
- Domingo, 15 de febrero de 2004 -
| EN LOS MOMENTOS DIFÍCILES, El Cardenal Juan Luis Cipriani señaló que cuando encontramos situaciones como las que vivimos, no podemos dejarnos abatir sino hacerles frente, confiando en las bienaventuranzas en las que se refleja el rostro de Cristo. Queridos hermanos en Cristo El evangelio de hoy nos habla de un pasaje muy conocido: Las bienaventuranzas. Estando rodeado de mucha gente, Jesús levantó los ojos al cielo y empezó esta lista que es un poco contradictoria, sobretodo en el mundo de hoy. Jesús dice: “Dichosos los pobres porque de ustedes es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tienen hambre porque quedarán saciados. Dichosos los que ahora lloran porque reirán... Dichoso cuando te odien, cuando te excluyan cuando te insulten por causa del hijo del hombre. Alégrense en ese día, salten de gozo porque la recompensa será grande en el reino de los cielos”. Nos ponemos a pensar cómo Jesús ha dicho que son dichosos, son felices, los que lloran, los perseguidos, los que tienen hambre, los que son maltratados, los que son insultados. Esta contradicción nos hace pensar a todos. Nadie podría dar una respuesta completa y perfecta, pero el Catecismo nos acerca. Nos dice que esas bienaventuranzas, esa lista de felicidad, responde a un deseo de ser felices que tenemos todos. Este deseo, dice el Catecismo, es de origen divino: Dios lo ha puesto en el corazón de los hombres para atraerlo. Mira el rostro de Cristo San Agustín nos decía: “Nuestro corazón está inquieto hasta que encuentra a Dios”. La pregunta de hoy es ¿Pero el hombre moderno espera a Dios, mira a Dios, cuenta con Dios?. Por eso, las bienaventuranzas son como ese retrato, el retrato que el mismo Cristo ha hecho de sí mismo. El ha dicho: ¿Quieren que sepan cómo es mi corazón?. Pues mi corazón está con los pobres, con los que lloran con los que sufren, con los que son insultados y perseguidos... Este es mi retrato”. Y Juan Pablo II nos dice a todos: “Mira el rostro de Cristo”. Cuando miro el rostro de Cristo qué encuentro. La lista de estas bienaventuranzas: “Felices son, gozosos son, alegres están”. Entonces cuando tengamos dificultades, cuando tenemos problemas, en lugar de ponernos tristes, medita estas palabras de Jesús. Pregúntate: “Jesús, ¿qué me quieres decir?”. El es quien vuelve a decirnos con toda franqueza: “Estas bienaventuranzas dibujan mi rostro. Describen el amor que tengo yo. Expresa la vocación del Cristiano”. Confiemos en las bienaventuranzas Cuando encontramos situaciones como las que vemos hoy, no podemos decir que la situación del país es fácil, no podemos escondernos detrás de una situación que realmente es preocupante, pero sí debemos tener confianza en las bienaventuranzas. Muchos dicen ahora: “me voy a desmoralizar ante una situación de persecución, de enfermedad, de hambre... viendo el futuro”. No, la Iglesia siempre te va a decir: “¡Animo!”. Levanta tu mirada a ese rostro de Cristo, pero hagámoslo todos, no solo los pobres, los que sufren o los enfermos. También los que gobiernan, quienes tienes más dinero, quienes se encuentran llenos de pecado... Mira ese autorretrato de Cristo. Las Bienaventuranzas. El apóstol San Lucas en el capítulo 6, nos dice: “Alégrense, salten de gozo. Dichosos los pobres, alégrense los pobres porque de ellos es el reino de los cielos. Alegres los que son odiados, perseguidos, calumniados por causa del hijo del hombre...”. El Señor nos está diciendo algo que no entendemos. En tu casa, en tu hogar, sólo te pido sinceridad. No te desanimes, no te desalientes. Comprendo que el panorama que hoy nos muestra tantas veces el país -el futuro, el presente- nos lleve al desánimo, nos pueda llevar a la violencia, al insulto y a la persecución, pero no es eso lo que Cristo nos dice. Ser realista pero no ceder al desaliento El nos señala: “Mira mi rostro, dedícame unos minutos y verás cómo de esa manera, poco a poco, vas saliendo de ese estado de desánimo, del desaliento que quiere impedir que nuestro país salga adelante”. La Fe de nuestro pueblo tiene que remontar esa nube de desaliento, de confusión. ¿Hay que ser realistas?. Sí. Frente a las dificultades hay que ser realista pero no hay que ceder al desaliento, a las tentaciones de violencia. No hay que ceder ante la crítica fácil: Yo no tengo la culpa, la culpa la tiene mi esposa o mis hijos. No , no cedamos. La esperanza viene de Dios Señor que estás aquí entre nosotros, ayúdanos. Recuerda que tú nos has dicho que estas bienaventuranzas son tu retrato. Te digo con una claridad estupenda, leyendo a un cardenal inglés, Newman, “el dinero es el ídolo de nuestro tiempo. A él rinde homenaje la multitud, la masa de los hombres. Todos miden la alegría por el dinero y según el dinero miden su honradez y su honra. Todo esto se debe a la convicción de que con la riqueza se puede todo”. No es verdad. Y sigue el cardenal Newman: “La riqueza es uno de los ídolos de nuestro tiempo”. Esto lo dijo en el s. XIX y sigue siendo un hecho muy presente. Más adelante nos dice: La notoriedad, la imagen, el querer ser reconocido y hacer ruido en el mundo, la fama ante la prensa sigue siendo un ídolo”. El hombre se repite a lo largo de los siglos. Por eso hermanos, cuando contemplamos las bienaventuranzas, cuando contemplamos este retrato de Cristo, levanta tu mirada, ten esperanza, no huyas de la realidad. Sé realista, no te dejes llevar por el desaliento, ten esperanza pero no te olvides que viene de Dios. El deber es más arduo y meritorio Hay unas palabras preciosas del papa Pío XI: “Bello y fácil es el deber cuando está rodeado de consuelos y reconocimientos. Pero cuando el deber es difícil, incómodo y no recibe los reconocimientos por ingratitud o por desconocimiento, entonces se convierte en algo arduo, pero mucho más bello, más generoso y más meritorio”. ¿No estaremos en esos tiempos donde el deber es más arduo, más difícil y por lo tanto más meritorio? Vamos a pedirle a la Virgen: “Madre Mía, que contemplemos a Cristo, en estas bienaventuranzas”. Lee por tu cuenta el capítulo VI el evangelio de San Lucas. Ahí encontrarás razones para estar alegres en medio de estos tiempos de confusión, de dificultad de nuestra patria. Que Dios bendiga sus hogares. |
| [Reseña histórica de
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