
- Domingo, 8 de febrero de 2004 -
| Cardenal Juan Luis Cipriani: Queridos hermanos: El evangelio de hoy es muy interesante porque está muy cercano a la vida de nosotros. En primer lugar vemos cómo había mucha gente alrededor de Cristo para escuchar la palabra de Dios. Esto es lo que yo quisiera que veamos despacio. Están alrededor de Cristo, pero para escuchar la palabra de Dios. No la palabra mía o la tuya o la de alguna persona inteligente, sino la palabra de Cristo. Por eso el libro del Evangelio se trae en procesión, se inciensa, se besa, es palabra de Dios. Y aquí viene como una reflexión para cada uno de nosotros. Yo debo estar como envuelto en la palabra de Dios. Yo necesito conocerla, leerla, meditarla, todos los días, unos minutos, ir al encuentro de la Palabra de Dios, de manera especial el Nuevo Testamento. Digo especial porque completa después de la venida de Jesús la preparación del Antiguo Testamento. No se entiende el Antiguo Testamento si no se lee el Nuevo. Es toda la preparación para la venida del Hijo de Dios. La preparación del pueblo escogido, las rebeldías del pueblo escogido, las leyes del pueblo escogido, los profetas que van anunciando, toda esa historia larga de ese diálogo de Dios con la humanidad después del pecado de Adán y Eva. Toda esa preparación llega a su culminación cuando el hijo de Dios, dentro de la encarnación, Jesús, perfecto Dios y perfecto Hombre, viene a la tierra y nos deja palabras, gestos, ejemplos, que encontramos tanto en el nuevo testamento como en la tradición. Es decir alguien que lo vio le cuenta a su hijo y este a su nieto y van quedando esas huellas de la tradición oral. Y finalmente el magisterio, es decir el Santo Padre, desde Pedro el primer Papa, a lo largo de los siglos. La Biblia es la palabra de Dios Entonces la enseñanza de la Iglesia, el magisterio, me asegura que es la palabra de Dios. Por eso leer la Biblia, cada uno por su cuenta, interpretarlo a su manera no es católico. Los católicos leemos la Biblia en la iglesia, es decir a la luz de la tradición y a la luz de las enseñanzas del magisterio. No puede cada uno interpretar lo que quiere como hacen tantos grupos separados de la iglesia. No pueden cinco amigos coger el evangelio y simplemente empezar a decir y a ti que te parece, tú que opinas. Esa no es la lectura católica. Por eso la gran multitud está alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios. Constantemente el Papa está hablando de la palabra de Dios. Cuando tengas que hablar, que explicar, busca qué dice Dios porque el que cada uno diga su opinión no nos ayuda, no es de Dios. Debemos todos tener un propósito: unos minutos cada día medítala, conócela, mírate como en el espejo, qué me dice hoy Jesús a mí, qué me dice el magisterio, qué me dice el Papa. Jesús se fija en ti Luego, Jesús vio que había una barca y unos pescadores arreglando sus redes. ¿Qué me dice a mí ésta palabra de Dios? - Que Jesús estaba en la vida ordinaria: como tú, que vas a preparar el almuerzo, o que te vas a ir a la playa, o que estás estudiando o que te estás preparando para algo, o que vas a acompañar a un enfermo. Esto es la vida ordinaria, hay unos pescadores que han regresado de pescar, están arreglando sus botes y ahí están sus botes. Jesús se fija en ellos, Jesús se fija en ti. La palabra de Dios de este pasaje me puede llevar a esa reflexión, Jesús quiere contar con tu capacidad, tu familia, tu palabra, tus limitaciones, tu deporte, él quiere contar contigo. Esa barca es el ejemplo de que quiere contar con tu trabajo, con tu ejemplo, con tu familia, para qué, para que te diga, préstame tu barca. Jesús viene y te dice “Oye, dame de tu tiempo. Prepárate para la Gran Misión Mar Adentro. Estudia un poquito más la escritura, conoce el catecismo, dame de tu tiempo, préstame tu barca, dame de tu inteligencia, camina y busca, acércame a tus amigos, habla de mí a tus hijos, a tus padres, a tu barrio, en tu deporte, a tus enfermos, a tu gente, háblales de mí, te necesito. Fíjate qué bonito con eso el evangelio, como Jesús usa una barca, unos pescadores y unas redes. No se parece a tu vida y a la mía, a lo normal. Pues lo normal es lo que Cristo quiere en esta Gran Misión. La oración es el motor de la acción Y le dijo a Pedro, apártate un poquito de la orilla para poder hablar a la multitud. Jesús va ti, a mi, me dice apártate un poquito de tus preocupaciones. ¿Por qué no procuras meditar un poquito? Aléjate un poquito de lo que te preocupa. Medita conmigo, pregúntame, hazme preguntas, escúchame, es decir eleva tu corazón a mí. Aléjate un poquito de los problemas de cada día. Y ¿por qué? porque esa oración es el motor de la acción. Para que yo luego pueda ir a tocar la puerta de mis amigos y hablar de Dios necesito antes haber meditado con El. Para poder visitar a ese enfermo y llevarle un momento de alegría y compañía, necesito antes haber meditado delante de Dios. Entonces voy con fe, con esperanza, porque voy con la verdad de la palabra de Dios. Así que otro propósito pequeño de esta situación es ese apartarse un poquito de los demás. Me ayuda a cambiar, me lanza a la acción misionera, me lleva al perdón, me lleva a comprender, me carga las baterías para volver a estar alegre si estaba triste. Pero si me olvido de la oración, lamentablemente mi acción se queda un poco débil, me canso, me desanimo. Empápate de la palabra de Dios, haz oración, aléjate de preocupaciones del momento y luego a la acción. A tocar las puertas, a anunciar que Jesús ha venido, a rezar el rosario, a decirle a esa pareja que se lleve bien, a esos hijos que obedezcan, a despertar a la gente. Hay que tocar la puerta y cuando menos escuchen mas fuerte toca, el señor que es bueno abrirá los corazones. Hay que acercarnos a Dios, atrevernos a tener una amistad con Dios, decirle: Señor llevo tanto tiempo y siempre estoy cayendo en lo mismo, siempre estoy discutiendo, o maltratando mi hogar, o me dejo llevar por mi carácter, o estoy insultando a los demás, o generando violencia... ¿Te atreves como Pedro a generar ese diálogo? Jesús te invita a ser pescador de hombres ¡Que bueno que veamos a Pedro muy cercano!, cuando Pedro llega a la orilla se pone de rodillas y le dice al Señor apártate de mi Señor soy un pecador, Pedro se da cuenta de lo que Dios ha hecho con su barca vieja, con su promesa, con fe en su nombre, y ahora Dios lo va a hacer Papa, por su humildad. Por eso la religión católica puede, de alguna manera, definirla como ese asombro del encuentro tuyo con Cristo en la iglesia, el asombro del amor, el asombro de la fe, de la esperanza; el asombro de la ayuda al prójimo y de la humildad y todo ese asombro termina con las palabras que repite el Papa, “no temas Pedro, ya no serás pescador de peces sino pescador de hombres”. Quiere el Señor que seamos pescadores de hombres y de mujeres quiere que llevemos esta salvación, para que la gente esté alegre y se quite de encima la tristeza, la violencia, la mentira. Y entonces el Papa dice: ¡no temas! - Por que hay muchas situaciones que dan temor, que dan miedo por que estás solo, hay mucha mentira y mucho atropello- Pero el Papa dice ¡no temas Dios está mirando desde arriba! Mira qué coincidencia. Pedro, a partir de ese momento, se convirtió en un apóstol. Ahora yo te digo y te invito. Tú ¿por qué no? En tu casa, en donde estés, no pienses que todos tenemos que ser sacerdotes, o religiosos, o monjas. La gran mayoría de la iglesia son laicos corrientes que en su hogar, en su deporte, en su trabajo, en su cultura, en su descanso, en su enfermedad. Niños, jóvenes, ancianos, deportistas, pobres, ricos, blancos, negros, todos son hijos de Dios llamados a ser apóstoles. Las palabras deben ser portadoras de verdad De nuestra patria qué podemos decir... Que una sociedad sin valores no funciona. Formamos valores sobre una base, la verdad. Nadie es dueño de la verdad, pero no puede haber tanta mentira. Las palabras cuando no transmiten la verdad es simplemente un juego y se llama manipulación. Entonces es muy difícil cuando la palabra no tiene credibilidad, porque entonces ya no se cree en la verdad. Y una sociedad en donde no hay amor y respeto por la verdad es una sociedad sin sentido, por que la dignidad más grande de todo ser humano es ser portador de la verdad, transmisor de ella. Cuando vemos en nuestra patria que la palabra ya no sirve, cuando la verdad es un objeto que se vende y se compra, cuando la verdad ya no existe; entonces hay que hacer un gran esfuerzo de conversión, no es tan difícil. Pero el respeto y al amor a la verdad nacen del corazón, la palabra empeñada nace del corazón, y la justicia es dar a cada uno lo suyo. Por eso le pedimos a Dios que ilumina a nuestro pueblo, a nuestros gobernantes, que ilumina a todos los que tenemos obligación de dirigir a este pueblo maravilloso del Perú, para que rescatemos nuevamente la verdad al margen de toda ideología política. Si la palabra tiene valor, la persona vale, esto es el núcleo de lo que estamos tratando de recuperar en nuestro país. Por eso invoquemos un mayor respeto a la verdad. Qué difícil resulta hoy decir una palabra de cualquier tipo, porque inmediatamente te descargan un camión de basura. Qué difícil que alguien quiera levantar un poquito la voz para dar una dirección, inmediatamente a destrozarlo, sea quien sea. Busquemos caminos de paz Podemos decir que sigue el canibalismo de querer maltratar al país, sin embargo qué cosa es lo más triste de todo esto, que 27 millones de peruanos que no están en la política, que no son dirigentes, que son simples ciudadanos, que quieren la paz, contemplan desesperados, confundidos, preocupados. Y se preguntan ¿qué será de mí, de mi familia, de mis hijos, de mi salud, de mi educación? Por eso hermanos, todos a buscar por caminos de paz, pero exigir que de una vez la verdad y la palabra recuperen su valor, sino, es muy difícil comunicarnos. Esa violencia que atenta contra la dignidad de nuestro pueblo tiene que extirparse pronto, y creo que el camino es de tipo moral. Hay un bien y hay un mal. No todo es relativo. No todo es negociable. La verdad no es negociable, y la verdad no es simplemente un juego para tratar de confundir a otros. Hermanos pongo esto en manos de la Virgen María, porque en realidad es preocupante la situación, que ojalá con ayuda de Dios podamos remontar pronto. Así sea. |
| [Reseña histórica de
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