- Domingo, 18 de abril de 2004 -

Al celebrarse el día de la Divina Misericordia

Cardenal Juan Luis Cipriani pide
“Remar Mar Adentro” en la misericordia de Jesús

Hermanos y hermanas,

Hoy, estamos celebrando el primer domingo después de la Pascua de Resurrección, en este marco de alegría, el Santo Padre Juan Pablo II, ha declarado este día como el domingo del Señor de la Misericordia.

El pasaje del evangelio del día de hoy nos dice: “al atardecer de aquel día primero de la semana estaban los discípulos en la casa con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en medio de ellos se presentó Jesús”, ellos tenían miedo después de la muerte de Jesús, por eso se protegían.

Pero de pronto se aparece Jesús, con ese milagro que puede hacer Dios con nosotros, de la misma manera Jesús entra en ese corazón tuyo, en ese hogar tuyo, que tal vez está con las puertas cerradas, para estar contigo.

“La Paz sea con ustedes”

En el evangelio Jesús les dice a sus discípulos “paz a ustedes”. Las primeras palabras del Señor Resucitado son desearnos paz, esa paz que nos invade el corazón y nos da serenidad.

San Agustín dice que la paz es la tranquilidad y el orden del alma. Esa tranquilidad interior que te llena de ilusión por la vida y el trabajo. Esa paz que hoy el mundo no quiere darnos, y que al contrario nos da terrorismo, nos da violencia, nos da injusticia. Sin embargo Jesús está empeñado en decirte “te doy la paz”.

Jesús te invita a participar de la Gran Misión

Y luego Cristo resucitado nos dice “como el padre me ha enviado, así os envío yo”. Del mismo modo que Dios Padre nos envió a su Hijo Jesucristo para morir en la cruz y resucitar. Así Jesús quiere enviarnos a nosotros.

Y yo les pregunto: ¿No es ésta, a caso, la Gran Misión Remar Mar Adentro? ¿No es Dios Padre quien quiere que seamos portadores de paz por el mundo?

Entonces hermanos, encontremos en la Gran Misión Remar Mar Adentro un nuevo impulso, empezando por la juventud, por las familias, por las vocaciones sacerdotales, para que siempre el Señor se quede con nosotros, y esté a nuestro lado.

Jesús en ti confío

El Santo Padre este domingo día de la Divina Misericordia se refiere a unas apariciones de Jesús a una religiosa polaca, Santa Faustina quien nos dice lo que el Señor le reveló, en una frase, pero que encierra toda nuestra fe: “Jesús en ti confío”.

¡Qué breve es ésta frase, pero qué diferencia hay cuando lo decimos con fe! ¡Jesús, en ti confío! Confío quiere decir: tengo confianza en que éstas palabras que yo te digo ahora las estas escuchando. Estas palabras son esa puerta que estaba cerrada pero que Jesús la abre para entrar a tu hogar.

Además el Señor le dice a Santa Faustina: “mi misericordia, mi amor, mi perdón, junto con esa cruz que acabo de padecer, perdonará tus pecados, calmará tus problemas y te llenará de gozo”.

El Espíritu Santo: el gran prometido

El evangelio del día de hoy es muy claro, Jesús sigue diciéndonos: “de la misma manera yo te envío a ti para que vayas por todo el mundo”, y en ese momento sopló sobre los apóstoles y les dijo: “reciban el Espíritu Santo”.

El Espíritu Santo es el gran prometido, el Dios con nosotros, el que abre tu alma y tu corazón. El que te dice: ¿por qué no cambias, por qué no ayudas a ese amigo tuyo, por qué no perdonas a aquel otro? El Espíritu Santo, es la promesa que nos había hecho Jesús, y que la está cumpliendo.

Y luego que sopló dijo esa frase tan maravillosa: “A quienes perdonen sus pecados yo los perdonaré”. Esta es la misericordia del Señor. Ya no hay motivos para preocuparnos, sólo para estar alegres.

No es que el mundo haya cambiado de un día para otro, no es que las cosas sean de otro modo, no es que estemos soñando, ¡no!, estamos con los pies en la tierra, viendo esas guerras terribles en Irak, viendo ese terrorismo que amenaza al mundo, viendo esa pobreza, fruto del egoísmo de tanta gente, viendo todas las dificultades que hay, pero mirando también hacia Dios que nos dice: “Te entrego al Espíritu Santo”. “Te son perdonados tus pecados”.

Sacrificios hechos por amor

Quisiera compartir algunas frases de ese mensaje de Jesús nos deja a través de aquella madre polaca Santa Faustina: “Hija mía necesito sacrificios hechos por amor, por que sólo éstos tienen valor para mí”.

Hermanos, Cristo no nos pide cualquier sacrificio, cuando uno tiene amor por un amigo o por un hijo, si le queda un poco de agua uno dice esto es para él, aunque yo me muera de sed, es el amor a un hijo el que hace que ese sacrificio no me duela, por eso Jesús le dice a Santa Faustina, “sólo por amor esos sacrificios tienen un gran valor en tu vida”.

Es importante el sacrifico en nuestras vidas, por eso debemos cuidar un poco esos pensamientos que a veces no son buenos, debes vencer la flojera a la hora de levantarse para el trabajo, debes vencer ese carácter que a veces te lleva a contestar de mala gana, debes quitarte del pensamiento y de la memoria a veces ese mal humor, éstos son pequeños sacrificios pero que deben ser por amor.

Cristo nos entrega el Espíritu Santo como fruto de su cruz, y en esta semana de la resurrección nos pide que no tengamos tanta timidez al hablar de El, que digamos cuánto nos quiere, cómo nos perdona, y que se exponga el Santísimo Sacramento en las iglesias para que la gente pueda ir y de esa manera poder decir a Jesús sus preocupaciones así como sus alegrías.

Devoción a la Divina Misericordia

Jesús a través de Santa Faustina nos dice: “a las tres de la tarde ruega por mi misericordia, en especial por los pecadores, aunque sea por un brevísimo momento, sumérgete en mi pasión especialmente en mi agonía”.

Esa imagen de Jesús que tiene esos rayos que brotan de su corazón, el rayo de la sangre, de la muerte, y el rayo del bautismo y de la purificación. Con El, el perdón ya llegó, por eso acércate a la confesión, acércate con amor a tus hijos, a tu esposo, a tus padres y reza a su corazón misericordioso.

Te invito como cada domingo a Remar Mar Adentro en la misericordia de Jesús, y le pido a nuestra Madre la Virgen María sea ella la que acompañe a está Gran Misión que es ir por el mundo pregonando su misericordia.

Que la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, venga sobre ustedes en este domingo del Señor de la Divina Misericordia.

¡Jesús en ti confío!

 
 

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