Al conmemorarse la solemnidad de Pentecostés
Arzobispo de Lima invita a los fieles
a ir a las casas, a los hogares, a las escuelas,
a los trabajos y anunciar que Cristo
está con nosotros en la Eucaristía
Queridos hermanos en Cristo,
Hoy domingo de Pentecostés la Iglesia celebra un acontecimiento extraordinario, el momento en que la Santísima Trinidad, cumpliendo una promesa, nos envía a la tercera persona: el Espíritu Santo.
Y sobre esto el evangelio nos cuenta que, estando todos los discípulos reunidos en una casa con las puertas cerradas por miedo a los judíos, se les presentó Jesucristo.
Después de haber vivido la crucifixión de Jesús, los discípulos tenían miedo de que los judíos vinieran a buscarlos, por eso estaban con las puertas cerradas, recordando lo que Jesús les había dicho.
María, que estaba con ellos, les decía: ¡ánimo! Jesús cumple su palabra, Él va a venir. Y nos dice además el evangelio que en ese momento Jesús entró -con las puertas cerradas- Él entró en espíritu, se puso en medio de ellos y les dijo: “Paz a los hombres”.
Jesús sabe lo que quieres antes de que se lo hayas pedido
Lo primero que hizo Jesús al verlos fue calmarlos, por que estaban asustados. Y es que Jesús sabe lo que necesitamos, aún antes de que se lo pidamos. Tantas veces uno dice: ¿Qué le pido a Jesús? ¿Qué le pido al Espíritu Santo?, sin embargo Él sabe qué es lo que más necesitas.
Lo único que Jesús te pide es que te dirijas a Él con confianza, Él te dice: ¡abre tu corazón y déjame hablarte! Porque Él sabe qué es lo que tú necesitas, y a veces te da lo que ni siquiera le pides, y sin embargo es lo que más requieres.
Entonces estando Jesús con ellos les dice: “tengan tranquilidad, estoy con ustedes”, en ese momento los discípulos se llenaron de alegría. Nosotros podemos experimentar esta alegría cuando vivimos esa amistad con Dios, esa presencia de Jesús en la Eucaristía.
Los católicos somos alegres, porque tenemos a Cristo. Y no por soberbia ni por orgullo, sino por que somos hijos de Dios, todos somos hijos de Dios en Cristo, por lo mismo les digo yo ahora, tengan paz pero también abran su conciencia.
Espíritu Santo está con la Gran Misión
Viene ahora el momento importante en el evangelio, donde Jesús les dice: “Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo a ustedes”. Esto nos hace recordar a la Gran Misión Remar Mar Adentro.
Como Dios Padre envió a Jesucristo para darnos a conocer su bondad, su perdón, sus mandamientos, el camino para ser felices en esta vida; del mismo modo yo como pastor también les digo: “Vayan a las casas, a los hogares, a las escuelas, a los trabajos y anuncien que Cristo está con nosotros”.
Todo tiene arreglo en tu vida
En este pasaje del evangelio, Jesús también les dice: “Reciban el Espíritu Santo, a quien les perdonen los pecados les quedan perdonados, a quienes no se los perdonen no le quedan perdonados”.
Hermanos, el Espíritu Santo introduce en el mundo algo importantísimo, todo tiene arreglo en tu vida, ya desde ese momento cuando el Espíritu Santo obra a través de los sacerdotes en el sacramento de la confesión y tus pecados son perdonados.
Si estás arrepentido, si le dices al sacerdote tus pecados, y si tienes un propósito de enmendarte, entonces en ese momento ya no hay nada en la vida que no tenga arreglo.
Porque el triunfo de Cristo sobre el pecado, el Espíritu Santo lo prolonga a través de los siglos en esa sucesión apostólica de los Obispos y luego en esa delegación que los Obispos dan a los sacerdotes.
Encuentra la fortaleza en el Espíritu Santo
¿Y dónde recibo al Espíritu Santo? En el sacramento de la confirmación. Jóvenes que me escuchan prepárense bien para la confirmación. Ese es un día muy bonito y lleno de alegría. Esa es la alegría, la seguridad y la esperanza del católico de que el Espíritu Santo habita en su alma.
Permíteme leer unas palabras del Papa Juan Pablo II, muy interesantes, pocas veces hemos visto que un Papa escriba libros. Este libro se llama ¡Levántate! Vamos, en él nos habla de toda su experiencia como Obispo y nos cuenta lo que un Cardenal anterior a él, quien decía: “para un hombre de fe la falta de fortaleza es el comienzo de la derrota. Para un apóstol es esencial el testimonio, su ejemplo se de a la verdad, y la verdad siempre exige fortaleza”
¿Por qué te hablo de esto? Porque uno de los dones del Espíritu Santo es la fortaleza, porque el tiempo que vivimos en el mundo es para promover la verdad, para defender la verdad, para anunciar a Cristo, para participar de esa gozosa experiencia de decir ¡he visto a Cristo! El Espíritu Santo me ha hablado, lo he escuchado.
Y este Cardenal continúa diciendo “la falta más grande del apóstol es el miedo, la falta de fe en el poder de Dios despierta el miedo, el miedo te oprime el corazón y te aprieta la garganta”.
Por eso te pido a ti en esta fiesta del Espíritu Santo no tengas miedo, es el momento del testimonio, es el momento del ejemplo, no solo de la palabra, sino de la vida.
Y aunque seamos débiles, encontraremos hoy en esta fiesta del Espíritu Santo esa presencia. Conviene que yo me vaya, decía Jesús para que venga el consolador, el abogado, Él les explicará todo, Él les perdonará en la confesión, Él en el silencio del dolor de la enfermedad, Él hablará en tu alma.
¿No tienes tal vez la experiencia de que en los momentos de silencio escuchas una voz interior? -Esa voz es el Espíritu Santo. ¿Qué condición te pone el Espíritu Santo? -sé dócil, cuando Él te enseña ten fe ponlo en práctica.
No tengas miedo y anuncia la verdad
Te digo con Juan Pablo II ¡no tengas miedo! el gran desafío de estos tiempos modernos es ser testigos de tener el coraje de anunciar esa verdad: el Espíritu Santo, el amor de Dios Padre a Dios Hijo, el amor del Hijo al Padre está con nosotros.
Familia no es este el centro del mensaje de tu felicidad, el amor del marido a la mujer, el amor a los hijos, el amor de los hijos a los padres y a los abuelos. No este el mensaje de los maestros a sus alumnos, no es este el mensaje de los gobernantes a sus súbditos, que el poder es servicio, que el mandato es amor.
Todo esto no es una lección que yo te doy, esto es la lección que el Espíritu Santo hoy quiere darles a todos ustedes, alegrarlos, llenarlos de paz, animarlos a la conversión, convocarlos a la Gran Misión Remar Mar Adentro.
Alejarlos de ese miedo que como ha dicho el Papa “Oprime el corazón y cierra la garganta” ¡Qué expresivo! Estas palabras te dejan triste, te dejan un poco inquieto, preocupado y te cierra la garganta.
Señor, llega hoy a todos los hogares a través de la Virgen María, que sepan que nuestra Madre Santa María esta abriendo la puerta de sus corazones para decirles: el Espíritu Santo entra para darles paz, darles esa alegría.
Hermanos, son épocas desafiantes, son épocas emocionantes, pero tenemos al Espíritu Santo. Si tú eres un joven de confirmación acércate a la parroquia, prepárate, espera al Señor. En su nombre yo te doy la bendición también recibe el Espíritu Santo. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.
Así sea.