Homilía de Monseñor José Antonio Eguren,
Obispo Auxiliar de Lima

- Domingo, 11 de julio de 2004 -

“Seamos como el buen samaritano en defensa de la vida”, invoca Monseñor José Antonio Eguren

Queridos hermanos y hermanas,

El evangelio de hoy domingo nos presenta un encuentro de Jesús con un maestro de la ley, con un escriba, el maestro de la ley se le acerca a Jesús y le hace una pregunta: ¿Qué debo hacer maestro para conseguir la vida eterna?

Solamente amando podremos ser felices

Podríamos nosotros decir que lo que este maestro de la ley le preguntaba a Jesús es ¿Qué tengo que hacer Señor para ser feliz? ¿Qué es lo que debo de hacer para encontrar en mi vida el camino que me conduzca a ser persona humana plena.

Y Jesús le contesta: ¿Qué está escrito en la ley, qué lees en ella? El mismo escriba le contesta al Señor: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tus fuerzas, con toda tu mente y al prójimo como a ti mismo”.

En el fondo la gran enseñanza que nos deja el evangelio de este domingo es que solamente amando podemos ser plenamente felices, solamente en el amor, podemos encontrar la senda que nos conduzca a desplegarnos auténticamente.

Si queremos ser felices y si queremos alcanzar la vida eterna tenemos entonces que entregarnos a amar, ahí esta la gran enseñanza del evangelio de hoy.

Fuimos creados por amor y para el amor

Entonces viene la pregunta ¿Por qué el amor? -Porque si hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios y Dios es amor, entonces el ser humano no solamente ha sido creado por el amor de Dios, si no que ha sido creado para amar.

Ahí está la verdad más profunda de la persona, que fuimos creados por amor y creados para el amor. La vocación del ser humano desde el momento mismo de su creación es el amor, solamente en el la persona humana podrá encontrarse a sí mismo, y solamente amando, podrá desplegarse plena y totalmente para ser feliz y alcanzar la vida eterna.

Pero el maestro de la ley, le da su respuesta a Jesús, y Jesús agrega a esta respuesta, “Haz dicho bien, haz esto y vivirás”. Con esto nos ha señalado que el amor que tenemos que vivir es en una triple relación, el amor a Dios: de Él venimos y hacia Él nos dirigimos.

Si la persona humana ha sido creada por Dios y ha sido creada para Dios, solamente amando al Señor podrá encontrar en su vida la plenitud y la felicidad.

Es eso lo que nos quería indicar también San Agustín cuando nos decía: “Me hiciste Señor para ti y mi corazón siempre estará inquieto hasta que llegue ese momento en que descanse en ti”.

“Amarás al prójimo como a ti mismo”

Tenemos que comprender muy bien que solamente en ese afirmar a Dios y a través del amor a la persona del Señor vamos nosotros a encontrar también el sentido de nuestra vida y esa senda que nos conduzca a realizarnos plenamente como personas.

Pero además el maestro de la ley le dice a Jesús, y Jesús alaba su respuesta, que no solamente es en el amor a Dios con toda nuestra fuerza, con toda nuestro ser, con toda nuestra mente, con todo tu corazón, donde está el camino que nos conduce a la vida, sino, dice claramente y al prójimo como uno mismo.

Yo les digo, que además de ese amor a Dios, hay otros dos amores que también son sendas y caminos para desplegarnos y ser felices, para encontrar la vida eterna, y ese, es el amor hacia uno mismo y hacia los demás.

Prójimo significa próximo ¿Quién es el más próximo a uno mismo sino uno mismo? Por lo tanto ese amor al prójimo significa en primer lugar que yo debo quererme bien a mi mismo. Dios me pide que me ame, obviamente, en un sentido correcto de la palabra.

Vivir en la verdad y el amor es hacer el bien

Y ¿Qué significa amarse correctamente uno mismo? significa rechazar el pecado, y significa siempre procurar en su vida lo que es bueno, vivir en la verdad, practicar la justicia, practicar la caridad, buscar el bien. Cuando la persona humana pone todo su esfuerzo en vivir en la verdad y en el amor se esta haciendo bien a sí misma, como cuando busca el pecado se hace un daño a sí mismo.

Por lo tanto el mandamiento del amor al prójimo supone en el fondo este esfuerzo por hacerse bien así mismo, y repito ese bien así mismo uno se lo procura cuando vive en la verdad y cuando vive en el amor.

Pero obviamente el mandamiento es también hacia aquel prójimo que es el que tengo al costado, y por eso el Señor lo que nos pide es que todos sean objeto de nuestro amor, de nuestro cariño, de nuestra solidaridad, de nuestra justicia, de nuestra caridad, sin distinción de raza, de lengua, de cultura o de credo.

Hay que amar como Dios nos ama

Amar a todos como El, que no hizo acepción de personas, que no privilegió a unos en desmedro de otros, sino que a todos amó y para que no quedara duda de ello desplegó sus brazos en la cruz para que así pudiera simbolizarse de manera hermosa y maravillosa que a todos su amor quería abrazar y que a nadie quería dejar de amar.

El evangelio de hoy concluye con una parábola muy conocida por todos nosotros la del buen samaritano y es que el maestro de la ley, nos dice el evangelio, para no caer en ridículo le pregunta al Señor ¿Quién es mi prójimo?

Pero ¿Quién es mi prójimo?

Y así Jesús cuenta esa parábola del Buen samaritano, de aquel hombre que cuando ve a una persona mortalmente herida en el camino por que había sido asaltada por bandidos y criminales, no tiene reparo en pararse en auxiliarla, en prestarle los primeros auxilios, en llevarla a una posada y en darle todos lo medios necesarios para que se sane y se cure.

A diferencia de ese escriba y ese levita que cuando lo vieron medio muerto en el camino no quisieron asumir la tarea de auxiliarlo sino que hicieron un rodeo y se fueron por otro lado.

¿Qué es lo que nos quiere decir el Señor con esta parábola tan hermosa? -No seamos indiferentes frente al dolor de los demás. Cuando veamos a alguien en necesidad como Él hizo con nosotros, salgamos al encuentro, hagamos del pobre, del enfermo, del necesitado, objeto de nuestro amor.

El cristianado tienen que seguir el ejemplo de Cristo

Y Cristo al vernos a nosotros heridos y medios muertos por el pecado, salió a nuestro encuentro, nos auxilió por que El es en el fondo el buen samaritano.

Hay día vemos con dolor con qué facilidad las personas cuando ve a alguien en necesidad, cuando ven a alguien en sufrimiento, hacen como hicieron el levita o el sacerdote, un rodeo.

Cuántos veces pasan lamentablemente frente al sufrimiento de los demás con indiferencia e ignorándolos, no debe ser eso el distintivo del cristiano, nosotros queridos hermanos, según el máximo de nuestras posibilidades, según el máximo de nuestras capacidades, siempre esforcémonos por salir al encuentro del hermano que sufre y brindarles esa solidaridad afectiva y efectiva.

Seamos como el buen samaritano en defensa de la vida

Quisiera terminar con una reflexión final, el buen samaritano se detuvo frente a este hombre asaltado y medio muerto en el camino, le brindó su compasión y su servicio. Hoy día quiero hacer una invocación a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, seamos como el buen samaritano sí, pero para defender a los más indefensos de todos, a los más amenazados de todos en estos momentos, que son los concebidos no nacidos.

Hemos visto con dolor cómo en semanas pasadas se a aprobado esta píldora que se conoce con el nombre de la “píldora del día siguiente” que por tener en uno de sus efectos un efecto abortivo, amenaza la vida de los indefensos y los más pobres que son esos concebidos no nacidos.

Yo hago una invocación a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, que seamos en ese sentido como el buen samaritano, que hagamos nuestra la causa de la vida, que defendamos a los concebidos no nacidos, los más indefensos de todos.

Por que, queridos hermanos, el ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción por eso a partir de ese mismo momento se le deben reconocer los derechos de la persona principalmente el derecho inviolable de todo ser humano inocente a la vida.

Es esta una forma creo yo muy concreta hoy día de ser buen samaritano, de ser voz de los que no tienen voz, de ser defensa de los que están más indefensos de todos, repito, de los concebidos no nacidos.

Nuestra tarea es hoy en día defender la vida, la cual es sagrada e inviolable desde el momento de la concepción, es decir, desde la fecundación hasta su muerte natural.

Que el Señor nos ayude a ser buenos samaritanos, que el Señor nos ayude a brindar a todos nuestro amor y nuestro corazón, pero especialmente a defender esa vida humana desde su concepción que tiene tanto derecho a vivir como lo tienes tu, como lo tengo yo.

Que el Señor los bendiga en este día domingo y con todo mi corazón y con toda alegría les imparto la bendición la que espero que llegue a sus hogares. Les deseo un buen domingo en familia y que Dios los bendiga.
 
 

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