Queridos hermanos:
El Papa Juan Pablo II, quiere que hoy recemos por la familia, quiere que hoy cada miembro de la familia -cuando me escuchas en tu hogar- te preguntes: ¿Qué puedo hacer yo para que mi casa sea un hogar luminoso, un hogar alegre, un hogar donde se quieren y se ayudan? Después, cada uno sacará sus propósitos.
Voy a procurar ayudar a mis hermanos, voy a procurar avisar a qué hora voy a regresar a la casa. ¿De dónde sacamos fuerzas? Y el Santo Padre nos dice: hay que unirse en la oración. Reza por tus padres, reza por tus hijos.
Estos días todos nos hemos alegrado con una fiesta deportiva. Un equipo que campeona y que nos da un orgullo y un gozo, porque no solamente han ganado, sino porque hemos visto una actitud, una manera, una unidad del grupo, un trabajar para el equipo, de la mano con un entrenador que no solo les ha dado una orientación deportiva.
Disfrutemos juntos la unión familiar
Y uno piensa en la familia. Tenemos lazos muy fuertes con nuestros hijos y a veces nos falta esa actitud de ser un equipo sólido, pues somos una familia. Disfrutamos juntos de las cosas buenas de las casa, apoyamos todos cuando a veces falta un poco de alimento, cuando uno está enfermo, o cuando de repente uno de los chicos está de mal humor, le fue mal en el trabajo o en la universidad. ¿Que hacemos? Nos unimos y hacemos el propósito de apoyar más.
Por eso te traigo ese ejemplo del fútbol, porque es tan vivo ver que esos muchachos se apoyaban unos a otros, con qué tranquilidad procuraban hacer lo que había dicho el entrenador. Nadie se cuestionaba: ¿Y por qué me dicen a mí que corra? ¿Por qué tengo yo que marcar a este? o ¿Por qué tengo yo que recibir estos golpes? Eran un equipo.
Construyamos un hogar grato
Pues en la familia, cuando el papá, no solo con la autoridad, sino con el ejemplo, te dicen a ti, muchacho ya de 18 a 20, acompaña a tu mamá que está ya un poco cansada, hazle caso. O cuando a veces, tú, papá, mamá, ves a tu hijo que está un poco decaído, acércate a él. No necesitas ni hablarle, basta que sienta que estás en la casa.
Todos estos detalles hermanos, en el Día de la Familia, harán de tu casa un hogar grato, amable.
Provoca ir a la casa para descansar, para encontrar la alegría o desahogarme, pero nunca para discutir, para gritar y, por eso, también es importante, y lo dice el Papa -de una manera muy fuerte-, hay que estar comprometidos. Papá y mamá, el matrimonio los convierte en una sola carne, unidos para siempre.
Hay dificultades, pero no es motivo decir me separo, me voy. Y si has tenido la tragedia de pasar por una situación en la que se ha roto tu hogar, sigue acudiendo a Dios y pídele a Él: muéstrame el camino, que no sufran los chicos, que no sufran los niños, que la familia sea el centro de la sociedad.
Cultivemos los valores en la familia
Que la familia sea el gran motor de la sociedad, que la familia sea el lugar donde se moldean los valores. El valor de la honestidad, el trabajo, de la amistad, de decir la verdad, la solidaridad, el valor de respetarnos unos a otros, deben cultivarse en el hogar.
Cuando se habla de estos valores, ¿Cuál es la fábrica? La familia. No es tan caro. Por eso hoy, al hablar de este maravilloso proyecto de Dios, que es la familia, te digo: Cristo manifiesta plenamente el hombre, al propio hombre.
Cristo es quien preside tu familia. Acude a María, la madre, a José, el padre, y diles a ellos, ayúdame en mí hogar, con mis hijos, con mis abuelos, y trata de que a tu alrededor la Gran Misión Remar Mar adentro haga de tu familia una familia misionera.
Sal a darles la Buena Nueva a tus amigos y vecinos, a ayudarlos a permanecer unidos y a quererse para siempre.
¡Qué Dios bendiga a la familia peruana!
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.