Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne:
la misericordia abre puertas donde
están cerradas,
te acerca a Dios
Hermanos y hermanas:
Como todos los domingos, con la alegría de siempre, estamos de nuevo ingresando a sus corazones y a sus hogares. Y este domingo, aunque hayan pasado algunos días, queremos elevar nuestra oración por nuestros hermanos del pueblo de España.
No solamente por la tragedia que han vivido sino también por la reflexión que nos merece. Cuanta barbarie, cuanta brutalidad, cuanta falta de respeto a la vida, a personas inocentes, no es un problema que pueda pasar desapercibido. Y cada uno de nosotros también debe ver, si en el modo que tengo de tratar a mis amigos, a mis hermanos, a mis hijos, en el trabajo; si promuevo el amor, el entendimiento, el cariño, la comprensión; y al revés, si procuro quitar las semillas de odio y de violencia. Las semillas que muchas veces surgen en nuestros corazones.
Jesús nos invita a caminar por el sendero de la misericordia
A ese corazón humano, hoy quiero dirigirme, para decirle que en este tiempo de cuaresma estamos inaugurando un camino nuevo. Tal vez no lo hemos recorrido suficientes veces y nos olvidamos de él, este camino se llama: la misericordia. Desde el momento en que Jesús muere en la cruz, surge una manera nueva de tratarnos, de comprendernos, de ayudarnos, de reaccionar frente a la violencia, o frente a la enfermedad, o frente a las dificultades. Te invito a recorrer ese camino, el camino de la misericordia.
Jesús nos enseña este camino de una manera maravillosa, la parábola del hijo pródigo . Aquel joven que le dice a su padre: Dame mi herencia -la cual no le correspondía aún porque su padre estaba vivo- Pero, como tanta gente hoy, que actúan de una manera desafiante, este joven le dice a su padre: ¡dame lo mío!
Cuantas veces nos apropiamos de lo que no es nuestro, pensamos que ese trabajo, ese elogio, esa familia es solamente fruto de nuestras maravillas. Pero no es así, gracias Señor por la misericordia, porque tantas veces me das lo que verdaderamente es tuyo.
La misericordia de Dios te dice: “yo estoy aquí”
Y aquel joven sale y gasta el dinero de una manera irresponsable, se lo gasta en meretrices -dice la Sagrada Escritura- pierde completamente toda responsabilidad, hasta que llega el momento en que ya no hay dinero en que los amigos te dan la espalda, en que vivir del cuento se acaba; el momento en que te sientes solo frente a tu conducta, frente a tu manera de portarte.
Y cuando estamos en este último nivel de la vida, recibimos la experiencia de un golpe, de un familiar que se muere, de alguien que no me comprende, o de estar en la cárcel, o de pasar por una quiebra familiar; cuantas veces te encuentras con esa situación en la que no hay nadie más que tú, es en ese instante que la misericordia de Dios te dice: yo estoy aquí.
En ese momento el joven se acuerda, que en la casa de su padre hay gente que come, que trabaja. Mientras él está comiendo con los chanchos. Piensa en regresar a la casa de su padre. Fíjate como la misericordia abre puertas donde están cerradas, ilumina donde sólo hay oscuridad, produce alegría e ilusión donde había tristeza y desánimo.
Dios te dice “Yo soy tu Padre”
Hermanos, esa misericordia no es algo psicológico, que simplemente viene como estrategia para tratar mejor a los demás, sino que nace de la muerte de Jesús. Tanto nos ama hoy, que siempre va ser esa reserva, siempre va estar a nuestro lado. Y cuando ya en el mundo te cierran todas las puertas, Dios viene y te toca el corazón y te dice Soy tu Padre, aunque no tengas nada aunque en el mundo no te conozcan y te rechacen, Yo Soy tu Padre.
Qué bonito es reconocer la dignidad de un hijo de Dios que está bautizado o de una criatura de Dios que no esta bautizado, pero que se acuerda de Dios y El le dice: No te olvides en mi casa hay sitio para ti. Y entonces tú aquí decides, puedes decir no me da la gana, decir ¿quién eres tú para pedirme cuentas?, o puedo quejarme frente al mundo. Pero también, está frente a ti la puerta de la misericordia. Es Jesús el que toca tu corazón.
“Yo estoy aquí contigo y he venido para salvarte”
Cómo le podemos pedir al Señor, que ante esta violencia del terrorismo, que se ha producido de una manera tan dramática, en el querido país de España, que nos ayude a poder explicarnos, y a descubrir cómo podemos tratar que esto cambie. La Iglesia nos dice que junto a muchas medidas políticas y policiales, el amor de Dios, la misericordia de Dios decide algo grandioso.
Por eso el joven decide regresar a su casa, y decirle a su padre, “he pecado contra el cielo y contra ti”. Ese es el centro, reconocer el pecado, y esto debe ser muchas veces al día, decirle el Señor: He pecado contra el cielo y contra ti, no soy digno de llamarme hijo tuyo.
Y este muchacho que ha vivido una vida totalmente guiada por la calle, ha cometido todos los pecados, ha dejado a su padre enfermo, ha usado el dinero de cualquier manera, lleva sin embargo en el fondo del alma, en tú alma, en la mía, queda esa recurso que no es tuyo, ni mío, es el amor de Dios que nos dice, yo estoy aquí contigo, si he venido es para salvarte.
La confesión es el camino del retorno a la Casa de Dios
Y aquel muchacho empieza el camino de retorno, no será esta una ocasión para acercarnos a la confesión ya que estamos muy próximos a la Semana Santa. Es importante reconocer tus pecados.
Debemos tener en cuenta que Dios nos perdona cuando estamos arrepentidos, pero muchas veces eres tú quien no se perdona, y eso es una tragedia, pues para el Señor siempre hay perdón, pero nosotros, cuantas veces no nos perdonamos, decimos tal vez: he hecho tantas barbaridades que no tengo remedio. Eso es mentira. Y a veces decimos acerca de los demás: como lo voy a perdonar si se ha portado mal.
Yo recuerdo a un buen sacerdote que decía: mi vida ha sido hacer el camino del hijo pródigo, retornar una y otra vez, muchas veces al día. En el Evangelio, cuando aquel muchacho que esta lejos ve su padre que estaba en el balcón, mirando el lugar por el que se fue, pensando que algún día retornará, el padre que lo vio de lejos, bajó corriendo, le hecho los brazos al cuello, y lo lleno de besos, - y aunque el joven no había hablado aún- el padre ya lo había perdonado.
Es cuando el hijo dice: “padre he pecado contra el cielo y contra ti, no soy digno de ser llamado hijo tuyo ”, se produce en ese momento la confesión personal, y el padre dice: “ traigan el mejor vestido y hagan una fiesta maravillosa, pues he recuperado a mi hijo ”.
Sin embargo el otro hermano que no salió de la casa, que es un hombre perfecto, que no se equivoca, le dice al padre: a éste que se fue de la casa lo perdonas , y luego se reciente. Pero yo te pregunto y te lo dejo como reflexión: ¿qué prefieres ser el egoísta o el hombre pecador convertido?
El Señor nos lleve por ese camino de la conversión del hijo pródigo y que la Virgen María nos anime a una confesión personal, amable y gozosa, en este clima de la cuaresma.
Así sea.