- Domingo, 13 de noviembre de 2005 -

Homilía durante la Misa de Clausura
del IV Congreso Eucarístico y Mariano de Ica

Con enorme alegría y agradecimiento los saludo a todos en este Santuario Mariano al celebrar la Eucaristía de Clausura del IV Congreso Eucarístico y Mariano de la Diócesis de Ica. Me uno a todos los fieles de esta maravillosa Diócesis que han venido de Chincha, Pisco, Nazca, Palpa e Ica y tantos otros pueblos vecinos.

En la primera lectura hemos leído que los discípulos caminaron una distancia –como nosotros hoy– y perseveraban unánimes en la oración con María, la Madre de Jesús (Cf. Hechos 1,12-14).

Sean muy amigos de María rezando el Rosario

Con particular emoción vengo a este Santuario de la Virgen del Rosario de Yauca para aprender de Ella cómo sería su amor al recibir a su Hijo Eucaristía. Cuando Jesús asciende a los Cielos y María con los discípulos se congregan para la Santa Misa. ¿Te imaginas el corazón de María al recibir en la Comunión a su Hijo a quien había llevado en sus entrañas, a quien había educado desde niño y de joven, a quien había visto clavado en la Cruz, de quien recibió el encargo “He ahí a tu hijo”.

Los animo a ser muy amigos de María, a rezar el Rosario, a llevar el escapulario. A portarnos como buenos hijos de tan gran mamá.

En la segunda lectura leemos que “Todos participamos de un solo pan” ( 1 Cor 1,7)

A Cristo en persona lo podemos encontrar
solamente en el Pan Eucarístico

Es Cristo en persona quien nos acoge maltratados por las asperezas del camino, y nos conforta con el calor de su comprensión y cariño. “Vengan a Mí todos los que están cansados que yo los aliviaré” (Mt 11,28). Ese alivio personal y profundo lo podemos encontrar solamente en el Pan Eucarístico. ¡Qué importante recibirlo con el alma limpia de pecado!

Todo es alegría, fe y entrega
junto a María en la Misa Dominical

Amor a María, nuestra Madre, que nos reconoce como hijos queridísimos y nos lleva al encuentro de su Hijo Jesús, hermano nuestro. La presencia en la Misa dominical alegra especialmente a María Santísima y a la Iglesia, como nos lo recordaba Juan Pablo, II y hoy nos los recuerda el Papa Benedicto XVI.

El Evangelio nos relata una actitud que es ejemplar en La Virgen María: su entrega al prójimo. Su espíritu de servicio a los demás. Su estar esperándote siempre al lado del camino. Su acogida cuando el pecado te desanima y debes confesarte. Cuando al lado de un enfermo debes consolarlo. Cuando en la familia surgen dificultades y pierdes la paciencia. Cuando falta el trabajo.

* María al saber que su prima Santa Isabel está esperando un niño – Que más tarde sería San Juan Bautista el Precursor – “viaja con rapidez para servir a su prima y acompañarla: no piensa en Ella, que ha recibido la visita del Arcángel Gabriel anunciándole que será la Madre de Dios,¡Piensa en los demás!.

* “Al oír la voz de María saltó el niño Juan Bautista”: “Oye y ve” a Jesús en el seno de María: la fe nos permite oír y ver en los demás la presencia de Jesús y María a nuestro lado siempre.

* “Bienaventurada tu que has creído”. “Se cumplirá lo que te ha dicho de parte del Señor”, el arcángel Gabriel: Los milagros de Jesús esperan nuestra respuesta de fe.

* “Ha puesto los ojos en la humildad de su esclava”: la actitud de reconocer nuestros pecados y acudir a la Confesión personal ante un sacerdote de Cristo.

* “Me llamarán bienaventurada todas las generaciones”: aquí estamos Madre mía para llamarte feliz, para darte las gracias, para pedirte que no nos abandones nunca, que nos ayudes a no pecar ni hacer sufrir a tu Hijo Jesucristo.

“María permaneció tres meses con ella”: nosotros queremos quedarnos siempre contigo, junto a Jesús. A Jesús se va y se vuelve por María.

Que así sea.

 
 

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