- Domingo, 28 de noviembre de 2004 -

Cardenal Juan Luis Cipriani:
“Despierta, Jesús vivo está contigo y conmigo”

Queridos hermanos en Cristo:

Hoy con este primer domingo de Adviento la Iglesia inicia el año litúrgico. Durante estos cuatro domingos la Iglesia prepara a cada uno de nosotros para un acontecimiento extraordinario: El nacimiento de Jesús, el 25 de diciembre.

Por eso verás en el templo al sacerdote que viste morado, por un lado para llamarnos la atención: Purifícate, prepárate, porque viene Dios a la tierra; y al mismo tiempo, te trasmite esperanza, pues ese Dios te abre el camino a la eternidad.

En la epístola de San Pablo hay unas palabras que parecen hechas hoy y no hace siglos. Nos dice: Date cuenta del momento que vives. Es decir, procura despertar del sueño en tu realidad, en tu trabajo, en tu familia, ahora, al final de año, cuando empiezan los exámenes en los colegios y en las universidades, momentos en que se renuevan los contratos en las empresas.

No vivas la vida rutinariamente, la salvación está más cerca que nunca

Me dice San Pablo date cuenta el momento que vives. No vivas la vida rutinariamente. No, es la preparación a la Navidad y dice: Ya es hora que despertarnos del sueño, porque ahora está nuestra salvación más cerca que nunca. Fíjate en estas palabras del apóstol que comparto contigo. ¿De qué sueño nos habla? Y me pongo a pensar en este Año de la Eucaristía.

El Papa quiere que la humanidad entera despierte de un sueño. La gente está durmiendo sin darse cuenta que Jesús vivo está contigo y conmigo. Esto quiere decir, que Jesús es alegría, paz, bondad, amor, justicia. Cuando estamos dormidos qué pasa: odio, violencia, injusticia, abuso, mentira.

Por eso dice San Pablo despierta del sueño y en este Año de la Eucaristía despierta y acostúmbrate a vivir con Dios. ¿Qué sucede cuando un marido recibe a su esposa, cuando nace una nueva criatura, cuando vuelve el hijo del colegio o cuando tiene ocasión de visitar a un amigo que por años no veía? Siente una alegría inmensa, ilusión de recibirlos en casa, de volver a darle un abrazo y saber de ellos.

Nosotros hermanos vemos a Jesús en cada sagrario, porque se ha quedado en nosotros, no con nosotros, pues no se ha quedado a mi lado, sino dentro de mí para que me hable, me ayude, me anime y me cambie. Por eso te repito las palabras de San Pablo: Ya es hora de despertar de ese mal sueño en que la humanidad hoy ya no sabe lo que es el asombro.

¿Cuándo es la última vez que has experimentado el asombro? Tal vez me dirás cuando metió un gol Perú contra Chile. Qué pena, y no te asombras cuando ves a tu hijo, a tu esposa o tu marido. No te asombras cuando ves a un niño que necesita de tu ayuda. No te asombras ante la grandeza de un Dios con nosotros. ¿Es que acaso hemos perdido la capacidad de asombro?

Agradece a Dios y a las personas que te rodean

Te digo lo mismo sobre la capacidad de dar gracias. ¿Le das gracias a Dios cuando te levantas por el nuevo día? ¿Le das gracias cuando tienes salud o cuando ves tantas cosas buenas que te rodean? o es que también has perdido la capacidad de agradecer.

Lo mismo te digo del entusiasmo. ¿Cómo vas de entusiasmo? No como una ilusión pasajera sino que la vida está llena de entusiasmo, pues es saber administrar tus riesgos. No tengas miedo, el saber manejar tus miedos te hará ver las cosas con los ojos del entusiasmo. El misterio de la luz, la nueva experiencia, ese despertar del que habla San Pablo a los romanos es tratar de vivir de una manera diferente.

Fíjate que lo que está dormido es el hombre interior, esta es la tragedia contemporánea. Vemos brazos, piernas, cabeza, pero qué hay dentro de cada uno de nosotros. El hombre interior del que hablaba siempre San Pablo, ese está dormido. Esa es la tragedia contemporánea que el Adviento viene a despertar.

Despierta hijo de Dios, despierta ese interior donde se mueve la alegría, la paz, la comprensión, el amor, la justicia, el entusiasmo, el trabajar en equipo, el preocuparte por los demás, el llamar para compartir un gozo. Ese hombre interior está dormido, pues solamente nos hemos convertido en consumidores y en productores. Trabajamos para producir y nos pasamos la vida consumiendo.

Despertemos de este sueño en la Eucaristía

¿El hombre interior que es lo que produce? Pensamientos, oraciones, alegrías, comprensiones, perdones y consume agradecimiento, amor. Piensa un poco lo que te digo, porque el Adviento es despertar de ese sueño en el cual sin querer nos hemos metido un poco todos. Despierta ese hombre en el Año de la Eucaristía, despierta en tu interior el asombro: Jesús va a nacer en cuatro semanas cortas.

Recuerda no todo es regalos, fiesta y ver si me alcanza el dinero o no. Despierte el hombre interior porque como nos dice el Evangelio: A la hora que menos piensas vendrá el hijo del hombre.

Vamos a pedirle al Señor que empecemos este Adviento con el gozo, con la alegría y el entusiasmo de despertar al hombre interior. A ese hombre o mujer que cada uno de nosotros tiene dentro y que es un hijo de Dios.

Qué el señor los bendiga a todos y nos acompañe en este Año de la Eucaristía preparando la Navidad.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

 
 

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