Al saludarlos a todos quiero agradecer de manera especial a Monseñor José Antonio Eguren, Obispo Auxiliar de Lima que en mi nombre ha cumplido con la norma canónica de la visita pastoral a la Parroquia de la Virgen de Fátima encomendada a la Compañía de Jesús. Asimismo saludo con gratitud a su actual párroco, el P. Carlos Cardó Franco, a su vicario parroquial que está de nuevo con nosotros, el P. Justo González-Tarrío, al P. Santuc, Superior de la comunidad de Fátima, y a todos los colaboradores que de diversa manera participan activamente en diferentes servicios que brinda la Parroquia a sus feligreses.
Por ello es motivo de especial alegría celebrar esta Eucaristía precisamente en la solemnidad de Pentecostés y pocos días después de haber celebrado la fiesta de la Virgen de Fátima.
El Espíritu Santo es un misterio de fe
Queridos hermanos todos en Cristo, acabamos de escuchar como se puso en práctica esa promesa que Jesucristo había hecho a sus apóstoles de enviar su Espíritu Santo. Hoy, en Pentecostés, culmina el ciclo de la pasión, muerte y resurrección del Señor; el periodo cuando el Señor se aparece a sus discípulos y la Ascensión que se celebró el domingo pasado.
Hoy celebramos que se cumple la promesa. Hoy nos envía el Espíritu Santo. Lo acabamos de escuchar en un relato de los Hechos de los Apóstoles y también en el relato del Evangelio. Son dos momentos en que la Iglesia con la palabra revelada nos dice: el Espíritu Santo está con nosotros.
¡Qué poco se habla del silencio del Espíritu Santo!. Esa presencia en mi alma del Espíritu Santo por el bautismo, ¡qué poco protagonismo tiene en el mundo de hoy! Parecería que ese silencio de la acción de Dios en el alma, es uno de los grandes problemas en el mundo de hoy.
Pienso que se debe a la tendencia que hay en el pensamiento moderno de quererlo entender todo, de querer dominar todo: ‘lo que no se entiende no existe, ese relativismo moral, ese pragmatismo’. Frente a ese pensamiento que domina, evidentemente la dimensión del Espíritu Santo no encuentra un espacio en la mente, en el corazón, en tu vida.
No es el conocimiento el que ilumina el misterio -el Espíritu Santo es un misterio de fe- sino que es el misterio el que ilumina el conocimiento. Nosotros podemos conocer sólo gracias a las cosas que no conocemos y que no conoceremos nunca.
La luz del Espíritu Santo nos ilumina
Aparentemente parece una contradicción pero es ahí donde se encierra la verdad sobrenatural porque el día que yo reduzca a Dios a mi pensamiento, eliminé a Dios. Y este es el intento permanente de la cultura predominante, técnica y positivista. Y eso tú dirás: ‘es para los filósofos’. ¡No! Esto se encuentra en la televisión, en la internet, en el colegio, en las universidades, en lo que cada uno respira cada día.
El misterio para quien hurga con curiosidad no tiene ni necesidad ni espacio. Esas verdades sobrenaturales nos llevan fundamentalmente a una necesidad: aprendamos a contemplar en la oración, en el silencio de ese diálogo con Jesús Eucaristía, aprendamos a sacar de esos silencios de la oración esa enorme luz del misterio de la presencia del Espíritu Santo que habla, que fortalece, que acompaña, que aconseja pero que se apoya en la fe.
Yo felicito a esta Parroquia porque tiene una capilla donde está permanentemente expuesto el Santísimo y los animo a que la visiten con más frecuencia. Esa luz hace que todo este barrio esté iluminado. En ese silencio ocurre esa paradoja, que precisamente no conociendo esas verdades sino que bajando la cabeza en adoración, llego a conocerlas por la fe. Tal vez sea eso lo que hace que el Espíritu Santo sea el gran desconocido.
A nuestra Madre, su prima Santa Isabel le dice: Bienaventurada tú que has creído porque las cosas que se te han dicho de parte del Señor se cumplirán. ¿No es lo mismo en tu vida y en la mía? “Bienaventurado tú que has creído”.
El acontecimiento de Fátima es un hoy de la salvación
¡Auméntanos, Madre mía esa fe, muéstranos el camino! Esa contemplación de María, -decía Benedicto XVI- antes de ser elegido, es ante todo un recordar. El acontecimiento de Fátima no es solo un ayer. Es también un hoy de la salvación. No sólo abarca los testigos directos de los acontecimientos, sino que alcanza con su gracia a los hombres y mujeres de cada época.
Por eso, ese misterio de las apariciones de Fátima que hablan de salvación, que hablan de penitencia y de oración, son actuales.
Dios nos ofrece un camino en este mensaje de Fátima: la devoción al Corazón Inmaculado de María. Esta Parroquia está encomendada a la Compañía de Jesús, que ha hecho un bien infinito a la Iglesia justamente en esa promoción universal durante siglos al Corazón de Jesús.
El Papa les encomendó y en esa cruzada de llevar la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, consagraron las casas y siguen cumpliéndolo. Por eso los animo a que junto a esta devoción al Sagrado Corazón de Jesús, se promueva la devoción al Corazón Inmaculado de María en esta Iglesia de Fátima porque es Ella la que dice que al final: “Mi corazón inmaculado triunfará”.
Nuestra Madre nos invita a la acción
Actualmente vemos un mundo que se va alejando de Dios. La familia es atacada de una manera despiadada, pero estamos como atemorizados, paralizados por una minoría que nos va diciendo con leyes cosas contra la familia, como el aborto y el divorcio... pero creo que nuestra Madre nos invita a la acción.
Vemos que no se respeta la vida humana. Vemos una violencia que quita la paz a las personas, a la sociedad, al mundo. Vemos desigualdades que ofenden la dignidad de la persona humana, pero no se va arreglar con luchas, sindicatos, violencia y piedras, lo vamos a resolver si realmente nos decidimos a esa misión a la que nos ha enviado Jesús.
Con el Espíritu Santo los apóstoles tenían miedo, cerraron con llave, tenían miedo a que los maten como habían matado a Jesús, llega el Espíritu Santo y se alegran y salen por todo el mundo.
No nos quedemos en silencio
Los animo al culminar esta visita canónica, a esa Gran Misión Remar Mar Adentro que están haciendo con tanta ilusión, cada uno en su lugar. Pero, no podemos quedarnos en silencio cuando vemos ataques a la Iglesia o al Santo Padre o al Ordinario del lugar, al Obispo, a mí.
Hoy día leía con verdadero dolor, no sé en que diario, un artículo sobre el Papa realmente blasfemo –ya me acuerdo Perú 21- ¡blasfemo!. Es blasfemo y no me preocupa el periodista. ¡Viva la libertad de expresión! Pero el responsable del diario. Es inaceptable que en un país como el nuestro alguien se atreva a agraviar, a ultrajar la honra.
No es el pensamiento ni la fe, es grotesco, es vulgar, es inaceptable y los católicos calladitos, atemorizados. Pero esto se hace a una de esas personas que son intocables y tenemos marchas en las calles, tenemos héroes a las veinticuatro horas. Francamente me ha dolido, no me ha molestado, me ha dolido ¡qué bajeza!
No dejemos que el pesimismo invada nuestras vidas
Por eso la Virgen viene a mostrarnos un camino de paz, de luz, nuestra historia quiere escribirla Ella con la ayuda del Espíritu Santo. Hay una paradoja, algo contradictorio, pero es así nuestra fe. La paradoja de la fe cristiana es que obliga a la historia a salir de sus esquemas. Quien cree que la historia es un determinismo que ocurre por una mano mágica que todo lo tiene resuelto, se equivoca. Aquí no es que el camino es imposible, es lo imposible que se hace camino, por acción del Espíritu Santo.
Es que la vida para nosotros cuando hemos recibido el Espíritu Santo es una lista de imposibles, en nuestros hijos, en nuestro trabajo, en nuestra ocupación diaria. Lo posible está en nuestras manos, lo imposible está en manos de Dios. Por lo tanto no dejemos nunca que el pesimismo, que el desánimo invadan nuestras vidas. La fe cristiana tiene esa paradoja, tiene ese cuestionamiento de tus mismos principios, lo imposible se hace camino, por acción del Espíritu Santo y, claro, de tu correspondencia.
Por eso, el Espíritu Santo, nos dice que vayamos por todo el mundo a predicar el Evangelio, que dejemos sentir la voz -voz de cariño, de caridad, de comprensión, pero de verdad.
Nuestra palabra final me atrevería a llamarla belleza. Creo que el mundo de hoy a gritos pide belleza y le presentan cosas vulgares.
Nuestra Madre, toda pulcra; la Iglesia, siempre bella, también con sus limitaciones y sus debilidades. A los primeros cristianos los reconocían por la forma como se amaban. Presentemos nuestra Iglesia, nuestra familia con todas sus debilidades, pero bella. De esa manera, veremos como esa civilización del amor es la respuesta a la civilización de la muerte, de la mentira, de la sospecha, de la vulgaridad.
Reflejemos la presencia del Espíritu Santo
Decía Benedicto XVI en la Plaza de San Pedro, en la Misa de Toma de Posesión, que la Iglesia está viva, efectivamente; la iglesia es joven, efectivamente. Yo me atrevo a añadir que la Iglesia es bella porque es el Cuerpo Místico de Cristo, es el reflejo de la Santísima Trinidad y de la Madre de Dios. Por lo tanto, seamos nosotros con nuestros defectos, un reflejo de esa belleza, de tener al huésped del alma al Espíritu Santo, de tener una madre tan buena.
Nuevamente les agradezco, Padre Párroco, vicarios, Compañía de Jesús por este trabajo maravilloso en la Arquidiócesis, unidos siempre al Papa y a su Magisterio y a este hombre que es el Cardenal y el Pastor.
Tienen ese carisma tan especial de la confesión y de la eucaristía expuesta ¡Gracias por ese trabajo en el que toda esta maravilla comunidad se conoce como Fátima! La Virgen ha querido que esta Compañía de Jesús, en Fátima, sea siempre un fermento de gozo, de catequesis, de evangelización. Por eso les agradezco, especialmente al P. Carlos que ahora le toca estar de párroco, y al P. Justo. Gracias a todos ustedes que han sido muy buenos colaboradores con ellos y recen por mí para que sea un buen pastor.
Así sea.