- Domingo, 12 de diciembre de 2004 -

Cardenal Juan Luis Cipriani:
“Un cristiano es siempre un sembrador de alegría”

Queridos hermanos:

La semana pasada al celebrar la solemnidad de nuestra madre la Virgen Inmaculada, hemos podido ver en todas las Iglesias una multitud de niños recibiendo la Primera Comunión y manifestando su amor a María.

Realmente ha sido conmovedor y creo que ustedes entenderán que la Virgen María siempre atrae -como buena madre- a una multitud de gente por el mundo entero. Por eso hoy, a pocos días de la Navidad, la Iglesia nos señala un camino de urgencia, al recordarnos las palabras que San Pablo dirigió a los filipenses: “Estén siempre alegres en el Señor. Él está cerca”.

En estos días de Adviento que venimos meditando, prepara tu corazón, tu alma, tu interior para que sea ese lugar sencillo donde nazca Jesús. Por eso San Pablo nos dice: Nos urge, estén alegres. Jesús no puede llegar a una casa triste o con envidias y cóleras.

Y nos repite de esa manera tan clara, porque la alegría cristiana va por encima de lo que acompaña la vida de cualquiera: enfermedad, pobreza, dificultades e incomprensiones.

Jesús nos trae la alegría de la fe

Hermanos, tenemos que estar alegres porque Jesús que me trae la alegría de la fe está más cerca. Él me dice: En el cielo (lugar de vida eterna) tengo preparadas unas moradas para que tú seas feliz eternamente, pero te juegas la felicidad en esta tierra. Es decir, estamos todos los días viviendo dificultades, pero Jesús viene a anunciarnos: hay un premio eterno, por tu destino lucha contra el pecado.

Por lo tanto, cuando enfrentes las dificultades de la vida como la falta de empleo, el sufrimiento por una enfermedad, busca a Jesús que te dice: yo tengo respuesta. En ese camino, en esa cruz, en ese sufrimiento yo te acompaño, yo voy a vivir tu vida igual como la vives tú, menos en el pecado.Por lo tanto, si te encuentras solo o sola, llámame que estoy contigo.

Búscame con fe

Pero aquí cabe una pregunta: ¿Tengo fe, creo que Jesús está conmigo? El nos dice si tienes dificultades búscame, yo te ayudaré, pero búscame con fe, siempre ten esa gran necesidad de buscar permanentemente a Dios.

A veces los hombres quieren ser autónomos y luego cuando se tropiezan por primera vez y no pueden resolver un problema, ese ‘Dios’ que se habían fabricado se deshace y viene la tristeza, la cólera, la envidia.

En ese momento, Jesús me dice: tienes que estar alegre, porque yo he venido a anunciarte que he vencido la muerte, el pecado, la soledad, he vencido todas tus dificultades, y estoy contigo siempre.

Alégrate, Jesús está siempre contigo

A veces nos alegramos porque comemos algo que nos gusta, otras veces porque vemos un buen partido de tenis, nos suben el sueldo, o porque nuestros hijos viene del colegio con excelentes calificaciones. Son alegrías buenas, estupendas, pero la alegría de la que nos habla San Pablo, es que tienes a Dios que siempre te acompaña, que está junto a tu hijo, a tu trabajo, a tus problemas.

Cuando tienes esas dificultades o cuando crees que se apagan las luces y no ves nada, en ese instante Jesús te dice: yo tengo la luz. Por eso cuando tengas esos momentos tan oscuros, acuérdate de Él.

Un cristiano, un hombre de fe de la Iglesia Católica siempre es un sembrador de alegría. Cuando estés triste hazte este pequeño examen, ¿hay algo que me separa de Dios? Y vas a ver que encuentras la respuesta. Estoy triste porque me separo de Dios en este acto que no está bien, en esta conducta equivocada, en este pensamiento malo. En todo ese clima Jesús nos dice: quita lo que te separa de mí, verás cómo recuperas la alegría.

Creo que no debemos confiar la alegría solamente al dinero, a la técnica o a la salud que a veces falta. Ponla en ese tesoro que nunca falla, en Jesús, ese amigo que nunca traiciona.

Vamos a pedirle a la Virgen María en estos días que está pronta a dar a luz: Madre mía enséñame a estar siempre alegre. De esta manera la gente dirá: mira tienen fe, por eso afrontan las dificultades. No somos superhombres, somos gente sencilla pero con esa fe en el Redentor. ¡Ánimo!

Qué Dios los bendiga a todos

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.
 
 

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