- Sábado, 25 de diciembre de 2004 -

Cardenal Juan Luis Cipriani:
“Paz en la tierra a los hombres que ama el Señor”

Queridos hermanos:

Estamos celebrando el nacimiento del Hijo de Dios y acabamos de escuchar en ese primer capítulo de San Juan que por un lado nos dice: A Dios nadie lo conoce, y por otro: la palabra de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros.

En la carta a los hebreos nos dice: en muchas maneras habló Dios a los hombres por los profetas, pero últimamente nos habló a través de su hijo.

Hoy este niño es la palabra de Dios. Esa persona es el pensamiento del Padre, lo expresa con un Jesús vivo que hoy nace y permanece vivo, más cuando este año el Papa nos lleva a celebrar el Año de la Eucaristía para que nos demos cuenta que ese Jesús nos sigue revelando qué piensa Dios Padre de cada uno.

Ese Hijo de Dios que hoy nace está estrenando una manera de pensar, de actuar. Ese Niño es la perfección humana. En Él se identifica su ser, es decir su naturaleza y ¿quién es Jesús?. A la respuesta a esa pregunta podemos decir: la verdad, la vida, la belleza, la unidad, la generosidad, la bondad, la unidad. Podemos hacerla lista completa porque en Jesús se refleja la perfección humana. Al mismo tiempo podemos decir: Y ese Niño que ha asumido mi propia naturaleza humana, ¿quién es?. Es el Verbo, la palabra del Padre, el Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Dios con nosotros.

Todo esto nos sirve para algo muy importante: Para que sea la luz que ilumina mi caminar.

Este no es un mensaje religioso. Hay un materialismo cristiano desde el momento que Dios habitó y habita en la tierra, nació en un hogar y vivió 33 años. Desde ese momento, todo lo humano menos el pecado se diviniza y por lo tanto, la relación familia, el trabajo, el cariño, la muerte, todo cambia.

Podría no haber cambiado y estar en el Antiguo Testamento, esperando, pidiendo que venga. Pero al venir, la vida del mundo cambia.

Paz en la tierra a los hombres que ama el Señor

Anoche repetía el Papa Juan Pablo II: “Jesús, la humanidad te busca. Atiende a esta humanidad que se encuentra en la violencia, en la guerra”. El Papa en esa visión llena de fe, en esa pasión por todo lo humano que debe distinguir a los cristianos, implora de una manera conmovedora: “Jesús escucha a esta humanidad que te necesita, ilumina con tu paz la vida de tus hijos, no nos olvides”.

La paz ha pasado a ser como una señal de cómo va el mundo. Por eso hoy la invocamos de manera especial: Paz en la tierra a los hombres que ama el Señor. Nos damos cuenta que para que haya paz la tengo que tener en mi corazón, y para tenerla en mi corazón tenemos que encender una palabra sin la cual la sociedad no puede ir adelante: Perdón, Reconciliación, Olvido.

Son categorías que la fe cristiana, con la muerte del Hijo de Dios en la cruz, han inaugurado.

La verdad es el gran llamado de Jesús desde el pesebre

Todos miran a esa luz que se enciende de esperanza. Eso requiere que yo libremente abra mi corazón. Lo que no cabe es pedirle a Dios que atropelle la libertad que nos ha dado. La verdad nos hará libres. Ese es el gran llamado de Jesús desde el pesebre. Sin verdad no hay humanidad, no hay sociedad.

Desde esa naturaleza brotan las otras bondades, en el corazón de quien se deja amar por Jesús. Jesús necesita de tu colaboración para amarte. Por eso, limpia tu alma, abre tu corazón, comparte ese amor de Dios que nos ha dado su hijo dando tu también amor a tus hermanos. Ahoga el mal en abundancia del bien. Siembra.

En defensa de los niños

Este mensaje no es espiritual. Desde esta perspectiva, la realidad adquiere una fuerza muy grande. Que al contemplar al Niño Jesús, hagamos un esfuerzo y recordemos las palabras del Papa Juan Pablo II: los derechos del niño se pueden resumir en el derecho a ser amados.

Pidámosle a ese niño que los demás menores sean amados. Para ello hay que proteger y promover la vida, especialmente de los niños no nacidos, de los recién concebidos.

Jesús, tú sabes de la persecución. En nombre de esos niños del mundo, que haya ese gran cambio de mentalidad. Que no se siga buscando el modo disfrazado de ciencia, para matar a los niños, para impedir que nazcan.

Por eso el Papa dice que debemos proteger y apoyar el desarrollo del niño renovando el derecho a amar al niño. Ahí tenemos luces de esta Navidad, la alegría de este desprendimiento de Jesús.

Que esta infancia espiritual sea motivo de reflexión.

Mujeres, en este misterio de la Navidad, miren a María. Vive la Navidad con los ojos de María, cuida al niño, trátalo, respétalo y bésalo con ese especialísimo modo que tiene la mujer de tratar a la criatura.

Hombres, pónganse en el papel de José, justo, de coraje, humilde y sencillo, el padre de familia que marca el rumbo del hogar, que busca el bienestar para su hijo.

Y todos miremos al Niño. Deja que estos sentimientos sencillos invadan tu vida. Deja que esta infancia espiritual en estos días, sea motivo de frecuente meditación, pensando que: Jesús me ama.

La venida del Hijo de Dios nos invita a ser sembradores de esa alegría, de esa paz y fe. Inauguremos en nuestra vida una nueva lógica nueva. A nuestro país, la paz, la defensa de la familia y la vida, compartir con los demás. Al ver al Niño, digamos: Jesús, no te olvides de nosotros. Visita todos los rincones del país y siembra esa gota de amor.

Feliz Navidad a todos. Que Dios los bendiga.
 
 

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