- Domingo, 24 de octubre de 2004 -

Cardenal Juan Luis Cipriani:
“Tú eres Cristo, el hijo de Dios vivo"

Queridos hermanos:

En días pasados hemos conmemorado los 26 años del inicio solemne del pontificado de Juan Pablo II y revisando mis papeles quería ver con qué palabras el 22 de octubre de 1978, el Papa se dirigía por primera vez al mundo desde la plaza de San Pedro.

Y son unas palabras de San Mateo, del capítulo 16, versículo 16, que dice: “Tú eres Cristo, el hijo de Dios vivo”. Estas fueron las palabras escogidas por el Papa para iniciar su pontificado. “Tú eres Cristo, el hijo de Dios vivo”. Es decir: “Tú eres el hijo de Dios que se ha hecho hombre”.

Dios vive entre nosotros

Este mensaje de Dios hecho hombre, de Cristo con nosotros ha presido estos 26 años del Papa Juan Pablo II. Mucha gente dice “creo en Dios”, pero le da miedo pensar que Dios se hizo hombre, que Dios habitó entre nosotros, que Dios vive entre nosotros y que por lo tanto Dios nos acompaña, nos corrige, nos perdona, nos quiere.

Dios está involucrado a través de su hijo Jesucristo en la historia de tu alma, de tu familia, de tus hijos. Está conociendo de cerca la historia de tus pecados, la historia de la sociedad, y por eso tanta gente quisiera creer en un Dios tan lejano que no interviene.

El Papa lo que hace es ponerlo como punto de partida para saber: “Yo estoy aquí no porque yo lo haya escogido, no porque me guste o no me guste, no porque sea una democracia, no porque el mundo se ha puesto de acuerdo. Estoy aquí por la fe y estoy aquí recordando que es Cristo el Hijo de Dios vivo, Él es el que ha intervenido en mi vida, en tu vida. Él es el que quiere formar parte de este mundo maravilloso”.

Tú eres la roca donde voy a edificar mi Iglesia

El Papa también lleno de fe y de confianza, expresa: “No soy yo que me considero indigno, no eres tú que te consideras pecador, pecadora, débil, con problemas, porque sabe que es Cristo quien le dice: “Tú eres Pedro, tú eres la roca donde voy a edificar la Iglesia y le vuelve a recordar, lo que tú me has dicho, que yo soy el hijo de Dios vivo, no te lo ha revelado la carne, es decir no lo has estudiado, no ha sido un pensamiento que te ha venido, te lo ha revelado mi Padre que está en los cielos”.

Hermanos, nos elevamos a un nivel en este capítulo 16 de Mateo, en el que el mismo Cristo, Hijo de Dios, se revela a los hombres y le da a Pedro, al Papa, ese poder, ser roca, para edificar sobre Él, sobre sus enseñanzas, sobre su santidad la Iglesia y, nos dice a todos: “Esta ciencia no es de la economía, la política, del poderoso; esta ciencia viene y ha sido revelada por Dios”.

El Señor quiere hoy que todos nosotros confirmemos nuestra fe. El Papa que con tanto esfuerzo, con tanto amor, con tanta fe nos gobierna desde la cruz y nosotros ¿Cómo respondemos?

Dice el Papa sobre Pedro: “Él sintió miedo ante el hijo de Dios como hombre”; es decir, ante Dios hecho hombre que conoce tu corazón, conoce tus pensamientos, participa de tu vida; entonces sí le dio temor, le dio asombro, de poder estar ante el Hijo de Dios, ante la divinidad de Jesucristo y sintió temor porque –como tú y como yo- se vio débil.

Ten la humildad de abandonarte totalmente ante Dios

Por eso que cerca de este mandato de Dios, está el que sintamos el dolor por nuestros pecados. Nadie se sienta muy seguro. Yo soy muy inteligente. Yo tengo mucho dinero. Yo puedo manipular a cualquiera. Yo tengo diarios. Yo tengo mucha gente que me respalda. Yo tengo armas y ¿Qué?…frente a Dios ¿Ese es el poder que te pide? No. Dios te pide que tengas la humildad de saber abandonarte totalmente: “Tú eres Cristo, el Hijo de Dios vivo”.

Luego, más adelante el Papa vuelve hablar: Satanás, el demonio, te ha buscado para cribarte como el trigo pero yo he rogado por ti, para que tú, una vez que te hayas convertido confirmes en la fe a tus hermanos.

Esto es lo que nos pide el Papa a todos. Esto es lo que la Gran Misión “Remar Mar Adentro” quiere de todos nosotros, confirmarnos en la fe con nuestra debilidad, con nuestras limitaciones, recordando lo que nos dijo tantas veces el Señor: “Yo sé todo lo que hay en tu corazón. Yo te perdono y te ayudo”.

Unámonos al Papa, recemos por sus intenciones. Vivamos en la verdad, de esa manera la Virgen, su madre y nuestra madre, será realmente quien nos llene de ternura y de cariño. ¡Qué bueno es el Papa! ¡Qué gran ocasión para que todos cambiemos!

En este mes del Señor de los Milagros les imparto la bendición: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

 

 
 

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