- Martes, 30 de agosto de 2005 -

Solemnidad de Santa Rosa de Lima
30 de agosto de 2005
Catedral de Lima

Señor General Director de la Policía Nacional, excelentísimo señor Nuncio Apostólico, hermanos en el episcopado, señor alcalde de Lima, queridos hermanos sacerdotes concelebrantes, miembros todos de la familia de la Policía Nacional del Perú:

Hoy celebramos la solemnidad de Santa Rosa de Lima, primera santa de América y patrona de la Policía Nacional del Perú.

En primer lugar, quiero manifestar mi saludo agradecido a esta noble institución de servicio a la sociedad que actúa protegida por la intercesión de esta santa limeña. En todas las comisarías y puestos policiales del Perú encontramos una imagen de Santa Rosa que vela día y noche por todos los miembros de la policía y sus familiares.

Santa Rosa puso en su vida espiritual tres puntos esenciales:

  1. La oración: la oración como un dirigirse interiormente a Dios, como estar en la luz de Dios. El Papa Benedicto XVI nos recuerda constantemente que es importante vivir conforme con lo que Dios quiere de nosotros. Para eso hace falta momentos de oración, de meditación personal.
  2. Luego, Santa Rosa se destaca por ese amor preferencial por los pobres, que no es un descubrimiento del siglo XX, todos los santos a lo largo de más de dos mil años de historia de la iglesia han tenido ese común denominador porque viene de Jesucristo, ayudar a los más necesitados gente enferma, gente abandonada, no sólo material sino espiritualmente, Santa Rosa destacó por ese acudir de manera discreta y sencilla a ayudar a hombres y mujeres que padecían alguna necesidad o que tenían poca salud.
  3. Y finalmente Santa Rosa tenía conciencia de que tenía una misión que Dios le encomendaba, todos tenemos en la vida una misión que Dios tiene para nosotros.

Estas tres características de la vida de Santa Rosa las podemos resumir en este mandamiento: “Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos”. Una norma sencilla, fácil de recordar, pero todo un programa para nuestra vida: Amar a Dios sobre todas las cosas.

Esto significa rectificar la intención ¿lo que hago, lo hago por amor a Dios? Es una pregunta que nos debemos hacer a lo largo del día. Y, desde ese amor a Dios, el amor al prójimo.

Esa amistad con Dios tiene consecuencias concretas, existe una tendencia de poner a Dios y a los santos en un nivel maravilloso, pero lejano a la vida diaria y eso no es bueno, no es lo que Dios quiere.

Veamos algunas consecuencias concretas que son el signo en nuestra vida que nos hace personas auténticas. La amistad con Dios debe dejar huella en nuestras palabras, en nuestras obras. Quienes tienen responsabilidad pública no deben olvidar y menos subestimar la dimensión moral de su trabajo, esta dimensión, que no requiere de grandes inversiones es la única condición para ejercer dignamente el trabajo policial y todos los demás trabajos en la sociedad, si no hay dimensión ética y moral no hay cambios, no hay reforma auténtica, hay abundancia de palabras y ¡nada más!

Venimos escuchando mejoras de equipamiento y de apoyo a esta institución. A mi entender debe ir acompañado por el primer equipamiento, de tipo humano. Hay que ser claros, el sueldo: no es un problema de computadoras, de radios, de patrulleros, cada policía tiene un hogar, una familia que sostener.

Entendemos las dificultades que puedan haber, pero no vayamos tan rápidamente a un planteamiento de reformas y cambios en donde el centro que es el ser humano, la familia, vive del sueldo que puede llevar a su casa, no solo de computadoras ni de patrulleros,

Me permito hacer esta reflexión porque la motivación económica es necesaria para poder trabajar con más tranquilidad. Los santos, dice el Papa Benedicto XVI son los verdaderos reformadores. ¡Cuántas veces queremos reformarlo todo! y sólo conseguimos una expresión del totalitarismo.

Cuando un grupo social pretende ser la conciencia colectiva del país, por muchas sesiones de justicia e imparcialidad que tengan, se cae en la ideologización de la verdad que es una de las peores formas de la mentira.

La verdad, hermanos, es de un valor tan grande que no puede estar al servicio de ninguna causa por buena que sea. La verdad sólo está al servicio de la persona humana, del bien y de Dios “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.

No debemos dejar, de ninguna manera, que estos principios fundamentales de la vida humana puedan estar al servicio de otros objetivos, la sociedad debe velar por esos valores supremos. Por lo tanto, nadie es propietario de la verdad y mucho menos se puede “amenazar” con la verdad, la verdad no es un arma de amenaza, es un valor al servicio del hombre.

Una autoridad responsable significa también una autoridad que defiende las virtudes. Es una capacitación que no se agota en aspectos logísticos, informáticos ¡No! Fundamentalmente debe llevar a una capacitación en la persona del policía, en la virtud del policía. Cito algunas: la paciencia, la modestia, la caridad, la generosidad, el perdón y muchas otras.

Sólo así se favorece la práctica del poder con espíritu de servicio, una autoridad al servicio de las grandes mayorías y no al logro de ventajas personales ni al capricho de unos cuantos.

El ejemplo, manera digna de ejercer la autoridad

El ejemplo es la mejor y tal vez la única manera digna de ejercer la autoridad en su justa medida, si no doy buen ejemplo no hay autoridad. ¿Estamos en estas circunstancias actualmente? ¿Nos quedaremos eternamente detenidos en el tiempo pasado? ¿Somos capaces, con el ejemplo, de abrir espacios de diálogo, de entendimiento, de desarrollo, de progreso?

La autoridad se ejerce con el ejemplo, cuando el ejemplo no acompaña la autoridad, ésta se vuelve coactiva, represiva. Al contemplar a Santa Rosa debemos cambiar nuestras ideas sobre el poder, sobre Dios y sobre nuestros hermanos los hombres.

Recientemente, en Colonia, el Papa Benedicto XVI, al encontrarse con más de un millón de jóvenes del mundo entero, explicaba cómo, la primera lección de aquellos Reyes Magos que van al encuentro del Niño para adorarlo, era que se habían equivocado ya que tenían una idea diferente sobre Dios Niño.

En nuestras vidas no tenemos ni idea del amor de Dios, ni idea de los santos, ni idea de los hermanos, de los compañeros de trabajo, de la familia ¿qué idea tengo yo de ellos?

Para lograr mi cercanía con Dios, para ver en Santa Rosa un modelo a seguir, tenemos que acercarnos, ¡no para cambiarlos a ellos! ¡sino para cambiar yo! El poder de los santos no le hace competencia a esa forma de poder diferente y pomposa de este mundo.

La fuerza de los santos es el amor a Dios y, por Él, al prójimo. Una forma de servir que se opone a la injusticia.

Queridos hermanos, los santos han sido unos grandes comunicadores sociales. Han pasado cuatrocientos años de este mensaje que nos dejó Santa Rosa, una mujer humilde, sencilla, discreta y hoy nos encontramos que en América y en el mundo entero el ejemplo de su vida sigue llenando catedrales, parroquias y multitud de personas siguen viendo en esa mujer sencilla un mensaje de amor al prójimo y de oración.

La difusión de las virtudes de una santa es mucho más eficaz que la difusión de todos los medios modernos de comunicación y es que los santos con el tiempo crecen. Todo lo contrario de la velocidad con que llega y se va una noticia tantas veces llena de escándalo, de agravios, vacía de verdad y de belleza.

Por eso, en el mundo de los medios de comunicación social, las dificultades que van unidas a la comunicación se pueden aumentar si se deja que la ideología, el deseo de ganancia, el control político, las rivalidades, los conflictos y otros males de la sociedad, perturben el sano esfuerzo profesional de dar a conocer la noticia, de acercar a la sociedad a los acontecimientos.

Hoy quiero pedirle a los medios de comunicación su colaboración con esta tarea. Gran parte de la seguridad, del orden público, también requiere del concurso –no sólo crítico, ni escandaloso- sino educativo, orientador, de los medios de comunicación. ¡Que Santa Rosa los ilumine en esta tarea!

Miembros de la familia policial, que Santa Rosa de Lima, guíe y proteja su trabajo y les de la fortaleza necesaria para poder cumplir el deber aún a costa de la vida. Un recuerdo muy especial a todos sus familiares, verdaderos soportes de todos ustedes y un recuerdo en esta Santa Misa de todos los miembros caídos en el trabajo y en el servicio; y a todos aquellos que, como fruto de su trabajo, viven situaciones personales con problemas de salud o de discapacidad.

Hermanos, una institución se puede conocer por el modo y el trato que tiene con sus miembros discapacitados. Pues en una institución tan grande como es la policía, no descuiden nunca a esos hermanos suyos que por algún motivo se encuentran en dificultades personales de salud o abandono. El Señor los premiará.

A todos ustedes nuestras oraciones y gratitud. Una tarea difícil ser policía, pero una tarea que vale la pena seguir ejerciendo con grandeza, con honra, con amor a la patria, con firmeza y, de esa manera, la gran familia policial seguirá siendo esa institución tutelar. Nuestra población es cercana a la policía, que nos demos cuenta que ustedes son depositarios de ese valor.

 
 

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