Homilía de Monseñor José Antonio Eguren

- Domingo, 25 de abril de 2004 -

Monseñor José Antonio Eguren:

“Acojamos la mano tendida de Cristo
y volvamos a Él sabiéndonos perdonados
y amados, prometiéndole nuestra fidelidad
hasta el final”

Queridos amigos, debido a que el señor Cardenal se encuentra de viaje atendiendo responsabilidades propias a su cargo de Cardenal de la Santa Iglesia, es que tengo la alegría de poder entrar en sus hogares y desearles en primer lugar una muy feliz Pascua de Resurrección.

Que la alegre noticia de que el sepulcro de Cristo está vacío y que el Señor ha vencido al pecado y a la muerte, entre a nuestros corazones y también a todos y cada uno de vuestros hogares.

Jesús está siempre con nosotros

Nos encontramos en este tercer domingo del tiempo Pascual, con una escena en el evangelio de hoy sumamente hermosa. Jesús resucitado se aparece a sus apóstoles en el mar de Galilea. Las dos primeras apariciones de Jesús se dan en el cenáculo de Jerusalén, allí donde el Señor celebró la Última Cena e instituyó el Sacramento de la Eucaristía, pero ésta tercera aparición de Cristo Resucitado se da en este lago.

En el mismo lugar donde hace tres años atrás, Jesús había llamando a los primeros apóstoles a que lo dejaran todo y lo siguieran para convertirse en pescadores de hombres. Siendo testigos Pedro, Andrés, Santiago y Juan de esa pesca milagrosa que Jesús obró con ellos, pues decidieron dejar sus barcas y sus redes, e irse con El.

Lo primero que nos impresiona en esta lectura es que han vuelto los apóstoles nuevamente a su antiguo oficio de pescadores, y la pregunta que tendríamos que hacernos es ¿Por qué? ¿Acaso no lo habían dejado todo y se habían ido con Jesús? ¿Acaso el Señor no les había dicho que de ahora en adelante serían pescadores de hombres?

Porqué entonces Pedro le dice a sus amigos -a los otros apóstoles- “me voy a pescar”, y ellos le dicen: “nosotros vamos contigo”. Posiblemente encontramos la razón de que vuelven a su antiguo oficio de pescadores por el hecho que todavía la tristeza está presente en el corazón de los apóstoles. No nos olvidemos que ellos abandonaron a Jesús en la hora más difícil para El, su pasión y su muerte en la cruz.

No nos olvidemos que incluso el mismo Pedro negó a su maestro tres veces, él, que había dicho que aunque todos lo abandonaran él no lo haría y que estaría dispuesto a dar su vida por Jesús. No nos olvidemos finalmente que incluso los apóstoles, cuando las mujeres les trajeron la alegre noticia de que el sepulcro estaba vacío, en un primer momento no creyeron en el hecho de la resurrección.

Posiblemente por que estaban tristes, por que el fondo sabían que le habían fallado al Señor, no se sienten dignos de la compañía de Jesús, de seguir con El, por eso regresan a su antiguo oficio de pescadores, y aquí viene un gesto de Jesucristo resucitado que realmente nos conmueve.

El Señor te ama a pesar de todo

El Señor que ama a los suyos va a buscarlos a pesar de que sus apóstoles le han abandonado o le han negado, El sigue creyendo en ellos, El quiere renovarles su amor, El quiere renovarles su llamado. El quiere decirles que no turben sus corazones y que los perdona, y sabe, que si en ese momento ellos le renuevan su fidelidad, su lealtad y su amistad van a poder cumplir la misión para la cual que El los escogió, la de ser pescadores de hombres.

Y es por eso que vemos esa escena tan tierna, de Jesús que va en busca de sus amigos, de Jesús que nuevamente realiza el milagro de la pesca milagrosa y que al darse cuenta de que era el Señor, Pedro se lanza desde la barca a buscarlo en la orilla y después todos se reúnen en torno a Cristo para comer un pez asado.

Aquí tenemos una primera enseñanza del evangelio de hoy, a pesar de que le hayamos fallado al Señor, a pesar de que no le hayamos sido del todo fieles, a pesar de que en algún momento de nuestra vida podamos haber caído en nuestro seguimiento a Cristo, que la tristeza no domine tu corazón, El a pesar de todo nos ama, El a pesar de todo nos renueva su amistad, El a pesar de todo nos renueva su llamado. Así como hizo con Pedro y con sus apóstoles, hoy lo hace contigo y lo hace conmigo.

El Señor Cree en ti

Por eso en el fondo creo que este tiempo Pascual es un tiempo para llenarnos de alegría y para llenarnos de confianza, por que Jesús te ofrece su amistad, te ofrece su perdón y su amor, y sobre todo El cree en ti.

El Señor cree en cada uno de nosotros más de lo que nosotros creemos en nosotros mismos. Entonces ¿Qué nos pide en este tiempo pascual? ¿Qué nos pide el Señor resucitado? Jesús te dice que a pesar de que puedas haberlo abandonado, que te puedas haber alejado, te acerques a El. “Yo te ofrezco mi amistad, te ofrezco mi amor, te ofrezco mi perdón, te ofrezco mi cariño. Yo estoy seguro que si tu te arrepientes de corazón como, lo hizo Pedro y los demás apóstoles, vas a poderle ser fiel hasta el final”.

Acojamos la mano tendida de Cristo

Queridos hermanos, aprendamos a descubrir a Cristo, pero a Cristo como misericordia, como amor, como el amigo que nos es fiel y que a pesar de nuestras caídas y de nuestras debilidades sigue amándonos, sigue ofreciéndonos su perdón, sigue ofreciéndonos su amistad.

Acojamos esa mano tendida que El nos da en este tiempo de Pascua, volvamos a El y sabiéndonos perdonados y amados por El ahora sí prometámosle nuestra fidelidad hasta el final como Pedro se la prometió en la escena del evangelio de hoy y le fue fiel hasta la muerte.

Por que la tradición nos enseña que Pedro al final fue también crucificado, como Cristo, pero no considerándose digno de una muerte similar a la de su maestro pidió ser crucificado boca abajo.

Digamos como Pedro: “Sí Señor tú sabes que te amo”
Otra enseñanza que nos deja el evangelio de hoy, es aquella en la que Jesús tiene con Pedro un diálogo de amor maravilloso. Por tres veces Jesús le pregunta a Pedro ¿Me amas? y por tres veces el apóstol le dice Señor -sí tú sabes que te amo-. ¿Por qué el Señor le pregunta a Pedro tres veces si lo ama?

Lo hace para reparar las tres negaciones que ciertamente el apóstol en un momento hizo. Tres veces ahora sí el apóstol le responde, y no con orgullo y con altanería sino con humildad y con sencillez le dice: “Sí Señor tu sabes que te amo”.

También sintamos que en este tiempo de Pascua el Señor nos pregunta a cada uno de nosotros ¿Me amas? y que nosotros también desde la sencillez y humildad de nuestro corazón le podemos pues decir: sí Señor, tú sabes que a pesar de todo yo te amo, yo te quiero.

Quienes escuchan la voz del Pedro de hoy, Aman verdaderamente a Cristo

Pero la enseñanza final del evangelio es que ante estas tres preguntas y ante estas tres respuestas del apóstol, Jesús le entrega a Pedro una responsabilidad muy particular, El le dice: “pastorea mi rebaño, apacienta mis ovejas”.

Pedro, pues, se convierte en el primer Papa, pero solamente podrá ser el Primer Papa en la medida en que Pedro ame a Jesús más que así mismo, por que solamente cuando Pedro es capaz de amar a Jesús más que así mismo, podrá entonces amar aquello que Jesús ama, aquello por lo cual Jesús entregó su vida. Sus ovejas. Es decir, todos y cada uno de nosotros.

Con esto quisiera concluir, aquí encontramos una enseñanza muy hermosa, a Pedro y a sus sucesores se les ha confiado el cuidado de todo el rebaño de Cristo, ¿quién se lo ha confiado? El mismo Jesucristo. Por lo tanto quienes escuchan la voz del Pedro de hoy, la voz del Papa, son los que de manera auténtica siguen a Cristo, son los que de manera verdadera aman al Señor y le son fieles.

Por eso, el día de hoy, que también nuestra oración vaya dirigida al Pedro de hoy, a Juan Pablo II, a quien el Señor también le dijo hace 25 años atrás, Pedro ¿Me amas? Y el le repitió por tres veces: “Sí Señor tú lo sabes todo, tú sabes que te amo”. Y luego Jesús le dijo cuando fue elegido Sumo Pontífice, “apacienta mi rebaño”.

Hace 25 años tenemos esa dicha en nuestra Iglesia de tener a Juan Pablo II como el Pedro de hoy, como aquel que viene apacentando con amor el rebaño que Jesús le ha confiado y entregándose con amor a cada una de las ovejas de Cristo.

Recemos por el Papa, tengámoslo presente hoy domingo, pero también siempre en nuestras oraciones. Que el Señor los bendiga, les doy de corazón la bendición a cada uno de ustedes y a todos sus hogares, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, amén.

Así sea.

 
 

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