Cardenal Juan Luis Cipriani:
“El que es de Cristo es una criatura nueva, lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado”
Hermanos y hermanas,
Hoy domingo quisiera recordar que el viernes pasado nuestro hermano Ricardo Durand, Obispo del Callao, un hombre tan querido, tan cercano a toda la Iglesia, un hombre que deja una huella de profundo amor a Dios, nos dejó para irse a la Casa del Señor.
Una despedida entrañable
Quisiera también contarles que exactamente hace una semana, el domingo pasado, tuve la ocasión de visitarle en la clínica. Él estaba muy débil casi como dormido, y al llamarlo y decirle: Ricardo soy el Cardenal que viene a verte, rápidamente abrió los ojos. Entonces le dije unas palabras, que creo son las que todo el pueblo del Perú le dice hoy: Ricardo agradecemos por tu trabajo, estamos contigo, te acompañamos en estos momentos de dolor. Luego lo invité a rezar juntos el Padre Nuestro y el Ave María.
Él intentaba responder pero ya no tenía fuerzas. Después pasó algo que es tan grande y que sería bueno que todos, llegado el momento, podamos obtener: le di la absolución de todos sus pecados, pidiéndole al Señor la Indulgencia Plenaria. Le repetía: Ricardo tú estás muy cerca de Dios, acuérdate de nosotros.
De pronto se acercó la doctora que lo atendía, quien me pidió la bendición. Entonces le pedí a él me ayude y haciendo un esfuerzo especial trató de levantar la mano para bendecir a quien lo había atendido. Aquellos fueron momentos entrañables. Vi que él realmente se despedía, pero con una paz y con una amabilidad en medio de su enfermedad.
Se ha ido un amigo, un gran amigo, un hombre de Dios, un hombre de la Iglesia. Ahora nos estará acompañando desde ese lugar maravilloso que es la intimidad con Dios. A él nos encomendamos y a su alma la recordamos delante de Dios como un buen amigo... Ricardo, descansa en paz.
Cristo te convierte en una criatura nueva
Hoy, en este domingo, recordamos a San Pablo, quien nos dice, en unas palabras breves: “hermanos, el que es de Cristo es una criatura nueva, lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado”. Yo pienso esto muchas veces, y me pregunto ¿De dónde sacamos fuerzas en el corazón para perdonar, para amar cuando hay dolor, para saber vivir unidos en el matrimonio, en la familia y en el trabajo? De dónde si no es de Dios.
Digo esto porque vemos muchos síntomas de división, de lucha, de maltratos. Sin embargo, San Pablo nos da la clave y nos dice: “Con Cristo somos criaturas nuevas”. Él pone en el corazón de nosotros esa capacidad que no es una estrategia que podemos utilizar para decir voy a perdonar para quedar bien. ¡No! Es algo que me brota del corazón. ¡Haz la prueba! Reza el Padre Nuestro despacio. “Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”, dices al rezar.
La fuerza del amor viene de Dios
Qué importante es en nuestro Perú esa dimensión del perdón y amor. Muchas veces el corazón parecería que está como envenenado, se ve mucho odio, mucha mentira, mucho conflicto. Podemos pasar delante de un hombre pobre, de un niño, de una persona abandonada, y no nos conmovemos.
Por eso hermanos, en esta Gran Misión Remar Mar Adentro vamos a remar con ímpetu para acercarnos a Cristo porque Él es quien nos puede dar esa fuerza en el corazón, que no es nuestra sino que viene de Él.
A veces uno piensa: pero cómo hago para perdonar. Habla con Jesús y dile con toda confianza: Señor tengo en mi corazón este punto de odio, tengo esta cólera guardada, tengo esta sensación de que me han tratado mal, o de que en mi hogar, mi marido, mi esposa o mi hijo o mi tía no me tratan como yo merezco. Estas situaciones tan frecuentes en la vida diaria no se arreglan tomando un poco de licor ni solamente teniendo un buen momento de entretenimiento. Hermanos, se arreglan sólo con Cristo.
Sólo Dios conoce lo que hay en tu corazón
Juan Pablo II nos anima para saber perdonar y reconciliarnos. Parecería un mensaje que se repite una y otra vez, pero es que tenemos que repetir perdón una y otra vez perdón.
Y en primer lugar pedirle perdón al Señor. Decirle a Jesús: Tú, Señor, que nos escuchas, que estás con nosotros, perdónanos. Perdónanos, porque yo también voy a perdonar, dame esa fuerza que me falta, que sólo en ti la encuentro.
Hermanos, la fe es bonita, amar es bonito, perdonar es una maravilla. El problema está en que no son fuerzas humanas, sino que es con Cristo de donde brota el perdón, el amor y la belleza de la fe. Eso lo dice San Pablo: “el que es de Cristo es una criatura nueva, lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Todo esto viene de Dios”.
Sí hermanos, todo esto viene de Dios. Sin embargo, a veces me dicen: Dios no me escucha, yo procuro ser lo que usted dice. Pero es que Dios lee tu corazón, Dios sabe si tu deseo es recto, si es que es sincero. A los demás nos puedes engañar, pero Dios sabe cuanto amor tienes a tu esposa, Dios sabe como perdonas a quien te ha ofendido. Por eso el primer paso es un corazón nuevo, pidámosle al Señor con fe que nos dé un corazón nuevo.
Arroja de tu corazón el resentimiento
En el corazón se tejen maravillas, pero también abismos, al igual que el dolor de la soledad y de la indiferencia. Por eso te digo: arroja de tu corazón el resentimiento, esa palabra que es muy usada en este país.
Decimos siempre: se ha resentido, está resentido. ¡Qué feo el resentimiento! El resentimiento es cuando se ha sentido un dolor y uno vuelve a pensar y recordarlo. Entonces uno se vuelve a resentir y va fabricando sentimientos, de odio y cólera. La persona llora, se aísla, piensa que nadie la comprende, que nadie la quiere.
Y entonces sigue dándole vuelta a lo sucedido. Se pregunta siempre ¿por qué me dijo, por qué lo hizo?. Hermanos, si a veces te ofenden pasa la página, perdona y pide perdón. Muchas veces ese sentimiento aparece porque pensamos demasiado en nosotros mismos.
Prepara tu encuentro con el Señor
Por eso al ver a Ricardo, en la clínica, en esa soledad de sus últimos momentos, yo pensaba: Señor cuanto movimiento, cuanto ruido, cuantos problemas vemos día a día en los diarios, en la política, en el deporte, en la economía y este buen hombre que tanto bien nos ha hecho esta apagándose lentamente en la soledad del amor de Dios.
Te lo deseo vivamente, prepara ese encuentro con Dios, prepara tu corazón, aunque tengas 15 años o tengas 89. En algún momento ese sentimiento nuevo te ayudará a dejar que en tu corazón se metan resentimientos, odios y envidias.
Cuántas veces la envidia mata un momento de alegría. Y mentir para hacer daño, eso es muy grave, ahí no habita Cristo, ahí no está Dios.
La fuerza de un corazón lleno de amor, vencerá todo mal
Por eso hermanos, junto a ese corazón que sabe amar, que tiene fe y belleza, junto a esos sentimientos que trituran todos esos malos deseos que en algún momento tenemos, permitamos que surja la fortaleza de la fe, la belleza del amor y finalmente la alegría en nosotros. Este es el resultado de un hombre o de una mujer que procura luchar. Y no olvidemos la alegría hermanos, pues es la que de alguna manera debería ser como la señal de los Cristianos.
En estos días que La Pasión de Cristo, película que tanto se comenta, y en la que vemos al Señor llevando el dolor por amor, antes y después de su pasión, yo me pongo a pensar: qué dirá Dios de estos comentarios que hacemos de un hecho tan importante de su vida. Seguro dice que no discutamos tanto, y prefiere que recordemos que Él se entregó por amor, ofreció toda su vida por amor. Eso no es cuestión de discusión.
Jesús nos pide hermanos: “únete con tu vida a mi cruz, y en la cruz brotará la alegría de una vida llena de amor”. Esa es la misma alegría que recordamos el día 25 en la fiesta de la Anunciación de la Virgen Maria, cuando Ella recibe el mensaje de que va a ser la Madre de Dios. Esa alegría embarga su corazón porque Ella es humilde y se da cuenta que es simplemente una esclava, que el Señor la ha escogido para ser su madre.
A Ella le pedimos: Madre mía que nuestro corazón brote lleno de amor y de alegría, que olvide las penas y dolores y que juntos todos recemos unos por otros. De esta manera qué maravillosa Gran Misión nos espera, la de Remar Mar Adentro con nuestra madre Santa María.
Que el Señor todo Poderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo los bendiga a todos y bendiga también sus hogares.
Así sea.