“No permitan que su vida espiritual, de oración, de sacramentos y de encuentro con el Señor, sufra menoscabo y se vea maltratada”, demandó Monseñor José Antonio Eguren
Queridos hermanos y hermanas,
Hoy domingo, el evangelio nos trae una hermosa escena de Jesús llegando a la aldea de Betania, donde vemos a Martha y María junto con su hermano Lázaro acogiendo al Señor en su casa.
Acojamos a la Gran Misión con amor
Y esta descripción que nos presenta el evangelio es muy bonita, porque nos habla de una virtud muy cristiana, que debe ser la de saber acoger con caridad, con amor, con espíritu de servicio al Señor, pero también a nuestros hermanos que vienen en nombre de él.
Todos sabemos que en la Arquidiócesis de Lima estamos viviendo tiempos de misión. Con la Gran Misión Remar Mar Adentro, son miles los misioneros que en los meses pasados se han preparado en nuestras parroquias, en nuestros movimientos eclesiales, en nuestras diferentes comunidades, para salir en nombre del Señor y llevar la palabra y la presencia viva de Jesús a los hogares de toda nuestra gran ciudad de Lima.
Por eso, con ocasión del evangelio de este domingo, hago una invocación a ti, que de repente vas a recibir dentro de muy poco la visita de uno de los misioneros de la Gran Misión Remar Mar Adentro, quienes vienen en nombre del Señor. Siendo en realidad el Señor en el fondo el que a través de ellos quiere visitarte y que tocará a la puerta de tu casa y de tu corazón.
Jesús es el que toca tu puerta
¿Cuál debe ser tu actitud? -La que nos describe el evangelio en la persona de Martha. “Y Martha lo recibió en su casa”. No tengamos una actitud de indeferencia o una actitud superficial de dejar pasar esta Gran Misión, porque en el fondo este misionero quiere compartir contigo lo más grande que tenemos en nuestra fe que es a Cristo mismo. Que es Jesús el camino, la verdad y la vida.
Muy probablemente esta visita de Jesús a través de ese misionero pueda significar para ti todo un horizonte de luz, de esperanza, de alegría, de renovación de tu vida ¿Por qué dejar pasar una ocasión así?
Todo lo contrario, sepamos ver en esa persona que prontamente tocará la puerta de tu casa, la gran ocasión para que la gracia de Dios irrumpa en tu vida y en la de tu hogar y transforme tu existencia.
“María ha escogido la parte mejor que no le será arrebatada”
Pero el evangelio de este domingo nos describe que estas dos hermanas tuvieron dos actitudes distintas. Martha por un lado andaba afanada con los múltiples quehaceres de la casa, por que ciertamente Jesús no llegaba solo, Él llegaba con sus 12 apóstoles, por lo tanto era mucha gente a la que había que atender.
Mientras que María, la otra hermana de Lázaro se puso a los pies de Jesús para escuchar al Maestro, para acoger lo que Jesús quería decirle en su propia vida y en su propio corazón.
Y es en este momento donde Martha manifiesta un cierto fastidio, ve a María a los pies de Jesús ciertamente escuchando al Maestro y le dice al Señor “Nada te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo de la casa, dile pues que me ayude”.
Pero el Señor le respondió: “Martha, Martha, tu te preocupas y te inquietas por muchas cosas pero en verdad sólo una cosa es necesaria, María ha escogido la parte mejor que no le será arrebatada”.
Oración para la vida y el apostolado
Y aquí creo que viene la enseñanza más hermosa del evangelio, que es saber unir oración y acción. Hay una frase que aprendí hace algunos años de un autor espiritual que puede ayudarnos a comprender el sentido del evangelio este domingo:
“La oración para la vida y el apostolado, vida y apostolado hechos oración”, es decir, ni una oración que no nos lleve después a una acción apostólica decidida, ni un apostolado, ni una acción que no se nutra previamente del encuentro vivo con el Señor en una vida espiritual intensa.
El cristiano tiene que saber unir ambas cosas, la acción no puede prescindir de la oración y la oración debe llevarnos ciertamente a un compromiso de anuncio de Jesucristo en las realidades cotidianas de nuestra vida.
Por eso queridos hermanos el evangelio de hoy también nos plantea esa comunidad maravillosa que debe tener la vida cristiana, todas las cosas buenas comienzan en la oración, en ese encuentro con Jesús, en ese ponernos frente al Señor con esa disposición con que María se puso a los pies de Cristo para escuchar hablar al Maestro.
Y es cuando uno en ese diálogo íntimo con el señor, en esa vida de oración, en esa vida espiritual, descubre la voluntad de Dios en la propia vida, nos ayuda a encontrar las claves para hacer las cosas correctamente.
Apostolado: sobre abundancia de amor
También hace muchos años atrás escuché una conferencia de un autor espiritual, una frase que a mi me impresionó mucho, donde definía el apostolado, es decir, el anunciar a Jesús a los demás, como sobre abundancia, en el fondo en esta frase se encuentra reflejada esta otra de la sabiduría popular: “nadie da lo que no tiene”.
Por eso también quisiera dirigirles una palabra a esos miles de misioneros que están llevando adelante la etapa de realización de la Gran Misión Remar Mar Adentro, para que puedan realmente llevar a Cristo, es muy importante que en esta etapa de realización tengan una intensa vida espiritual, de oración, de encuentro con Jesús.
Nadie da lo que no tiene, el apostolado es sobre abundancia de amor, y si uno no se llena a través de la vida de oración, de la vida espiritual, de los sacramentos de Cristo, no tendríamos amor para derramar a los demás.
Por eso cuando hay más apostolado, cuando más urgente es ese echar las redes, más urgente se hace el volver constantemente a esos largos espacios de vida espiritual, a esos largos momentos de oración, a esa confesión frecuente, a esas visitas al Santísimo, a esa misa bien participada.
Hay que nutrirse de Cristo con la oración
Es importante nutrirse de la palabra de Cristo para poder después darlo y derramarlo con tu vida misma. “Martha, Martha te afanas por muchas cosas María a escogido la parte mejor”.
Qué hermosa es también la enseñanza de este evangelio, para este mundo tan inquieto, tan sobre exaltado, miles de urgencias constantemente nos arrastran y nos llevan de un sitio a otro. Postergando siempre los momentos de silencio y de encuentro con el Señor, que debieran de ser los momentos que por nada sacrificáramos que por nada dejáramos en un segundo lugar.
Por eso mi invitación a todos ustedes, para que no permitan que esa vida espiritual, esa vida de oración, esa vida de sacramentos, esa vida de encuentro con el Señor, sufra menoscabo alguno y se vea siempre en el fondo maltratada, aunque sea 15 minutos, aunque sea en una visita al Santísimo o en la meditación de los evangelios.
Qué importante es recogerse, ponerse delante de Cristo, buscarlo para escucharlo, agradecerle o pedirle por las cosas que necesitemos, que importante es orar, decirle a Jesús a través de la oración que es Él, el centro de nuestras vidas y decirle que sin Él nada se puede. “Sin mi nada podréis hacer”, nos dijo.
Que la enseñanza de este domingo nos lleve a ser sarmientos y racimos vivos e insertados en esa vid que es Cristo, solo así tendremos vida y solo así podremos dar vida los demás.
Que el Señor los bendiga y que tengan un lindo domingo en familia con todo cariño y con toda mi caridad les imparto ahora mi bendición para ustedes y sus hogares, amén.