- Domingo, 22 de febrero de 2004 -

Su Eminencia Cardenal Juan Luis Cipriani:
“PREPÁRATE PORQUE
SE ACERCA EL GRAN MOMENTO”

Queridos hermanos en Cristo:

“Quisiera compartir con ustedes este tiempo que se acerca, la Cuaresma, y que comienza el 25 de febrero con el Miércoles de Ceniza, día en que precisamente nos ponen ceniza en la frente y nos recuerdan: eres polvo y en polvo te convertirás.

La cuaresma es un periodo de 40 días antes de la Pascua, en el que la Iglesia quiere prepararnos para la gran noticia: Jesús que instituye la Eucaristía; Jesús que sufre la pasión del dolor y la muerte por amor a cada uno de nosotros, y Jesús que resucita para decirle al mundo entero ‘no tengas miedo, he vencido al demonio, he vencido al pecado, he vencido al mal, el bien ha triunfado’.

Yo quisiera empezar este domingo diciéndote: Prepárate, conviértete, haz penitencia, pide perdón por tus pecados porque se acerca el gran momento y tienes que encontrarte bien preparado.

Que cuando vengas encuentres mi alma limpia

Así como cuando la novia se prepara, y va a la peluquería, arregla el vestido y todos están alrededor viendo si está bien, o cuando el torero va a salir a la plaza de toros y se pone su traje de luces y se encomienda a la Virgen mientras sus compañeros le miran en silencio, de la misma manera nosotros también tenemos que prepararnos diciendo: Señor pon en nuestro corazón ese deseo vibrante, quiero que cuando vengas encuentres mi alma limpia.

Si vamos a ese pasaje tan curioso del Evangelio, en el que vemos a Dios tentado por el demonio, no entendemos cómo Jesucristo que es Dios, de alguna manera se somete a las mentiras del demonio.

Yo me pongo a reflexionar y digo: ese silencio aparente del demonio, ese esconderse del demonio, ese no existe el demonio, ese no hagas caso del demonio, cuánto daño nos hace hermanos.

El demonio existe

El demonio existe, te aparta del bien, te confunde con la mentira. A él lo encuentras en personas, en sucesos de tu vida. No te dejes engañar por esa idea que mucha gente acepta hoy, de que el demonio no existe.

El demonio es quien te trae a la memoria, a la imaginación. Es el que pone esa persona en el camino, es el que hace que de repente ese problema del trabajo surja con fuerza para que pierdas la paz.

Jesús mismo se somete a unas tentaciones del demonio, en pleno desierto, cuando tenía días sin comer. El diablo le dice: Si eres Hijo de Dios dile a esta piedra que se convierta en pan.

Jesús tenía hambre pero no cede. Su respuesta es única: No sólo de pan vive el hombre sino de toda palabra que viene de Dios.

Hoy, en el mundo contemporáneo, el demonio va metiendo en nuestra vida esas tentaciones. Tenemos que darnos cuenta que si nuestro cuerpo se llena de caprichos y lo dejas hacer lo que quiere, se convierte en el dueño de tu espíritu que es de donde sale el amor, la lealtad, la palabra dada, la inteligencia, las decisiones. No dejes que el cuerpo crezca con las tentaciones haciendo lo que quiere.

El mérito de la salvación está en la lucha

Uno procura hacer el bien, pero el demonio se mete y te preguntas por qué Dios lo permite. Allí está el mérito de la salvación. En la lucha que el mismo Jesucristo ha querido darnos con su ejemplo.

El nos dice: acude a mí que soy Cristo, estoy contigo en la Iglesia, en la comunión en la penitencia, junto a la confesión. Quiero que en estos 40 días te prepares para recibirme con gozo.

El demonio está al otro lado, pero no dejemos que nos lleve por donde quiere. Pongámonos en manos de Dios y de la Virgen.

Acepta la amistad de Cristo

Juan Pablo II nos recuerda que la Cuaresma es tiempo de decisión. Esta es la vocación para aceptar a Cristo, para aceptar su amistad y su amor, la verdad de sus palabras, para creer en sus promesas, para reconocer que su enseñanza nos conducirá a la felicidad y finalmente a la vida eterna.

Son 40 días maravillosos de mortificación, de sacrificio, mirando a Cristo y diciéndole al demonio: a mí ya no me engañas tan fácilmente.

Que nuestra madre Santa Maria sea esa abogada, esa madre buena que te despierta siempre.

Que Dios los bendiga, los proteja siempre y que tengamos esa buena Cuaresma dejando que el bien triunfe sobre el mal. Así sea.

 
 

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