- Domingo, 23 de mayo de 2004 -

Cardenal Juan Luis Cipriani:
“¿Tú crees que Dios está con nosotros?”

Queridos hermanos en Cristo,

Hoy día en que celebramos la fiesta de la Ascensión del Señor , recordamos como todos los domingos cuando recitamos el credo, entre las cosas que creemos, es que el Señor ascendió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre.

Este hecho es un misterio de nuestra fe, Jesucristo -es bueno saberlo- vino a la tierra, se hizo hombre, quiso participar con nosotros de todas las situaciones más normales, como el trabajo, el descanso, el dolor, la alegría, los estudios, los amigos, los parientes, como cualquier persona, pues con esto quería decirnos a todos, que la vida humana es la escalera para ir al cielo.

Por eso tenía que venir Dios a la tierra, para mostrarnos con su ejemplo, cómo el trabajo, el descanso, el dolor, la salud, y las amistades nos llevan a nuestro Padre Dios.

Esta historia de Jesús que hemos estado viviendo a lo largo del año, que pasa por su pasión, por su muerte, por su resurrección, que llamamos tiempo de Pascua, es un tiempo de alegría y regocijo.

Hoy termina el tiempo de Pascua

Justamente hoy, domingo de la Ascensión del Señor, termina este tiempo de Pascua, porque Jesús verdadero Dios y verdadero Hombre, sube al cielo y regresa a la casa de su Padre.

Qué bueno es entender que nuestra fe está en la humanidad y en la persona de Cristo, quién ha subido al cielo, y se ha divinizado. Jesucristo, de la misma forma que vino a la tierra para hacerse hombre como nosotros, también a querido hoy dejarle a toda la humanidad este mensaje.

Y nos dice, “ahora regreso a mi Padre, luego de que ustedes me han visto como un joven pescador, predicando en el monte, con mi madre María, con mi padre José, con mis discípulo y caminado por los pueblos”.

Al irse al cielo nos confirma que El es el Verdadero Dios que vuelve a la derecha de su Padre. Entonces, unimos el cielo y la tierra, en la persona de Jesucristo.

Cristo se queda con nosotros en la Eucaristía

Cuando Cristo estaba en la tierra hace dos mil años lo veíamos como un hombre, con voz, con ojos, con un tamaño, con una manera de ser, con sus parientes, lo conocíamos, no necesitábamos la fe, porque veíamos a un hombre y Él nos decía que venía de Dios, que era el Hijo de Dios.

Cuando Jesús se va al cielo nos dice: “Ahora ya no me ven, ahora yo les enviaré el Espíritu Santo”. A partir de ese momento, cuando mis ojos no lo ven, mis oídos no lo oyen, surge entonces en el corazón de todos nosotros una profunda nostalgia, extrañamos la presencia de Dios físicamente entre nosotros.

¿Y esto qué consecuencias trae? Una de ellas es que mucha gente vive como si no existiera Dios, se olvidan de Él y lo dejan para cuando se mueren, para cuando se enferman, cuando tienen problemas, pero no se dan cuenta que Dios está con nosotros siempre en la Eucaristía.

La fe nos acerca a Dios

En todas la iglesias encontramos el cuerpo de Cristo, en el Sagrario, en la hostia -que ya no es pan, que es su Cuerpo-, en ese vino que es su Sangre, pero pregúntate, ¿Crees? ¿Tú crees que Jesús está con nosotros? ¿Tú crees que Jesús, hoy ascendió a los cielos y está sentado a al derecha de Dios Padre Todopoderoso, que desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos?

¿Tú crees que también Jesús está en tu esposa, en tus hijos? ¿Qué Jesús está presente en el cuerpo y en la sangre que están en el Sagrario? Y si en realidad creemos, ¿Por qué nos portamos así? ¿Por qué no lo visitamos, por qué no le rezamos?

¿Por qué no hacemos como nuestros abuelos? Ellos iban a la iglesia a rezar. Y como nuestros bisabuelos que hicieron éstos templos maravillosos. En cualquier rincón había una hermandad para cuidar el cuerpo de Cristo. ¿Qué pasa hoy, parece que preferimos el culto al placer, al consumo, al egoísmo, al poder?

La Ascensión de Cristo trae un mensaje que quiero compartir con ustedes, nos deja un hueco, porque extrañamos a Dios. Es verdad que la fe nos ayuda a que ese hueco no sea muy grande, al rezar el Padre Nuestro, al acercamos a la confesión, al recibirlo con el alma limpia y decirle: te adoro Señor con devoción porque creo que en este pedazo de pan está tu cuerpo.

Me gustaría contarles mi experiencia, yo ya no tengo a mis padres conmigo, tengo unas fotos preciosas y tengo recuerdos en la memoria maravillosos, recuerdo sus sonrisas, su trabajo, sus costumbres. Y aunque parecen reales y pareciera que el amor de mi madre va a salir de la foto, sé que son sólo fotos, aunque yo siga diciendo mamá no te oigo, me hace falta tu cariño, esa mirada con la que me recibías, esa exigencia, ese buen humor, esos paseos a la playa, o cuando estaba enfermo y me cuidaba por la noche.

Por muchas fotos que tenga de mi madre, la extraño. Y te digo de Jesús lo mismo, la fe me dice que El está en el Sagrario, que El está en el evangelio.

La Gran Misión Remar Mar Adentro avivará la fe

Por eso la Gran Misión de Lima va hacia la gente, a recordarle, ¿Acaso no es verdad que extrañas a Jesús? ¿No es verdad que te gustaría verlo? ¿No es verdad que quieres visitarlo en el Sagrario? Entonces, visítalo en la iglesia, en el Sagrario, y en tu corazón, háblale y rézale.

Acaso cuando tu esposo está lejos de ti, ¿No te provoca llamarlo por teléfono? O cuando tu hijo o hija, está de viaje ¿No te parecen siglos? Pues yo te digo lo mismo.

La Gran Misión ayudará a que ese “hueco”, esa nostalgia de la voz de Jesús, de su mirada, la encuentres en la oración, y con mucha fe en esta fiesta de la Ascensión del Señor. Esta fiesta de fe que te dice Dios está en el cielo y en la tierra, y a la vez te dice que tú también puedes estar en el cielo y en la tierra si tienes fe.

Que Dios los bendiga, y que esos hogares renueven su confianza en Cristo, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Así sea.

 
 

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