(Homilía en el Coliseo Cáceres de Chorrillos, domingo, 11 de septiembre de 2005 por el día de la Familia)
Muy queridos Monseñores Adriano Tomasi y José Antonio Egúren, Obispos Auxiliares de Lima, hermanos sacerdotes concelebrantes.
Quiero expresar mis saludos a todas las familias del Perú.
Quiero agradecer al Comité que ha organizado esta jornada, a la Comisión de Familia de la Conferencia Episcopal Peruana y a ustedes queridos hermanos que junto a todas las parroquias estamos celebrando hoy el Día de la Familia.
La Iglesia, cuando enseña lo que es la familia, lo hace por un mandato de Dios, no es que tenga “su” proyecto de familia sino que da a conocer el proyecto del Señor. En las primeras páginas del Génesis vemos como Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza, es decir, nos llamó para que existamos por amor. Por amor Él ha querido que cada uno de nosotros exista.
Nadie ha participado en darse a sí mismo la vida. Dios nos ha hecho a imagen y semejanza de El que es Amor. Por eso, Juan Pablo II nos recordaba que el Amor es la vocación fundamental e innata de todo ser humano; palabras sencillas pero que conviene dejarlas madurar dentro de nosotros.
Dios me ha sacado de la nada con la colaboración de mis padres y hemos venido para dar Amor. Si quisiéramos preguntarnos ¿por qué estamos todos en el mundo? Podría simplificar la respuesta: Para amar. Esa es nuestra vocación.
Son estos los primeros requisitos para entender ¿Quién soy yo?, ¿Que es la familia? y ¿Cómo es Dios?.
Por lo tanto, al hablar de esa característica del amor conyugal que es la sexualidad, nos dice lo siguiente: La sexualidad, mediante la cual el hombre y la mujer se dan uno al otro, con actos propios que son exclusivos de los esposos, esto es el acto conyugal, no es una unión puramente biológica, sino que afecta al núcleo íntimo de la persona. En otras palabras, una persona con inteligencia, voluntad, creada por Dios y llena de amor que se entrega a otra. ¡Es mucho más que un conjunto biológico que se une a otro!.
Cuando la sexualidad se separa del matrimonio simplemente el hombre se convierte en un animal. Yo no puedo separar ese aspecto de la unión sexual, y ser persona. Eso sería reducir el concepto de una persona que ama, que es imagen de Dios, que nació por amor y para el amor. Serían dos objetos tratándose como objetos para conseguir mi placer uniéndome a ella o a él.
Por eso la Iglesia, desde el primer momento, quiere explicar que en el matrimonio esta donación de la persona corresponde a la existencia de una peculiaridad responsable que supera completamente el orden puramente biológico y toca una serie de valores personales. No podemos renunciar a ser considerados como personas, como gente peligrosa. Nos pondrían en una jaula. Por ello los seres humanos se educan.
El único lugar en donde la donación es total es en el matrimonio, razón por la cual la institución del matrimonio (de un hombre y de una mujer) para toda la vida, es la única que genera la familia.
Es falso, pues, decir que hay diferentes tipos de familia. Es un lenguaje que abre la puerta para confundirnos. Uno puede decir, evidentemente, que una familia no tiene padre o madre pero clasificar las familias en diferentes tipos, ya es confundirnos.
Hay un solo tipo de familia: hombre, mujer e hijos fruto de un matrimonio para toda la vida. Comprendo como la Iglesia colabora con todos los que pueden tener dificultades, pero la Iglesia no habla sobre diferentes tipos de familias. No se le puede llamar familia a cualquier tipo de unión y mucho menos matrimonio.
La familia ha recibido un encargo divino: Custodiar, revelar y comunicar el amor.
En estos tiempos muchas veces pareciera que el amor, igual que la libertad, es amar a quien quiero, como quiero, cuando quiero y hasta que quiera. Pues, eso no es cierto; ya que la libertad no es hacer lo que uno quiere. En estos casos, el amor y la libertad se convierten en un capricho y en anarquía; ahí ya no hay respeto, normas, estabilidad, es la ley del capricho.
No nos dejemos engañar por el amor pasajero, que no está sujeto a ningún tipo de norma.
Por ejemplo, imaginemos que nos gusta una casa y queremos alquilarla o comprarla, y luego de tenerlo decimos “ya no nos gusta y la devolvemos”. Uno diría que si ha firmado un contrato y tiene una obligación, no puede devolver eso de cualquier manera. Lo mismo sucede en el matrimonio (“ya me cansé”, “ya no la quiero”).
Busquemos en el fondo del alma entender bien que el amor y la libertad no son el capricho ni algo pasajero.
Muchas veces se nos dice, y lo vemos en ocasiones en la televisión, que lo único que se acepta de la moral es que no hay moral, ese es el dogma (dogma en que cada uno tiene su punto de vista) y por lo tanto vale solamente lo que dice la mayoría. Entregamos nuestra libertad a las encuestas o a las campañas publicitarias.
Los dogmáticos y los fundamentalistas no aceptan que Dios nos ha dejado una Misión sobre la familia, o aceptan que Jesucristo ha instituido el sacramento del matrimonio y nosotros tenemos que aceptar que no hay nada establecido.
Es imposible entre los seres humanos no trabajar sobre la base de algo en lo que estamos de acuerdo. Es normal, en cualquier lugar, que haya un consenso.
Hermanos, en el tema del matrimonio, en el tema de la familia, parecería que en lo único en que están de acuerdo muchos es que no hay ninguna norma, en que cada uno piensa como quiere. Entonces caemos en manos de la manipulación. Lo vemos en la televisión y en muchos diarios y encuestas. No hay ningún dato en el mundo, que cuando se dio la ley del divorcio y del aborto, señalen que estos han disminuido, ¡NO!, Han aumentado siempre.
¿De qué nos quieren hablar? ¿Por qué nos quieren engañar fácilmente? Apelo a sus conciencias, padres de familia tienen ustedes un derecho y un deber que no se puede delegar al Estado ni a nadie: Educar a los hijos, que es un verdadero servicio para el bien de la familia y de la sociedad para que así puedan usar su libertad de manera responsable.
Y eso supone sacrificio. Nadie ignora el egoísmo ni la comodidad que a veces hace que los padres se cansen. No pueden dejar la educación en el aire. No es una responsabilidad primaria del Ministerio de Educación, sino de los padres.
Quiero hacer alusión al problema de defensa de la vida, desde su concepción hasta su ocaso natural: la Iglesia habitualmente está meditando los signos de los tiempos y mirando, para tratar de descubrir: ¿Cuál es la voluntad de Dios que está en la naturaleza de las personas?
La Iglesia estudia la globalización, la empresa, la familia, la educación, la genética, la evolución de todas esas técnicas y medicamentos que interceden con la naturaleza humana y lo hace con la ayuda de especialistas en diversos campos. Por eso cuando instituciones de prestigio de países desarrollados dan su opinión, tiene (la Iglesia) suficiente capacidad profesional porque puede dialogar y expresar su desacuerdo en determinados temas. Digo eso porque no podemos callar cuando nos dicen que cierto tema es científico. No nos engañen, no se escondan detrás de la ciencia. La Iglesia sólo pide al Ministerio de Salud, que en el caso de la píldora del día siguiente, diga toda la verdad que conoce; que hay un efecto abortivo y que mientras no tenga seguridad debe decirlo.
Evidentemente quien quiera usar o no una píldora, al menos que se informe. No estemos desacreditando. Estos efectos abortivos son admitidos por instituciones científicas nacionales e internacionales. Es esconder la verdad decir que “a los pobres no se les da acceso y a los ricos sí”. Yo haría la siguiente pregunta: ¿Crees que es un orgullo que los ricos puedan abortar y los pobres no? ¡Qué pena!
La gente pobre lo que quiere es empleo, viviendas, alimentación. No quiere tener derecho a abortar, no promovamos tanta desgracia en esta época, no usemos argumentos tan pobres. Es muy penoso que abusen de nuestra gente sencilla maltratándola por no darle la información completa. La Iglesia reconoce que la vida es un bien primario.
Desde hace más de 40 años empezó una estrategia mundial para corromper a la mujer: Corrompida la mujer, corrompida la familia; corrompida la familia, corrompida la vida; corrompida la vida, corrompida la sociedad. En los países más avanzados, prácticamente, ya lo lograron. Empezaron con guantes de seda cambiando las palabras en este campo: “salud reproductiva”, “sexo seguro”. Es falso, pero engañaban con unas palabras; luego, iban quitándose la careta y abiertamente iniciaban una campaña. En el gobierno pasado todo esto, acabó con una campaña infame de esterilizaciones masivas.
Yo fui uno de los pocos obispos que con palabras bastante subidas de tono desenmascaré esta campaña masiva y drástica de esterilizar sin su consentimiento a muchas mujeres, especialmente en la sierra. Ahora se está haciendo lo mismo, pero más elegante.
La pastilla del día después, ¿después de qué? Seamos honestos, no nos podemos chupar el dedo. Yo comprendo que hay gente que no piensa como la Iglesia pero, ¡no le pidan a la Iglesia que se calle! Ésta tiene que llevar la voz de una catequesis con testimonios vivos y con información. Es una tarea urgente. Por eso, Juan Pablo II nos decía que el Evangelio de la vida está en el centro del mensaje de Jesús. Piensa que es importante, que Dios nos juzgará si adoptáramos un silencio.
En el futuro, la humanidad podrá agradecer porque gracias a la defensa de la vida yo existo. Si en la época en que yo vine al mundo hubiera habido una campaña igual, yo no existiría. Por eso, cuando ya no estemos en este mundo la humanidad podrá ver la gran batalla que hubo por la vida y podrá decir “Yo existo porque la Iglesia me ayudó”.
Yo no quiero polémicas pero tampoco quiero mentiras y quiero que se detenga la manipulación al pueblo peruano con información incompleta y escondiéndose en ataques realmente inaceptables. Por lo tanto asumamos nuestra responsabilidad en el Día de la Familia, hagamos esa gran cruzada en la Gran Misión “Remar Mar Adentro”.
Hermanos pongo esto en manos de nuestra Madre la Virgen María.
Así sea