- Domingo, 11 de abril de 2004 -

En Pascua de Resurrección

“Con su Resurrección Cristo
nos ofrece la vida eterna”

Queridos hermanos, Obispos Auxiliares de Lima, Sacerdotes concelebrantes, hermandad de Nuestra Señora del Carmen que hoy nos ha traído a la Virgen Nuestra Señora de la Alegría. Queridos hermanos que recién el día de ayer han sido incorporados a la Iglesia por el bautismo, quienes están aquí delante con esa túnica blanca que refleja la limpieza del alma.

Queridos hermanos todos...Hoy la Iglesia festeja esa gran verdad revelada: ¡Cristo ha resucitado!, por eso hoy celebramos en esta fiesta importante, el centro de ese misterio: Cristo que ha vencido a la muerte, por lo tanto hermanos, se nos ofrece la vida eterna.

Están cerradas las puertas de esa alianza del hombre con Dios y Jesucristo al resucitar, después de pasar -como hemos vivido intensamente- por la pasión y la muerte en cruz, nos dice a la humanidad entera: “Se abre un futuro para la humanidad, que es el deseo de mi padre Dios: la vida eterna”.

Estamos en camino hacia ese cielo y estamos en ese peregrinar acompañados por el gozo. Nuestra fe no es una historia que unos hombres escribieron –como a veces se puede escuchar-, sino que el catecismo de la Iglesia Católica nos enseñan que los evangelios tienen como autor al mismo Dios, por eso la inspiración de la que goza esa revelación no es las costumbres de la época, la opinión de uno u otro apóstol, sino que contienen la palabra de Dios. Esta es la enseñanza de nuestra fe, y nuestra fe nos dice: ¡Cristo ha resucitado!, no busquen entre los muertos al que está vivo.

“ENCENDAMOS LA LUZ DE LA FE”

Yo me hago todos los años la pregunta que nos ayuda a todos: ¿tu amistad es con un Cristo vivo en la vida diaria, en tu trabajo, en tu familia, en la enfermedad o tu amistad es con un Dios lejano que no lo vez resucitado?

Aprendamos hermanos porque la fe abre futuro, por eso tantas veces las dificultades que uno pasa en la vida encuentran su explicación si encendemos la luz de la fe y decimos: ¡Señor hay vida eterna. Creo en ti!, y estos vaivenes, estas dificultades, estos momentos de dolor, estos momentos de duda, de cansancio, se convierten en camino de esperanza para el cristiano.

¡Cristo vive, qué alegría!, lleven esas alegrías a sus casas. Cristo vive, por tanto no hay ningún motivo para hacer esas preguntas que no están en el catálogo de la fe: ¿Cómo si Cristo vive puede haber gente que la pasa así, que la pasa asa, que digas eso? No preguntes eso, porque eso es una interpelación al amor de Dios, porque Cristo vive esa enfermedad, ese dolor, esa dificultad adquiere un nuevo sentido.

Por eso la alegría del cristiano va más allá del sentimiento, es una alegría que está en el alma. Él ha vencido la muerte y nos ha abierto la vida eterna. Piensa en el cielo, es un estímulo constante para luchar cada día, no lo dejes como una cosa teórica, lejana, piensa en el cielo, en esa alegría que te colmará sin saciar jamás, y de esta manera podrás estar constantemente renovando tu felicidad, tu optimismo, tu ilusión. No te dejarás doblegar por nada, porque ese cielo es la maravilla de las maravillas, es el premio de los premios, es el compartir con tus padres, con tus hijos, con tus hermanos, por eso llévales el gran mensaje: “Cristo ha resucitado”.

EL CAMINO DEL PERDÓN

Y además de vencer a la muerte y abrirnos a la vida, Cristo ha vencido el pecado. Gracias Señor. Gracias por que yo no sé si a ti te pasa, pero nos pasa a todos: sentimos las caídas, sentimos esas inclinaciones que nos tiran para abajo, sentimos esos sentimientos que tantas veces nos alejan del amor de Dios, pero existe ese sacramento de la alegría, la reconciliación personal.

Por eso en ese caminar, en esa lucha diaria, aunque me digas tengo una lista interminable de pecados, no te preocupes hay arrepentimiento, hay dolor, hay fe en la confesión. Porque cristo ha vencido el pecado, ha instaurado un nuevo modo de vivir en el mundo. Este mundo que hoy el Santo Padre nos repite desde Roma con preocupación. Esta violencia que va creando inseguridad en el mundo. El cristiano viene anunciar un nuevo modo de mirar la realidad, los ojos del perdón con el arrepentido. No es el perdón un simple gesto, el perdón es la manifestación de tu arrepentimiento, de tu dolor, de tu deseo de ser perdonado. Nada más que eso.

Jesucristo hoy ha resucitado para abrirme el camino del perdón y por qué no voy a estar alegre, por qué no voy a llevar esa buena nueva llena de humildad, pero de optimismo. Por qué no abrir en nuestra patria, ese sendero del futuro de una fe que me enseña a sembrar los valores en la familia, en la vida, en la justicia, en la convivencia como hermanos.

FE CATÓLICA PERUANA

Realmente les digo como pastor de la Iglesia de Lima, gracias porque toda esta fe católica que a lo largo de estos días ha colmado los templos y las calles. Los sacerdotes en un trabajo incansable de confesión, de acercamiento. Las familias organizándose para acudir a escuchar el sermón de las Siete Palabras, para visitar los siete monumentos, para acercarse donde Jesús, para reencontrarse la familia en el gozo de la resurrección. Cómo no tener la iglesia esa alegría profunda, todos como esa familia unida, como esa familia que marca el sello de nuestra identidad como peruanos.

Como no recordar mis años de Ayacucho, caminatas largas a través de cerros y de valles para llegar a la procesión, para llegar a ese símbolo que es aquella imagen del resucitado, que es aquella imagen de María, pero que para ellos que no tienen un sacerdote cerca es la alegría, el perdón, la serenidad, porque la resurrección de Cristo nos trae hermanos al gran desconocido, el Espíritu Santo. “Conviene que yo me vaya, yo lo enviaré”.

Ha quedado con nosotros el Espíritu Santo que recordando las palabras del Verbo en tu alma te repite: goza, alégrate, ten fe, mira esa vida eterna, perdona, acércate al sacramento del perdón. Y Cristo vive en su Iglesia Católica, dónde encontramos a ese Cristo con su cuerpo, con su sangre, con su alma, con su divinidad. Dónde encontramos a ese Cristo, el mismo ayer, hoy y siempre. Adonde encontramos a ese Cristo que en la Última Cena nos ofrece su cuerpo y al día siguiente nos lo entrega.

EUCARISTÍA, NUESTRA ALEGRÍA Y GOZO

El día de hoy resucita glorioso en la Eucaristía, allí está el amor de los amores. La causa de nuestra alegría, el alimento a la debilidad, la fortaleza para nuestra fe, por eso la Santa Misa, hay que seguir en esta gran misión “Remar Mar Adentro”, llamando a nuestros amigos, vamos a la Santa Misa. No es lo que diga el padre o lo que no diga, es Cristo que se te presenta en la Eucaristía, es el culmen, el centro, la razón de ser de nuestra vida, el don de los dones y el misterio, por eso a los ojos de la fe, la Eucaristía, allí está Cristo resucitado cada día.

Esa presencia en la Hostia Santa y nuestra misión de cristianos es proclamar a todos los rincones: He visto a Cristo resucitado, como hemos leído hoy en el evangelio la palabra inspirada: vio y creyó, allí lo tienes. Aquí te lo mostraré en la Eucaristía dentro de un instante: ¡Cristo vivo!, vio y creyó, díselo a tus hermanos, a tus amigos. Aquel hombre, aquella mujer, aquel enfermo, aquellos niños en la catequesis, hemos visto a Cristo, ese ejemplo no solamente al proclamar la palabra, sino el ejemplo del buen olor de Cristo, dice San Pablo: que vean en tus obras que crees.

REMAR MAR ADENTRO

Por eso la gran misión Remar Mar Adentro, es una gran movilización Remar Mar Adentro, es una gran movilización de la fe. Es el Espíritu Santo que a través de nosotros quiere renovar el optimismo y la fe de nuestro pueblo para seguir adelante. Abramos el futuro, no cerremos el futuro, el hombre que no tiene futuro es un hombre pesimista. El futuro no es solamente una teoría, el futuro está en Cristo, el me abre día a día la vida, la familia, la respuesta a mis preguntas, por eso los convoco a todos en las parroquias, oren en sus parroquias, en las escuelas, padres de familia, profesores, colegios en las universidades, en los barrios, en las reuniones de amigos, de padres de familia, en el deporte, en la cultura, en el periodismo, el gran misionero moderno, el periodista.

Los profesionales, la medicina, la justicia, los empresarios, los obreros, los campesinos, los hombres que se dedican a la política. Todos convocados por Cristo resucitado a esta gran movilización de la fe de llevar ese mensaje: hemos visto a Cristo. “Hemos de amar a este mundo”, escribía San José María y lo han dicho todos los santos a lo largo de los siglos, el cristiano no se aleja de la realidad, hemos de amar al mundo, al trabajo, porque el mundo es bueno, fue el pecado de Adán el que rompió la divina armonía de lo creado por Dios para que nosotros hijos en Cristo, ustedes que ayer han sido bautizados, que han entrado a esta familia de la iglesia que es Cristo, para que nosotros podamos liberar a la creación del desorden. Cada situación humana, cada momento de tu vida no se repite, cada momento siempre es nuevo, yo le pido a Cristo, dame esa fe de Pedro, de Juan: vio y creyó.

GOCEMOS CON MARÍA

Una reciente encuesta que leía en los medios de comunicación, decían que la gente mayoritariamente identifica la Semana Sana con la fe. Qué alegría, porque eso es lo que la iglesia está llamada a enseñar. Muéstranos la fe, id por todo el mundo. Vio y creyó. Estas son las palabras de Cristo reveladas que nos llevan hoy a esa alegría y nos unimos hoy a María. Qué buena es nuestra madre, que buenos son ustedes hermanos que hoy nos traen a nuestra señora, la Virgen de la Alegría, porque es hora de acompañarla para consolarla y gozar con ella.

Ella ha pasado terribles momentos de la pasión, ha pasado momentos de angustia, soledad y dolor, por eso le llamamos corredentora, porque también se unió a la cruz de su hijo y hoy, ¿tú te imaginas el encuentro de Jesús resucitado y su madre? Tú te imaginas ese rumor que corre entre los cristianos: oye, hemos ido al sepulcro y no está. Te acuerdas que nos habló. Ves a esos discípulos de Emaus que van en el camino tristes, “habíamos esperado tanto de Él y nos ha fallado” y Cristo se metió en su conversación, les fue hablando y lo reconocieron en la Eucaristía.

María al escuchar esos rumores, al recordar la historia que su hijo le habría contado en vida que encuentro. No resulta nada difícil ver el gozo, nuestra madre Santa María al ver a su hijo que lo recuerda desecho en la cruz, abandonado y hoy lo ve en su humanidad y divinidad exultante de gozo, de paz. He cumplido la misión que me encomendó mi padre. Madre Mía llévanos por ese camino de la fe, de humildad, para nunca dejarnos doblegar, que siempre reine en nuestros corazones el gozo, la paz, la alegría que es un gran don de la iglesia católica. Feliz Pascua de Resurrección, así sea.

 
 

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