Cardenal Juan Luis Cipriani:
“Seamos seguidores de Cristo con el ejemplo”
Estamos nuevamente en sus hogares y vamos a leer juntos este pasaje del evangelio que nos trae el día domingo: Jesús, como siempre, está hablando con sus discípulos.
Una gran tarea de la Iglesia es la enseñanza, por eso cuando el Sacerdote, el Obispo, el Cardenal habla está cumpliendo con la misma tarea del Hijo de Dios. Jesús nos ha dicho vayan por todo el mundo y enseñen el evangelio con el ejemplo, porque tantas veces un buen ejemplo es más que mil palabras.
Entonces, nos encontramos con Jesús hablando con sus discípulos como quisiera hoy hablar yo con cada uno de ustedes en sus hogares. Que nos dice: “El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a Él y haremos morada en Él”. Qué cosa más bonita, qué cosa más fuerte la que nos ha dicho Jesús: “El que me ama guardará mis palabras”.
Y ese guardar las palabras de Jesús, es vivir de acuerdo al evangelio, no es solamente memorizar unos mandamientos, unos sacramentos, sino principalmente, que cuando alguien te vea actuar en la calle, en tu trabajo, cuando alguien te vea en la escuela, en el deporte o en la política puedan decir: “Éste conoce la vida de Cristo, porque actúa de acuerdo a lo que Cristo nos ha enseñado.
Encuentro con la gente sencilla
Cuántas veces me encuentro yo con gente sencilla. Estos días pasados fui a Manchay a visitar a los ancianos que están allí en un lugar muy simpático. Es una especie de copia de un patio de la sierra. Serían unos cien -entre hombres y mujeres, ancianos todos. Y veía yo la soledad de muchos de ellos. Unos del Cuzco, otros de Huancavelica, alguno de Ayacucho, alguno de Tumbes. Me estoy acordando de los que me fueron contando un poco su historia.
Muchos de ellos me decían que sus hijos están por todas partes. A estos ancianos, la Iglesia en Manchay, les ha acondicionado un lugar para que a las 9 de la mañana puedan ir y pasarse el día. Allí almuerzan, conversan, descansan, juegan, cantan; se sienten seres humanos, sienten la dignidad de ser humanos. Cuando escucho a estos hombres, en estas mujeres, yo veo que en el fondo están reviviendo este pasaje: “El que me ama guardará mi palabra”.
La Credibilidad la da el buen ejemplo
Y por eso tantas veces pienso: sí diéramos más ejemplo. Cuando se habla de credibilidad, cuando se habla de aceptación ¿De qué estamos hablando? Estamos hablando del ejemplo, porque la credibilidad la da el buen ejemplo.
Por eso Jesús más que muchas palabras dice: “El que me ama guarda mi palabra”. Él es el Verbo, Él es la Palabra de Dios, y lo sigue comentando: “La palabra que están oyendo no es mía, es del Padre que me envió, yo les he hablado ahora, pero cuando yo me vaya –y aquí nos hace un anuncio maravilloso- vendrá el defensor, el Espíritu Santo”. Aquí es donde yo quería llegar.
Es que el Dios, además de estar presente con su cuerpo y con su sangre en la Eucaristía está presente en el sacramento de la confesión y lo tenemos dentro de nuestra conciencia, donde nadie puede decir que no oye al Espíritu Santo, por eso hagamos un propósito serio: Seamos seguidores de Cristo, pero con el ejemplo.
Dejemos de hacer imagen
Que te vean que de verdad dices lo que piensas. Que te vean que ayudas a quien necesita ayuda. Que te vean que dices la verdad. Que se den cuenta que si tienes medios económicos procuras generar empleo para otras personas, pero dejemos de hacer imagen. Dejemos esa tendencia que vemos hoy de: “Quiero quedar bien”.
¿Qué van a pensar de mí los demás? ¿Cómo he quedado? ¿Qué habrán pensando? ¿Por qué creen que soy así o asá? Porque tantas veces hermanos nos engañamos. Tantas veces da la impresión de que Dios no está con nosotros, tantas veces da la impresión que el Espíritu Santo no habita en mi alma.
El don maravilloso de la libertad
Cuando en esa visita a Manchay pasé a conversar con un grupo de muchachos de 20 a 22 años que se ganan su salario para poder vivir, para salir también de esa vida que sin trabajo pasa a ser una vida un poco digna, veía en esas caras y me preguntaba en mis adentros: ¿Por qué esos chicos no tienen ocasión de escuchar hablar de Dios?¿Por qué no tienen ocasión de un trabajo que los dignifique, que los anime a dejar de lado el alcohol, la droga, el abuso del sexo?¿Por qué tantas veces cuándo converso con la gente me hacen esa pregunta: ¿Cómo Dios permite esto? Y yo te digo, perdóname, Dios sufre muchísimo con esto. Él no lo permite, es que somos libres. La otra posibilidad es que nos pusieran una cadena y como un perrito nos tuvieran amarrados, entonces, probablemente, no podríamos tener libertad, tal vez no haríamos tanto daño, pero estaríamos a nivel de un perrito encadenado.
Sin embargo, Jesús ha querido coronarnos con ese don maravillo: La libertad. El don más grande que puede habernos dado Dios al nivel humano, hacernos a ti y a mí libres, por eso hermanos esa libertad obliga al ejemplo, nos obliga a recordar estas palabras: “El que me ama guarda mis enseñanzas”.
Una lucha contra las malas inclinaciones
Hoy te quiero hablar de una enseñanza muy concreta en este mes de María. Una enseñanza que nos habla de lucha, hay que luchar dentro de nosotros mismos contra lo que dice a veces la Sagrada Escritura, el hombre viejo, las malas inclinaciones. Fíjate en el siglo II, tenemos unas palabras de San Justino que parece que las hubieran dicho ayer, te las voy a leer:
“Los que antes nos complacíamos en la disolución, cuando antes vivíamos en medio de las orgías y de la mala conducta, hoy amamos la castidad. Los que antes nos dedicábamos a las artes mágicas, a los adivinos, a la superstición, ahora nos hemos consagrado a Dios. Los que antes nos odiábamos y nos matábamos y no compartíamos con nadie, hoy somos gente que después de la venida de Cristo vivimos juntos y rogamos por nuestros enemigos.
Hacer de nuestras vidas una poesía de amor
Hermanos estas palabras del siglo II, en este mes de María, esa castidad: Somos libres, las pasiones nos arrastran de un lado para otro, los afectos, la vista, los malos deseos, pero para eso está tu voluntad, tu inteligencia, para eso está la oración. ¡Madre mía! Ayúdanos a dar ejemplo en saber querernos limpiamente y hacer de nuestra vida una poesía de amor, ayudándonos confiando en unos a otros. En esta Gran Misión “Remar Mar Adentro”, Madre Mía purifícanos, que nuestro corazón este lleno de amor limpio.
La bendición e Dios todo poderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo iluminen sus hogares.
Así sea.