer daño a los demás, manipulando la opinión de los demás, buscando quedar siempre bien y esto hermano es frecuente.
Escojamos el camino de la rectitud
Por eso quiero poner delante de ti, tres alternativas, y solamente es cristiana la del medio, ese camino áspero pero lleno del consuelo de Dios, no te deseo el camino de los hipócritas, pero lamentablemente tantas veces el mundo de hoy está lleno de declaraciones hipócritas, sale una película de La Pasión de Cristo, y se rasgan las vestiduras, dicen que es muy violenta, dicen también que se busca atacar a grupos de judíos, no! Es la historia de la muerte de Cristo.
Tú me dirás: yo, por en medio no puedo ir, estoy lleno de pecados, me caigo muchas veces. Y te digo: ese no es problema, pero tienes que ser recto.
En esa mesa de tu vida hay tres grandes patas, la pata de la verdad, la pata de la bondad y la pata de la rectitud.
Yo le pido al Señor en esta Cuaresma que hagamos un esfuerzo, el camino ancho y comodón no sirve para nada, el camino de los hipócritas es detestable, la vida es lucha hermanos, es lucha alegre, por eso le pido a Jesús y le pido a María que nos acompañe por el camino de la vida con su bendición y con su amor.
Así sea.