Hermanos y hermanas,
Les agradezco dejarme entrar en sus hogares en este día domingo día del Señor, el evangelio de este día gira todo en torno al tema de la oración.
Es interesante ver lo que San Lucas nos dice, que un día Jesús estaba orando en cierto lugar y cuando terminó de rezar uno de sus discípulos emocionado, al haber contemplado a Cristo en oración, le dice: “Maestro enséñanos a orar como Juan el Bautista enseñó a orar a sus discípulos”.
Seamos hombres y mujeres de oración
Y esta posición de este discípulo, que no sabemos su nombre, propicia la más hermosa oración que tenemos en la Iglesia, que es la oración del Padre Nuestro.
Pero retrocedamos un poco, Jesús estaba orando en cierto lugar y había ahí un discípulo que quedó conmovido del recogimiento, de la contemplación, del fervor, de la unción con que Jesús rezaba y es por estar conmovido que le dice al maestro “enséñanos a rezar como el Bautista le enseñó a rezar a sus discípulos”.
En el fondo queridos hermanos que importante es que demos a los demás, como Jesús, el testimonio de ser hombres y mujeres de oración. Ese discípulo quedó conmovido al ver la oración de Jesús.
Cuantas veces nos ha sucedido que hemos visto un sacerdote, a un religioso, o aun laico de esos bien comprometidos con su fe, recogidos en oración, ese recogimiento, esa espiritualidad de la oración nos conmovía, nos edificaba, en el fondo también hacían como despertar en nuestro corazón el deseo de aprender a rezar más y a orar.
Nuestra vida espiritual debe ser intensa
Yo recuerdo una anécdota que puede graficar más lo que quiero decir, hace algunos años fui invitado a celebrar la Santa Misa en la Capilla particular del Papa Juan Pablo II en Roma, en el Vaticano.
Y antes de comenzar la celebración de la Santa Misa, realmente me conmovió ver al Papa de rodillas delante del sagrario en un coloquio íntimo, intenso, fervoroso, lleno de silencio pero también lleno de elocuencia con Jesús.
Ver la oración del Papa me conmovió e hizo que yo me cuestionara acerca de mi vida de oración y que se despertase en mí en deseo de orar como él a Jesucristo.
Por eso creo que uno de los grandes testimonios que los cristianos tenemos que darle a los demás es sobretodo una vida de oración, de una vida espiritual intensa que despierte en los otros el anhelo de orar, el anhelo de encontrase con Jesús, el anhelo de buscar en el silencio en el recogimiento a Cristo, el camino, la verdad y la vida.
Dios también es nuestro Padre
Pero en el evangelio de hoy no termina ahí, sino que sigue un poco, les decía que como resultado de la intervención de este discípulo Jesús nos dejó en herencia a la Iglesia la oración del Padre Nuestro.
Quien sabe entre las cosas más hermosas que encontramos en esta oración, que todos conocemos y hemos aprendido a rezar desde niños, es que Jesús nos revela que Dios es su Padre.
El es el Hijo amado del Padre, el predilecto, el unigénito, el Hijo por excelencia, pero con esta oración también nos revela Jesús que Dios es nuestro Padre, es tú Padre, es mí Padre, que en Cristo somos hijos del Padre.
Y lo maravilloso de la oración del Padre Nuestro es que si Dios es Padre, entonces es alguien que nos ama que nos quiere y que siempre estará dispuesto a darnos aquello que más necesitamos para cada momento y para cada circunstancia concreta de nuestra vida.
¿Por qué entonces debemos orar con confianza a Dios? ¿Por qué debemos acercarnos con confianza a pedirle al Señor? Porque Él es antes que nada nuestro Padre. Y en Cristo somos sus hijos amados y predilectos, por lo tanto el Padre siempre le interesa conocer las necesidades de sus hijos, siempre está atento a toda oración, a todo pedido, a toda súplica que brote de nuestro corazón.
Una oración constante y llena de confianza
El evangelio de hoy termina con dos parábolas o con dos enseñanzas de Jesús muy sencillas, en el fondo buscan querer decirnos de parte de Jesucristo cómo tiene que ser nuestra oración hacia su Padre.
En primer lugar una oración llena de confianza pero también una oración que tiene que ser constante, que tiene que ser perseverante, estas dos características de la oración del cristiano se ven reflejadas en el final del evangelio de hoy.
Cuando Jesús cuenta aquella parábola de aquel amigo que a media noche recibe la visita de un peregrino en su casa. Y como era la costumbre de aquel entonces al huésped había que atenderlo, este hombre, nos dice Jesús, no tenía ni siquiera un poco de pan que darle al ese peregrino que venia fatigado del camino.
Y era media noche, la gente estaba dormida, y constantemente llama a la puerta de las casa y dice: “amigo dame algo de comer y para compartirlo con el”.
Y el resultado es que ante tanta insistencia de este hombre el vecino termina por darle aquello que esta solicitando: pan para darle al peregrino que ha alojado este hombre en su casa como huésped.
Dios siempre escucha nuestra oración
Aquí lo que nos quiere decir Jesús es que la oración de ustedes sea una oración llena de confianza y llena de esperanza, son dos características que a veces a nuestra oración le falta, muchas veces decimos yo le pido al Señor pero no me lo da, parece ser que en el fondo no me escuchara o no le interesara.
Mentira, El te escucha y el se interesa por ti. La pregunta más bien es esta: ¿Tu oración ha sido una oración llena de fe, ha sido una oración llena de confianza, ha sido una oración llena de constancia, es decir, hecha con insistencia, con perseverancia?
En el fondo el gran problema de nuestra vida de oración es que rezamos con muy poca o pobre fe, ese es el gran problema, no tenemos confianza en el Señor, Él es capaz de darnos mucho más de lo que nosotros a veces podemos atrevernos a pedir.
Nos falta esa confianza, esa fe en Él, de que es capaz de darnos. Y nos falta también a veces esa constancia de estar como ese hombre de la historia del evangelio de hoy, insistentemente tocando la puerta del vecino, con la seguridad de que responderá el Señor a nuestro pedido a nuestra súplica y a nuestros clamores.
Pidan y se les dará
El evangelio de hoy termina con esa hermosa frase que nosotros algunos debemos haber escuchado: Pidan y se les dará, busquen y hallarán, llamen y se les abrirá, porque el que pide, recibe, el que busca, halla y al que llama se le abre.
Así tiene que ser nuestra oración, de confiada, de fervorosa, de insistente, de constante, pidamos y Dios nos dará; busquemos y Dios nos hará encontrar lo que estamos buscando; llamemos y el nos abrirá. Porque como Jesús termina la enseñanza de hoy: - “si ustedes sus hermanos- saben dar cosas buenas a sus hijos, con cuánta mayor razón nuestro Padre del cielo sabrá dar el Espíritu Santo a todo aquel que lo merece”.
Renovemos nuestra esperanza
Estamos a muy pocos días de las Fiestas Patrias a muy pocos días de celebrar un aniversario más de nuestra Independencia, antes que nada desearles a todos unas muy felices Fiestas Patrias, son tiempos difíciles los que vivimos, pero que estas fiestas sean ocasión para una renovada esperanza para todos y cada uno de ustedes.
Les dejo un mensaje de fe, porque esta nación del Perú ha crecido, ha madurado al calor del anuncio del evangelio, si hay algún sello en lo más hondo de nuestra identidad como patria, como nación, como país, es la imprenta cristiana.
Las Fiestas Patrias son ocasión para que todos nosotros comprendamos que si queremos una patria grande justa y reconciliada, que es el anhelo de todos los peruanos en esta patria, solamente lo haremos posible si volvemos a las raíces profundas de la fe que están en lo más hondo de nuestra identidad como nación.
Es decir si volvemos a Jesús, si volvemos a su evangelio, y si de Cristo y de ese evangelio, que son la herencia más hermosa de nuestra patria, sacamos todos esos valores que puedan ayudarnos en nuestra vida personal y sobretodo nacional, a hacer de este país un país que todos anhelamos y que en el fondo todos queremos.
Que el Señor los bendiga y que bendiga también a todo el Perú y con todo cariño les imparto la bendición a ustedes, a sus familiares y la nación en este día domingo. Que Dios los bendiga. Así sea.