Cardenal Juan Luis Cipriani:
“No busques excusas, y tal como eres
acércate a Jesús que te espera en la confesión
”
Hermanos y hermanas, estamos como todos los domingos con ustedes.
Hoy la carta de San Pablo a los Filipenses, nos dice unas palabras que nos pueden ser muy útiles, “Todo lo estimo pérdida comparado con la existencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por El lo perdí todo. Todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo”.
Son palabras fuertes, que quisiera que todos las hiciéramos vida de nuestra vida. Que nos permitan conocer a Cristo, tener una visión de Cristo que no es parte de mi inteligencia o de mi sabiduría, sino que es parte de la humildad de dejar que Dios entre en nuestras almas.
Recuerdo un escrito de un Cardenal cuando decía, la gente habla del poder, todo el mundo habla del poder, y luego se preguntaba. ¿Cuál es el poder de Cristo? -el poder de Cristo es la obediencia a su Padre- contestaba. Cuando Cristo dice: mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre que me ha enviado. Ahí reconocemos su poder.
Como vemos, ésta es una concepción diferente del poder, por un lado vemos autoridad, atropello, fuerza, falta de respeto. Y en el otro caso obediencia, humildad, servicio, en el que Cristo es el ejemplo para nosotros. Por eso San Pablo dice “todo estimo que es una basura si no tengo a Cristo”.
Acércate a encontrar a Cristo en la confesión.
Estamos acercándonos ya a la Semana Santa, y sin embargo vamos apurando el paso, en un mundo que tal vez no vive al mismo ritmo, que tal vez está más preocupado de otros problemas y otras situaciones y no se acuerda prepararse para esta fecha tan importante.
Recuerdo cuando yo era pequeño, la Semana Santa empezaba en el hogar. Las mamás y las abuelas, nos empezaban a ayudar para vivir ese clima de mayor silencio y recogimiento, llevándonos a las iglesias. Por eso yo te pido a ti, que te prepares para esta Semana Santa. Acércate a encontrar a Cristo en la confesión.
Vas a encontrar mucha paz en la confesión. Esa obediencia hacia el poder de Dios, te llevará a ver cómo en tu alma se refleja la alegría, la paz y la serenidad de quien reconoce que ha cometido pecados, y que se prepara para ese momento cumbre que es la muerte y la resurrección de Cristo.
Levantemos nuestra mirada al Señor
San Pablo sigue diciendo más adelante, “No es que ya haya conseguido el premio, o que ya esté en la meta. Yo corro para ver si lo obtengo, sólo busco una cosa, olvidándome de lo que queda atrás”. Allí tienes un modo de olvidarte de lo que queda atrás, la confesión. No se trata de hacer cosas raras o de descansar. Hay que olvidar esa vida dejándola en manos de Dios.
Hermanos, a mi me duele mucho el contemplar el mundo, que va como ovejas sin pastor, que está muchas veces conmovido por problemas de hambre, de salud, problemas familiares, lleno de dificultades, y sin embargo no levantamos la mirada a nuestro Dios.
¡Levantemos nuestra mirada al Señor! Digámosle, Señor tú lo sabes todo, tú sabes que soy un hombre pecador, que procuro mejorar y que tantas veces no puedo, tú sabes que a veces la soberbia no me deja mirar mi alma y por eso no encuentro el pecado. Por eso hermanos, aligera el paso. Aproxímate a la iglesia más cercana, y pídele al sacerdote un momento para que te puedas confesar.
Tal como eres, acércate a Jesús
Pero no confundamos las cosas, este acto significa poder en manos de Dios a través del sacerdote, éste sacramento lo ha instituido Jesucristo cuando le dijo a Pedro, te doy las llaves de mi Reino, todo lo que tu perdones queda perdonado. Por eso nosotros sucesores de los apóstoles tenemos ese poder de dejar atrás tus pecados, si estas arrepentido y dispuesto a cambiar. Entonces apura el paso, en medio de tu trabajo en medio de tus agobios, dale un tiempo al Señor que te está esperando.
Porque muchas veces se nos va la vida preparando las cosas, y ponemos pretextos. No me confieso porque todavía no sé bien si el sacerdote me va entender, mejor no bautizo a mi hijo porque me falta el padrino, no sé si ir a misa por que tengo este problema.
No busquemos excusas, y tal como eres acércate a Jesús, El te espera. Yo le pido ahora: “Señor entra en los corazones de los que nos escuchan, entra y dales un abrazo, llénalos de gozo y anímalos a acercarse a la confesión”.
Quien esté libre de pecado tire la primera piedra
En el evangelio de este domingo, hay una imagen impresionante, el apóstol San Juan nos dice que han encontrado una mujer en adulterio y la traen delante de Jesús, todos los fariseos -cínicos yo diría- no perdonan, acusan y maltratan a aquella mujer pecadora, diciéndole a Jesús: la hemos encontrado en adulterio, qué dices; puesto que la ley judía dice que quien era encontrada en adulterio era condenada a la muerte a pedradas.
Jesús como quien no oye, se pone a jugar en el suelo escribiendo unas señales, sin embargo ellos le interrogan, quieren que condene, que maltrate. Y Jesús después de un momento levanta la cara y dice: “Quien esté libre de pecado tire la primera piedra”.
Los primeros que se retiraron fueron los más ancianos. La experiencia de una vida larga hace que sean ellos los primeros que se retiran, porque la vida les ha enseñado que no tienen derecho de matar a los demás, que no deben acusar a los demás. Y Jesús espera, al cabo de un rato levanta la cara y ya no queda nadie. La mujer está sola, Jesús le dice: “Mujer nadie te ha condenado, vete y no peques más”.
Preséntate delante del Señor y sé sincero
¿No es ésta una confesión? La confesión es tener la sinceridad de personalmente presentarse delante de Dios. Nos dice basta de acusaciones hipócritas, de acusaciones llenas de ruidos y de gritos. Primero tienes que ver tu alma, si estas libre de pecado, si te ha perdonado Dios a ti.
Ahora que estamos muy cerca de la Semana Santa, yo te digo acércate a María, pídele a Ella, a nuestra Madre, y dile: Mamá dame la mano, llévame donde tu hijo, como aquella pecadora déjame abrir mi alma en la confesión. Y ya verás cómo María, como buena Madre, te lleva con cariño hacia su Hijo. Y verás también como aquel sacerdote te absuelve en nombre de Dios.
Vemos como éste pasaje del evangelio esta lleno de optimismo y de esperanza que el mundo de hoy necesita tanto, este evangelio está lleno de ese Cristo vivo.
Yo los invito a acercarse a ese Cristo vivo. Se tú entre los tuyos, un hombre o una mujer que anima a los demás a caminar hacia el perdón, hacia la confesión, hacia el arrepentimiento.
Que el Señor escuche nuestra oración. Y que la bendición de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo llene los corazones y los anime a esa conversión en la confesión.
Así sea.