- Sábado, 25 de junio de 2005 -

Misa de Acción de Gracias
Fiesta de de San Josemaría Escrivá de Balaguer

Monseñor José Luis López Jurado, Vicario Regional de la Prelatura del Opus Dei en el Perú
Hermanos sacerdotes concelebrantes, miembros del cabildo, fieles de la Prelatura, cooperadores, amigos, familiares, hermanos todos en Cristo.

San Juan nos dice unas palabras: Si quieren ser como el centro de este rato de oración en la presencia de Dios, conviene que Cristo crezca y que yo disminuya. Son palabras de San Juan Bautista, el precursor. De alguna manera esto es la santidad.

Hoy se cumplen 30 años del paso a la Casa de Dios, de San Josemaría. En esta Misa de Acción de Gracias quiero recordarles, y recordarme a mí, ese deseo permanente que él nos insistía: Sólo busco convertirme, que Cristo crezca, que yo disminuya. Cuando empezó a poner en práctica lo que Dios le hizo ver, un 2 de octubre de 1928, encontró resistencia a esa prédica en la que recordaba la llamada universal a la santidad.

Hasta el día de hoy ese debate sigue abierto. En cierto modo entre los hombres también hay cristianos que piensan que Dios, después de la creación, se ha retirado y ya no muestra interés por nuestros asuntos. Según este modo de pensar, Dios no podría intervenir en el tejido de nuestra vida humana.

Sin embargo, las palabras de Jesucristo nos indican más bien todo lo contrario: Cristo vive. Cuántas veces uno dice: qué puedo hacer para cambiar, para ser santos. Pero casi siempre la respuesta está en: ¿Qué debes dejar hacer a Dios en tu alma, qué debes de quitar para que Él crezca? Pensemos un poco con esa fe en el Señor pero recordando que la fe no es acuerdo o una negociación. Fundamentalmente es: Déjame hacer.

Santidad en la vida ordinaria

Dios obra siempre y actúa hoy. Por eso, debemos dejarlo entrar, facilitarle que obre en nosotros. Es así como nacen las cosas que abren el futuro y renuevan la humanidad. En esta perspectiva se comprende mejor que la santidad se debe proponer de nuevo a todos con convicción, mostrando con nuestro ejemplo el alto grado que tiene la vida cristiana ordinaria; lo que San Josemaría decía con esas frases gráficas: encontrar ese algo divino que encierran los momentos más corrientes de la vida.

Volvamos a meditar y proponer esta convicción de alto grado de la vida cristiana ordinaria. Claro, si yo me tomo en serio un Padre Nuestro, un Jesús te amo, un perdóname, con convicción y profundidad, qué alto grado tiene lo pequeño. Cuántas veces un Gracias te devuelve el alma al cuerpo, una sonrisa te da fuerzas para seguir luchando. Por el contrario, cuántas veces una falta de lealtad, de fidelidad de quien es tu amigo, te duele en el fondo del alma.

Esta grandeza de lo corriente es un punto central de la espiritualidad del Opus Dei que ha servido y servirá para iluminar y promover una gran renovación interior que siga desencadenando una fuerza apostólica de bien en todo el mundo.

Abrir los caminos divinos de la tierra es una centralidad del mensaje del Opus Dei. Es el buscar, entregar esa maravilla de Dios en lo de cada día, pero todos los días con la ayuda del Señor, por amor a Dios.

Levanta tu mirada al Señor

¿Qué es el poder del Opus Dei? Tantas veces se escucha esa frase. Y también se la preguntaban al fundador del Opus Dei, y él contestaba con una sonrisa y al mismo tiempo con una convicción de la vida que había vivido para sacar el Opus Dei adelante. Y decía: el secreto y el poder del Opus Dei es la oración.

Vale la pena que lo hagamos nuevamente vida de nuestra vida. Esa es la omnipotencia de la Iglesia: rezar, levantar el corazón a Dios, con ganas o sin ganas, con muchas ideas o con pocas. A veces es una mirada como la que vemos en este precioso cuadro, esa mirada viva, recogida, ese amor a María en la mente del fundador.

Piensa en tu vida hoy y ahora, donde estás. Que se te escape un pensamiento para decirle gracias, perdón, ayúdame. Ése es el secreto, ése es el poder. Qué bueno sería que esto se repitiera una y otra vez. Ahí está el por qué Dios ha querido premiar con abundantes frutos esa pequeña familia, esa pequeña semilla, que un 2 de octubre le entregó a San Josemaría.

Su generosidad en la oración, su escuela de oración que hasta el día de hoy procuramos mantener, ha hecho que en 80 países, miles y miles de toda condición, raza, edad, de cualquier situación en la vida, levanten su corazón a Dios, alrededor de esta espiritualidad: la oración.

En el Opus Dei se reza mucho, no somos espiritualistas pero creemos en la palabra de Dios: Conviene siempre orar. Seguimos las palabras de Jesús, y el Señor escucha la oración y vienen las vocaciones, y crece el apostolado y la gente se convierte. No es nuestro, es de Él.

Todos estamos llamados a abrirnos
a esa amistad con Dios

Por eso escribió él: el temple del buen cristiano se adquiere con la gracia de Dios, en la oración de cada día. No es éste el gran desafío que tenemos los cristianos para ser y parecer hijos de Dios, no es éste el modo en que esas grandes aspiraciones que tienes en tu corazón se conviertan en decisiones de entrega total, de vocación a Dios en este camino del Opus Dei, no es esto lo que nos lleva a soñar cuando se ve el panorama oscuro.

Decía Juan Pablo II, para esta pedagogía de la santidad es necesario un cristianismo que se distinga ante todo en el arte de la oración. Un gran propósito: oración. Todos estamos llamados a abrirnos a esa amistad con Dios, a no cansarnos y retornar al Señor hablando con Él como se habla con un amigo, sabiendo con certeza que es el verdadero amigo de todos, incluso de aquellos que no son capaces de hacer por sí mismos, cosas grandes.

Sé alma de la Eucaristía

En este Año de la Eucaristía, cómo no recordar que San Josemaría desde muy joven pasó muchas horas, noches enteras junto al Sagrario. Qué amor. Él veía a Cristo en la hostia santa. Era un don de Dios muy grande. Pongamos entonces nosotros, propósitos personales: confesión, eucaristía.

En ese grito del silencio, de su meditación personal San Josemaría decía: ‘Sé alma de Eucaristía. Si el centro de tus pensamientos y esperanzas está en el Sagrario, hijo qué abundantes los frutos de fe y de apostolado.

Desde los inicios del Opus Dei, San Josemaría ya hablaba de la Misa como el centro y raíz de la vida interior. Hoy es doctrina común en la Iglesia. Por eso con alegría vemos ese renacer al amor a la liturgia, especialmente de Benedicto XVI. Por eso, cada uno de nosotros debe seguir ese ejemplo.

En la Eucaristía está la fuerza de la fe que me han confiado, dijo Benedicto XVI al iniciar su pontificado, pidiendo a todos que expresen su fe en la presencia real de Cristo. Señor, danos esa sensibilidad, esa bravura interior para sentirte. Seamos rebeldes ante las ideologías que te ofrecen felicidad efímera. Compromete tu vida, sé valiente.

Sé testigo

Decía San Josemaría que después de Dios y de nuestra Madre, en la jerarquía del amor y la autoridad viene el Santo Padre. Yo hago eco de lo que Benedicto XVI nos pidió al ser elegido sucesor de Pedro: Recemos por el Papa, señal clara de las enseñanzas de San Josemaría.

Nuestra Madre sabrá hacer en el alma de cada uno lo que conviene. Como buena Madre la vemos en este cuadro. Madre, a veces somos soberbios o pensamos que no podemos. Madre Mía, que nadie se ausente en esta convocatoria cuando la Iglesia nos dice: Sé testigo, que vean con tu vida lo que predicas con tu palabra.

Monseñor López Jurado, les agradezco en su persona el trabajo que hacen en la Arquidiócesis de Lima. Que Dios los bendiga y que las vocaciones vengan porque hacen falta muchos hombres y mujeres jóvenes que comprometan su vida en hacer el bien a tanta gente que espera este mensaje tan sencillo, de ser santos allí donde se encuentren.

Así sea.

 
 

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