- Viernes, 24 de diciembre de 2004 -

“Con la venida de Jesús se abre
un panorama maravilloso: la vida eterna”

Queridos hermanos en Cristo Jesús:

Estamos en víspera de la Navidad. En la primera lectura, Isaías nos dice: El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande. Muchas veces esas tinieblas en el corazón son fruto de la fragilidad humana, a veces de nuestros pecados, y sólo se hace la luz con la presencia de alguien que nos ama.

Permanentemente la Iglesia nos viene recordando la religión que es el seguimiento a una persona: Cristo.

El mundo de hoy a veces navega con cierto temor y duda, al ver tanta violencia, dificultad. Surge la pregunta qué pasa, y la respuesta la tenemos hoy con el nacimiento de Jesús: Sólo podré vencer ese miedo si es que tomo conciencia y creo en la presencia de alguien que nace hoy -el Niño, y me ama y está al margen de los vaivenes normales de mi vida.

Jesús me sigue buscando para amarme

Contemplamos el misterio: Jesús nace para amarnos, para unirse a cada uno de nosotros por amor. Si lo merezco o no, eso es posterior. La esencia del misterio de Jesús que viene a la tierra es porque me ama, y porque me sigue buscando para amarme.

Hagamos un propósito al contemplar a Jesús en estos días en el pesebre: ser personas esencialmente alegres por esa condición de hijo de Dios, ser portadores de esa alegría y en todo lugar. Sé que no es fácil pero es imposible sin la ayuda de Él. Por eso te invito a buscar en Él, el origen de esa alegría que tiene días mejores y peores.

Por contraste, la muerte del hombre es querer ser como Dios, porque entre otras cosas eso significa: no quiero que me amen. Juan Pablo II nos dice que una persona que se queda al margen del amor de Dios, permanece como un hombre anónimo, que no se conoce. ¿Te imaginas lo complicado que es ir por la vida diciendo: no sé quien soy porque mi identidad fundamental es ser amado?.

Este niño que nace nos abre las puertas a la eternidad

Nos dice San Pablo en la segunda lectura: Ha aparecido la gracia de Dios que trae la salvación para todos los hombres, enseñándonos a renunciar a la impiedad, a los deseos mundanos, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios.

Hermanos, con la venida de Jesús se abre un panorama maravilloso: la vida eterna que tantas veces es la única respuesta a la situación que vivimos, como cuando pasamos un momento de soledad, por una enfermedad.

Este niño que nace nos ha abierto las puertas a la eternidad y por lo tanto mi alma siempre está joven. Y en navidad, esa juventud se manifiesta en tantas expresiones del canto, del arte, de la sencillez de todos contemplar a un niño, de todos tener en casa a un hijo, un nieto, una sobrina que con qué ilusión está esperando.

Enseñemos a todos ellos: Ese regalo te lo trae el Niño Dios, y es porque celebramos el nacimiento de Jesús, pero esa vida eterna quiere decir que debemos luchar para no perder nunca la mirada de Dios.

Que yo me haga niño por dentro

Hoy contemplamos a Jesús de la manera más tierna, y nos conmueve y alegra. Los propósitos brotan. Cuando vemos a un Dios niño en un pesebre, con María y José, con unos pastores que en la noche acuden a saludarlo, se nos cae el orgullo, la violencia, la soberbia, la mentira.

Hacemos el propósito: Jesús, que yo me haga niño por dentro. Por lo tanto, que no guarde rencores, pesimismo. Un niño con un caramelo o la sonrisa de su padre, cambia.

Abre tu vida a la esperanza en la vida eterna, verás como la realidad de los mismos hechos la vas a contemplar con otros ojos. La luz de la fe te va a dar otra mirada. Esto no es alejarse de la realidad. Al contrario, la viviremos con una intensidad y con una pasión, porque amamos al mundo apasionadamente porque salió de las manos de Dios, porque este niño al venir a la tierra ha divinizado todos los caminos de la tierra: el trabajo, el cansancio, la salud, la enfermedad, la familia. Todo lo ha hecho un camino de encuentro con Dios, pero no nos vamos a dejar aprisionar.

Alegra a Jesús, deja que te ame

Jesús, enséñanos a querernos. Piensa en qué le dará más alegría a Dios de mi vida. La mayor alegría está en contestarle con libertad a las llamadas que te hace a ese motivo de estar en el mundo. Este niño pequeño inicia un diálogo con cada uno, con nombre y apellido.

Jesús nos dice hoy: todo lo tuyo me interesa. Por eso he venido a participar de tu vida, de tu alegría, amistad, tristeza. Para decirte que es verdad, subo a la cruz y resucito, y me siento a la derecha de Dios Padre.

Reconoce la verdad de tu propia existencia porque esa es a identidad que te pide Jesús. ¿Quién eres?. No te preocupes si ves muy claramente tu debilidad porque cuando presentas esa identidad completa, Dios te dice: pasa, empecemos a conversar. Cede ante Dios que quiere amarte. Díselo en tu interior. Deja que te ame como eres. Él nos amó primero.

Los derechos del niño se pueden resumir en el derecho a ser amados.

Creo que esta fiesta del niño Jesús también podemos recordar las palabras de Juan Pablo II, que con firmeza y contra la corriente de un mundo que a veces está en tinieblas, defiende la vida. El nos dice: Los derechos del niño se pueden resumir en su derecho a ser amados. La comunidad no puede aspirar a defender, proteger o apoyar el desarrollo del niño si sus iniciativas no se basan en una conciencia renovada del derecho a amar al niño. Todos los niños participan de la vida de este niño, desde el momento de su concepción.

Jesús, niño. No creo que nadie lo haga por maldad. Ilumina la inteligencia del mundo de hoy para que comprendamos lo sagrado que es la vida humana. Eduquemos la responsabilidad, la generosidad, pero no vayamos por ese camino tan fácil de no respetar ese derecho que el Papa nos dice que es el central, por lo tanto el derecho a la vida, desde el primer instante de su concepción. Atrévete a una relación personal con Jesús. Deja que Él hoy nos llene de agradecimiento y nos mire con amor.

Una Feliz Navidad para todos, y que el amor y la esperanza reine en vuestros hogares.

Así sea.

 
 

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