Monseñor José Antonio Eguren, Obispo Auxiliar de Lima
Monseñor Pedro Hidalgo, Capellán de la Hermandad del Señor de los Milagros
Señor Mayordomo
Jóvenes y niños de esta Hermandad
Queridos hermanos:
Cómo no va a ser un motivo de gran alegría recibir el anda pequeña que nos anuncia que se acerca el mes de octubre, en que el Señor hace tantos milagros en las almas de mucha gente de Lima, el Perú y el Mundo.
Por eso, hoy al contemplar a toda esta juventud y niñez en la Catedral, los quiero felicitar por sembrar la semilla de la fe para que aprendan otros aprendan esa tradición, esa verdad de que Jesús (Nazareno) murió por Amor.
Hermanos, hoy acaban de escuchar un Evangelio muy importante. Por un lado conviene niños, que aprendan desde pequeños a decir siempre la verdad. Fíjense, no es tan difícil cuando el Catecismo nos enseña que el Hijo de Dios, el verbo, la palabra, se hizo carne: Jesucristo.
Salgamos de esta crisis de palabra
Cristo es la Palabra, es el Verbo. Así nos lo ha revelado Dios. Actualmente, cuando la palabra ya no significa nada, porque uno miente o el otro no la cumple; o cuando hay abundancia de palabras, es que se crea una gran crisis.
Por eso, pensemos desde niños en que debemos decir siempre la verdad. Aunque te traiga problemas, aunque no te entiendan. Porque cuando no se aprecia la palabra y uno dice cualquier cosa para quedar bien y salir de un problema, para g ana rse o maltratar a alguien, la sociedad se vuelve violenta, injusta y desaparece ese vínculo natural de sociabilidad.
Pensemos que algo de esa crisis que vemos en el mundo es porque existe abundancia de palabras. Frente a éstas, Jesucristo es la única Palabra Viva. Él nos dice: “Yo soy el Camino, la Palabra, la Verdad y la Vida”. Por ende, si desaparece la palabra desaparece el camino por donde debo ir, la verdad y la vida.
Hoy existe una gran crisis de esa sinceridad. Cuando uno dice ‘te amo’ o ‘te prometo’ ya no tiene eco, porque no sabemos qué quiere decir, si de verdad el otro da su palabra o es simplemente un acuerdo entre muchos.
Hermanos si vamos desapareciendo esa palabra de Dios, que es como la matriz de donde surge toda verdad, comunicación y vida; si vamos descuidándola, entonces ya no hay posibilidad de mostrar el amor, la solidaridad, la justicia. Por eso, jóvenes y niños de la Hermandad: Decid siempre la verdad.
Corrige a tu hermano por amor
El Evangelio de hoy nos habla de cómo se debe corregir a un hermano. Dice Jesús: “Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndelo a solas, tú con él. Si te escucha lo habrás g ana do, si no lo hace toma contigo uno o dos testigos y haz que escuchen tu corrección; si todavía no te oye entonces denúncialo a la comunidad.
Pensemos hermanos que ese amor a la verdad es lo que nos lleva a esa costumbre cristi ana que es fundada por Jesucristo. Cuando otro se equivoca se le corrige, pero por amor a la verdad, por ayudarlo y no porque me siento herido o me quiero defender del orgullo. Lo hago para que sepa que lo que ha dicho o a hecho no está bien. Con esto trato de acercarlo al amor, a la verdad, ayudarlo, y no humillarlo.
Nunca hables mal detrás de las personas. Si tienes algo que corregir anda búscalo a solas, cara a cara. Para eso hace falta ser humilde, valiente, no tener miedo a la verdad. Piensa que todos tenemos derecho a un buen nombre y muchas veces explicando a solas las personas entienden.
Uno se pone a pensar por qué hoy está de moda que los defectos y las acusaciones se hagan en público. Todo esto pasa porque está tan mal nuestra conciencia, nuestra manera de ser personas. Lo más importante es el qué dirán, la imagen y no interesa tanto la verdad . Nos hemos alejado tanto del mandato del evangelio: “Anda y corrígelo a solas”.
La corrección fraterna entre hermanos se hace con el interesado con el deseo de ayudarlo. El objetivo es g ana r al hermano, el bien de él, y también debemos pensar: yo estoy dispuesto a dejarme corregir personalmente. Debo dejar que me corrijan en el hogar, en el colegio, entre amigos, en la Hermandad. Por eso, nada de murmuración, nada de hablar mal a espaldas, las cosas a la cara y en privado.
Mandato de Cristo sigue vigente
Hermanos quiero ofrecerles dos recomendaciones importantes: En primer lugar, decir la verdad siempre, y segundo lugar, querer a los demás y por eso corregirlos. Pensad que el mandato de Jesucristo sigue vigente hoy.
Qué lejos estamos de decir la verdad y de corregir a solas. Ahora estamos en el otro extremo, donde todo se ventila en público y se dice de una manera abierta causando daño a otros. Algo anda mal en la sociedad, porque la conciencia, el respeto a la propia honra y la ejemplaridad se está perdiendo.
Hermanos pidamos al Señor de los Milagros y a su madre bendita Santa María, que nos enseñe a volver a ese camino de la verdad, del amor al prójimo -aunque hable de mí, quiérelo pero corrígelo - y no ventilemos todo en público porque así es difícil que haya amor entre nosotros.
Que el señor nos bendiga y preparémonos sabiendo que la caridad y el amor es la ley de oro, es decir: Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo, ahí está el secreto de la alegría de ser cristianos.
Amén.