- Domingo, 4 de setiembre de 2005 -

Homilía pronunciada durante la Visita Pastoral
a la Parroquia San Miguel Arcángel

Al terminar esta visita pastoral quiero agradecer al Excelentísimo Monseñor Adriano Tomasi, Obispo Auxiliar de Lima, encargado de esta Vicaría, al Reverendo Padre Benito García Ramos, Párroco de esta parroquia; al Reverendo Padre Manuel Rodríguez y a todos los Sacerdotes Claretianos por el trabajo realizado. Y a todos ustedes, queridos fieles, que han colaborado para que escribamos esta unidad en torno a la Sagrada Eucaristía

Reflexionemos acerca de la Palabra de Dios que ha quedado viva, ayer, hoy y siempre. Como propósito práctico quisiera que tomemos en cuenta la importancia de la palabra.

Tu palabra tiene que ser reflejo de la vida de Dios en tu vida si quieres que Jesucristo viva en ti. Tu palabra debe reflejar que llevas a Cristo en tu corazón, que la palabra de Dios que está en la Sagrada Escritura está con nosotros al leerla y estudiarla. Por eso es que cuando hablas con tus amigos, con tu esposa, con tus amigos, con tus hijos, en el trabajo, se refleja ”Aquí está Dios”. Sabrás perdonas, sabrás corregir, sabrás ayudar y entonces podrían decir de ti como de los primeros cristianos: “Fíjense como se quieren”.

Hermanos, una palabra dicha a tiempo ¡cuánto bien hace!. El evangelio nos está hablando de la corrección fraterna: Si tu hermano llega a pecar, corrígelo a solas; si te escucha habrás ganado a tu hermano ¡Cuántos problemas te ahorrarías si tuvieras la fortaleza, el amor de ir donde esta persona que tú sabes que se ha equivocado! lo buscas y le dices a solas que no está procediendo bien: con sus amigos, con su familia, en su matrimonio, con sus padres.

Si te falta valentía, tienes amor, pues ¡cuánto trabajo cuesta corregir!

Corrigiendo a tiempo, con cariño, y haciendo una advertencia no te imaginas la cantidad de matrimonios que se salvarían, la cantidad de jóvenes que se convertirían, pero falta una palabra de ánimo, una palabra dicha cara a cara.

Por eso, el que tiene amor a la verdad es el que lucha contra el amor propio. El amor de verdad es aquel en que corrige a solas, con cariño, con confianza.

En cambio el amor propio hiere porque habla con amargura, resalta los defectos, a veces de una manera grosera. Se siente más valiente porque dice las cosas con menos respeto y haciéndolo en público. Pero eso no es amor a la verdad, eso es amor propio, es orgullo herido. El evangelio, en cambio, nos enseña que hay que salvar a todos.

Cuando una sociedad se caracteriza por los escándalos en los medios de comunicación por averiguar que escándalo presenta la televisión por la noche, se ve que hay una enfermedad que nos lleva a conocer los escándalos. Si no tuvieran acogida los programas y tendrían que cambiar, pero, ¿porqué la sociedad se ha alejado tanto del mensaje de Dios? Jesús dice todo lo contrario: “Ve a solas, cara a cara corrígelo y habrás ganado a tu hermano”.

Algo no anda bien en la sociedad, algo no anda bien en mi alma cuando me gusta escuchar los escándalos y las mentiras y no hay mucha corrección fraterna personal, amable, cariñosa.

No hagan cosas que hacen daño a los demás y cuando tengas que corregir anda y busca a tu hermano. Que no te guste el escándalo, que no te guste hablar mal a espaldas de los demás. Se ha generado una gran crisis de la palabra, si una persona dice ¡te amo!; tú ¿cómo es que lo amas?.A veces dices ¡cuánto te quiero! Y sabes que no estás siendo fiel con ese amor.

Amemos la verdad, amemos al prójimo, busquemos ocasiones para ayudarlo, para corregirlo, para animarlo, nadie quiere ser malo, pero el demonio se mete y enreda. Busquemos los cristianos cada ocasión para que las palabras tengan el poder de ayudar y verán así cómo resucitan matrimonio y juventud.

La mesa de la Eucaristía, va muy unida a la confesión. Que seamos hombres y mujeres que amamos la confesión y que amamos la eucaristía. Con estas dos mesas, mesa de la palabra y mesa de la eucaristía seremos una comunidad parroquial maravillosa.

Dios bendiga esta parroquia, que bendiga a todas sus familias y que bendiga el trabajo que realizan los Padres Claretianos con vocación y que continúen colaborando como lo han hecho hasta hoy.

Que Dios los bendiga a todos.

 
 

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