- Viernes, 11 de noviembre de 2005 -

Homilía durante la Misa Inaugural
del Segundo Congreso Internacional ProVida

Excelentísimo señor Nuncio Apostólico Rino Passigato, Excelentísimo Monseñor Juan José Larrañeta, Secretario General de la Conferencia Episcopal, muy queridos hermanos en el episcopado, hermanos sacerdotes concelebrantes, hermanos todos en Cristo:

Nos hemos congregado en torno a la Eucaristía al inicio de este II Congreso Internacional ProVida y Primer Simposio Internacional de Juventudes.

Con profunda alegría dirijo mi saludo a los miembros del Comité Organizador presidido por el doctor Fernando Carbone, a todos los invitados, ponentes y asistentes y un recuerdo muy especial a la doctora Blanca Neira que nos acompaña desde el cielo.

Que hermosas son las palabras de la oración colecta de la Memoria litúrgica del Papa y Doctor de la Iglesia San León Magno nos iluminan en este momento: Concede a la Iglesia “permanecer siempre firmes en la verdad para que goce de una paz duradera”.

Hermanos, la verdad nos conduce a la paz duradera, aunque el relativismo moral imperante pretenda imponer lo contrario. Nos dice San Mateo “cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt. 25,40). El servicio a la verdad no admite reducciones unilaterales ni discriminaciones, porque la vida humana es sagrada e inviolable en todas sus fases y situaciones. Es un bien indivisible. Por tanto, se trata de hacerse cargo de toda la vida y de la vida de todos

La verdad en esta tarea de la defensa de la vida constituye una extraordinaria historia de caridad no exenta de dificultades en el mundo actual. Esto supone una permanente y paciente tarea educativa que profundice en las razones científicas y fundamente bien las propuestas que el Magisterio de la Iglesia, iluminado por el Espíritu Santo, nos enseña.

Somos parte de una historia de servicio y de amor a los más desprotegidos, a los que aun no han visto la luz de la vida. El Papa Benedicto XVI, al igual que el Papa Juan Pablo II, nos viene repitiendo: Hay que saber explicar por qué la iglesia lo enseña en su doctrina. Para eso ha sido organizado este Congreso.

La cultura política imperante en donde tantas veces la democracia sólo se sustenta en base de consensos y mayorías, puede maltratar los valores esenciales de la persona humana causando un serio daño al propio sistema democrático y a la pacífica convivencia social en un corto plazo.

Si no hay valores que sustenten un sistema democrático, si la verdad se ve maltratada por diferentes motivos, vemos levantamientos de gente fastidiada, molesta, incómoda, harta de un sistema que no respeta ni sus derechos ni su dignidad, lo estamos viendo ahora en diferentes países. La sola mayoría o consenso no conduce a una convivencia en paz

Por ello nadie puede abdicar jamás de la responsabilidad especialmente en la vida pública cuando se trata de un mandato legislativo o ejecutivo que llama a responder ante Dios, ante la propia conciencia y ante la sociedad entera de decisiones contrarias al verdadero bien común. El deseo de paz auténtica y duradera reclama la verdad.

Y en la oración después de la comunión de la misa de hoy le pedimos al Señor: “Gobierna Señor tu Iglesia (...) para que dirigida por tu mano poderosa, tenga cada vez mayor libertad y persevere firme al servicio de la fe” .

Es a libertad al servicio de la fe impulsa nuestra misión a profundizar en la verdad. Una libertad que nos obliga, por el respeto absoluto de toda vida humana inocente, a “ejercer la objeción de conciencia” ante las acciones que pretendan atropellar las normas elementales de la convivencia contempladas en la ley natural. El aborto procurado -incluidos aquellos productos farmacéuticos que manipuladamente lo procuran-, la eutanasia, aquellas legislaciones que hacen referencia a las parejas de hecho pretendiendo equipararlas al matrimonio; las leyes educativas que pretenden afectar el derecho de las padres en su primera responsabilidad que es la educación de sus hijos. Y tantos otros modos que van surgiendo en esta llamada democracia pluricultural en la que no se admite la verdad, un relativismo que el Papa antes de su elección calificó de “dictadura del relativismo”

Sin embargo, no basta el rechazo a las leyes inicuas, es necesario promover leyes que permitan que la familia sea el eje y motor de todas las políticas sociales. La fe nos empuja a iluminar soluciones viables que permitan que los matrimonios se constituyan de manera estable entre uno y una, que puedan traer responsablemente hijos al mundo, que se les alimente, eduque y vivan dignamente. Para ello las virtudes de la solidaridad, de la castidad, de la justicia, entre otras ayudarán eficazmente. La moralidad pública alentada por los medios de comunicación son un elemento importantísimo para esta labor educativa.

Hermanos, el panorama no es fácil, sin embargo, con esa paz que brota de la cercanía del Señor, que brota de la oración, que brota de la promesa: " yo estaré con vosotros hasta el fin de los tiempos", que brota de la Eucaristía: " el que come mi Cuerpo habita en mi y yo en él". Jesús compromete su presencia y su asistencia y nos llama a la defensa de la vida

La Iglesia y todos los hombres y mujeres de buena voluntad con rectitud de conciencia estamos llamados a ofrecer este servicio unidos en una tarea común: la vida humana. Es una tarea planetaria en un mundo aparentemente muy informado y, al mismo tiempo fragmentado por la incomunicación de la verdad. Se pretende que la mentira se imponga a la verdad, pero ¡NO! el ardor de la verdad triunfará sobre la frialdad y la soledad de la mentira

Congresos como este constituyen un aporte a las iniciativas que surgen del mundo entero que va estableciendo una red, un tejido de colaboración inclusive con gente que no tiene nuestra misma fe pero que entiende que el valor de la vida está por encima de todo, convirtiéndose en una tarea común.

Una gran mayoría silenciosa espera de nosotros orientación, normas legislativas, testimonios, respuestas científicas, propuestas sociales que realmente hagan ver que el bien siempre vence al mal, como recordaba el Papa Juan Pablo II en su último mensaje en el día de la paz

Levantemos la mirada a Jesucristo Eucaristía al que adoramos intensamente y a quien acudimos en oración constante. Este gran sacramento de la unidad, la Eucaristía, dignamente celebrado y ardientemente recibido crea un alma grande capaz de fomentar la unión entre todos los que, de muy diversas maneras en el mundo entero, defienden la causa de la vida.

Amadísimos hermanos, aunque todos tenemos motivos para gozarnos en participar en esta apasionante tarea, queremos que nuestra alegría sea más plena volviendo nuestra mirada a la sede de Pedro: Nuestra oración se dirige a ese gran intercesor Juan Pablo II. No nos cansaremos de dar gracias a Dios por el regalo de su magisterio luminoso, testimonio extraordinario de un hombre que dejó su vida en manos de Dios; y también a su sucesor, el Papa Benedicto XVI su más cercano colaborador, un hombre con una grandeza de espíritu y de una profundidad intelectual que realmente es un nuevo regalo de Dios a su Iglesia.

Cristo, el verbo encarnado, real y sustancialmente presente en la Eucaristía sea el camino y la verdad que nos lleve a la vida: “nada pasa a los demás si no es a través de él”.

La Madre de Dios, Madre de la Iglesia, Madre de la Familia y Madre nuestra nos acompañe en este Congreso, verdadero camino de profecía para la humanidad al servicio de la vida humana, convencidos que el señor está mirando con verdadera ilusión este despertar, este renacer, este regalo en el cual la vida es el centro, un derecho del que surgen todos los demás.

Así sea.

 
 

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