- Domingo, 20 de junio de 2004 -

“No impongamos desde un ministerio
una alternativa que es abortiva”

Estamos hoy domingo celebrando la décimo segunda semana del Tiempo Ordinario, pero antes de leerles el evangelio de hoy, quisiera compartir con ustedes que esta semana hemos tenido un evento realmente significativo: después de un proceso largo de refacción, la iglesia Catedral ha celebrado sus 400 años, con nuevo sonido e iluminación.

Y recordaba al leer la historia de la Catedral de Lima, que a este templo acudieron a rezar Santa Rosa, San Martín de Porres, San Francisco Solano, Santo Toribio de Mogrovejo; es decir aquellos hombres y mujeres, los primeros santos del continente americano, quienes encontraron en Jesús y en María el ejemplo para hacer de sus vidas unas vidas santas. Y me venía una pregunta a la mente: ¿Y tú y yo por qué no?

Veía el templo el día jueves y decía: aquí frente a esta misma imagen de la Virgen, frente a este mismo ambiente habían santos.

La pasión del católico es la santidad

El Papa nos dice hoy: la pasión de todo católico es la santidad y tantas veces la santidad nos parece que es para algunos muy especiales y no es verdad, porque la santidad en primer lugar es que seas muy humano.

El pecado no es humano. Matar, robar, mentir no es humano, eso degrada a la persona, en cambio la santidad, es decir la verdad, el querer, el ayudar a los demás, el proteger a los no nacidos, el buscar que haya mayor justicia, todo eso hace que nosotros seamos más humanos y así podemos subir la escalera hacia esa unión con Cristo.

Los invito con ocasión de estos 400 años de la Basílica Catedral de Lima a emprender esa pasión: busca con ilusión dejar lo que te quita ser persona. El hombre que mata no es más persona, es más animal. El hombre que miente no es más persona, es simplemente alguien en el que no se puede confiar. El hombre lleno de vanidad, de soberbia, de orgullo no es más persona, tantas veces es insoportable.

La santidad no es algo raro

Por eso cuando estos días al prepara esta fecha meditaba en Santa Rosa de Lima, aquella mujer sencilla; en San Martín de Porres, un hombre humilde; San Francisco Solano, San Juan Macías, Santo Toribio de Mogrovejo, el segundo Arzobispo de Lima, y pensaba: ¿Por qué yo, por que tú no nos ponemos –seriamente- a alejar el pecado de nuestra vida, para ser más humanos, para ser gente que quiere y ayuda a los demás?

Cuando la santidad la convertimos en algo raro para la persona humana, entonces realmente nadie quiere ser santo. Si ser santo quiere decir cortarse la mano entonces nadie quiere. Si ser santo quiere decir tener mucho dinero, hay muchos que no pueden. Si ser santo es no divertirse, no reírse, no trabajar, no tener una buena familia, nadie lo desea, pero la Iglesia nos enseña que cosa es la santidad.

En primer lugar que tú de 10 años, de 20, de 40, de 60, soltero y casados, pobres y ricos, estamos llamados a ser mejor persona y por eso los mandamientos de la ley de Dios me dicen aquellos pecados que me hacen ser menos persona.

Por ejemplo ¿El que roba es más persona?, ¡no! ¿El que abandona su hogar, deja a su esposa o a su marido?, ¡no! Cuando escucho que alguien quiere realizarse, entonces abandona su hogar porque ha encontrado una persona que le resulta mejor. ¿Es más humano abandonar el hogar y dejar a los hijos?

Seamos coherentes con la fe

Miremos más el mensaje de Jesús, miremos más el mensaje del Papa y verás que el Señor te dice primero: si quieres ser santo primero sé muy humano, para poder ser luego muy divino. No te escondas de tus obligaciones, ni tampoco te olvides de que estoy yo, tu Señor, contigo.

Cuántas cosas hoy en el mundo contemporáneo, la gente vive como dos vidas. Su vida humana, cada uno tiene derecho a elegir lo que quiere y su vida divina, tal vez reza una vez a la semana, algún día va a misa o el día del Señor de los Milagros va a rezarle. No es que esté mal el rezar, pero ¿tener dos vidas? ¿No ser coherente con la fe?

Y esto es lo que en estos días, con mucha pena, con mucho dolor he podido leer y contemplar en los diarios, en la televisión, cuando un ministerio que debe ser para proteger la salud, que debe ser para unir más a la familia peruana, que debe ser para quitar la desnutrición de los niños, para quitarle los parásitos y no tengan enfermedades estomacales, para que este frío limeño no los llene de enfermedades respiratorias, para que hayan programas de vacunación para que apoyen –sobretodo- a los niños, a los ancianos.

¿Y qué estamos viendo?

Discusión llena de medias mentiras y medias verdades. En asegurar cómo podemos eliminar una vida y salen unos a decir: es una vida no deseada, pues yo me pregunto: ¿Sí mis padres hubiesen tomado la píldora del día después yo no estuviese aquí, ni la señora ministra, ni el muchacho de turno, ni el señor tal? ¿no?

Gracias a Dios, nuestros padres tuvieron la valentía de aceptar las leyes de Dios, las leyes de la ciencia, porque tenemos que reconocer, cuando escucho que la señora ministra dice: Pongan aquí en mis manos las pruebas de que esta pastilla es abortiva. No juegue usted con la vida. ¿Qué quiere, un óvulo fecundando en sus manos? ¿Quiere un feto en sus manos? ¿Qué es lo que quiere decirnos con esa frase tan política?

Tengamos la honradez de decir que entre las características de esa pastilla, es impedir que ese óvulo fecundado, un embrión que ya tiene vida propia, pueda anidarse, pueda tener un lugar donde desarrollarse. ¡No estamos muy seguros! Pues si no estamos muy seguros, es como subir a un avión que no sabemos si tiene la suficiente gasolina para llegar al lugar donde voy, pero hay una gran probabilidad, a ver, veamos quién se sube al avión.

Estamos hablando de vidas, no es un problema político, no es un problema de ideologías, es un problema muy serio, es la vida y por lo tanto, digamos la verdad.

¡No tengan miedo a la vida!

La Iglesia, y yo como pastor de ella, tengo la obligación de explicar la doctrina de la Iglesia, de explicar lo que Dios nos ha pedido y por lo tanto de decirles a jóvenes, a parejas, a solteros y casados, que las relaciones sexuales fuera del matrimonio son un pecado grave; que el matrimonio es con uno y con una para toda la vida; que el control artificial de la natalidad no es lo que Dios quiere y, por eso, ahora que hemos celebrado ese suceso de la catedral, tengo que decirles a los jóvenes, a los papás y a las mamás: ¡no tengan miedo a la vida!

¿Quieren cuidarse? háganlo de una manera responsable. ¿Que todos tenemos derecho a conocerlo todo? pues también démosle veneno, para ver si lo quieren.

Expongamos con claridad la verdad

Creo que tenemos que ser más honestos en el lenguaje, no es la ciencia lo que la Iglesia está atacando. La ciencia me dice: ¡cuidado!, esa pastilla no estamos seguros de que sea buena para la salud de la mujer, lo que estamos seguros es que quien ha tenido relaciones sexuales con esa pastilla matará cualquier posibilidad de vida.

Por eso le pido al Señor y a la Virgen y a nuestro país con tantas necesidades, que no estemos cediendo a un invitado de las Naciones Unidas que viene a decirnos sus teorías americanas ni tampoco a todas las ONG’s, y expongamos con claridad la verdad, pero no impongamos desde un ministerio en el que todos pagamos nuestros impuestos una alternativa que para muchos es abortiva y atenta contra la constitución.

Que Dios los bendiga a todos, que nos ilumine para poder cuidarnos como país, como familia.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

 
 

[Reseña histórica de la arquidiócesis]
[Peregrinación por las Iglesias de Lima]
[Advocaciones y santos peruanos]
[Mensajes del Santo Padre al Perú][Enlaces]